A lo largo de la obra, la
protagonista confronta las expectativas sociales y los límites de la
resistencia humana, utilizando su cuerpo como un medio para cuestionar las
normas y valores de la sociedad en la que vive. La ayunadora encarna en su
cuerpo múltiples lecturas.
Mientras que para algunos su hacer es una
crítica, redención o revelación, para otros es un mero espectáculo sobre un
cartel publicitario que pronto será reemplazado por otra atracción.
Proyecto financiado por el
Fondo de Artes Escénicas, Línea Creación y/o Producción de Montajes Escénicos,
Modalidad Trayectoria, Teatro, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el
Patrimonio. Colaboran la Universidad de Valparaíso, la Escuela de Teatro UV, el
Parque Cultural de Valparaíso - Ex Cárcel, el Museo y Centro Cultural Pedro
Aguirre Cerda y el Museo de la Memoria.
Christopher Ortega, Productor
de la obra, señala: "Presentar esta obra en un espacio tan significativo
para la memoria del país nos permite conectar el texto de Carla Zúñiga con el
ayuno como una forma de protesta. Esto puede establecer un guiño histórico con
hechos como la huelga de hambre realizada en la CEPAL en 1977, donde familiares
de detenidos desaparecidos llevaron a cabo este acto de resistencia para exigir
respuestas frente a la violencia del Estado".
Carla Zúñiga, Dramaturga, comenta: “Fue muy interesante enfrentarme a los cuestionamientos que tiene el cuento y al punto de vista que quería entregar Claudio, el director.
Él tenía
la idea de que estructuralmente la obra fuera más posdramática, que hubiese
monólogos, un personaje que no habla, que fuera extraña, y a mí me encantan
esas invitaciones, porque abren las posibilidades.
Me sentí muy libre escribiendo
e imaginando a los personajes, preguntándome quiénes existen en este universo
kafkiano”.
Claudio Marín, Director, reflexiona: “La noción del hambre en el mundo de las artes no es necesariamente literal, se encuentra en el terreno de lo real y lo simbólico.
Tomar la opción de vivir del arte implica enfrentarse a la precarización, y así pasa con otros trabajos, con el obrero, el campesino o la trabajadora doméstica.El hambre pasa a ser algo más grande, hambre de una vida diferente, hambre de un sueño, hambres utópicas o nostálgicas, de ideales, de lo que pudo ser y no fue.
La dramaturgia de Carla Zúñiga, permeada por la ironía de Franz Kafka, nos muestra un hambre compleja, cruzada por la espectacularización de la vida, que hoy, al parecer, nos hace visibles al otro”.
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