miércoles, 26 de diciembre de 2018

Corresponsales en dictadura: construyendo el borrador de la memoria


Junto con el retorno a la democracia en 1990, comenzó una estrategia constante, un llamado constante a olvidar, a dar vuelta la página, para olvidar una etapa de la historia de este país, como si nunca hubiera pasado nada insistiendo en que es la manera de cerrar uno de los capítulos más dolorosos en la historia de Chile.

Por otro lado, la memoria es un cierto tipo de relación al pasado que se distingue de la historia porque, en principio, el objetivo de la historia es dar a entender el pasado, hacerlo inteligible, mientras que la memoria tiene por objetivo legitimar representaciones o fortalecer identidades.

En este sentido lo que habitualmente se entiende – según la corriente francesa - por memoria histórica no es solamente la memoria de los hechos históricos sino cierta memoria de los hechos históricos que tiene por finalidad fortalecer identidades


Pero también es un acto del presente, pues el pasado no es algo dado de una vez para siempre. Aún más: sólo en parte es algo dado. La otra parte es ficción, imaginación, racionalización. Por eso la verdad de la memoria no radica tanto en la exactitud de los hechos (res factae) como en el relato y en la interpretación de ellos ( res fictae)"

En este sentido se destaca la importancia de tener en cuenta el impacto de los medios de comunicación, como sedes de la creación de la memoria social y como borradores de la historia, al cual los investigadores acceden para confirmar fechas o sucesos.

En Chile, la historia de la prensa es paralela a la fundación de un país autónomo y de un proyecto político de país. Es así como en 1812, con la llegada de la primera imprenta se publica La Aurora de Chile, dirigida por Fray Camilo Henríquez y desde entonces, siempre ha sido pensada como un sector estratégico para quienes detentan el poder político en Chile

Para muchos los periodistas son novelista, cuentistas, ensayistas, críticos cinematográficos y literarios; autores de guiones, historiadores, sociólogos. Pero por, sobre todo, un periodista es un intelectual comprometido con los grandes problemas de su tiempo.

Por ello, para quienes llevaron adelante la dictadura cívico-militar, controlar la prensa fue fundamental.

En primer lugar, era necesario evitar que los crímenes cometidos se supieran para evitar cuestionamientos y, en segundo lugar, se debía por algún medio legitimar el golpe y la posterior dictadura, convirtiendo a la prensa en la pieza clave en la propaganda militar y para conseguirlo, se controló, manipuló, reprimió y se censuró a medios de información opositores y a los periodistas que trabajaban en ellos.

El pasado mes de noviembre, en el contexto de la Feria Internacional del  Libro de Santiago, FILSA 2018 el Fondo de Cultura Económico publicó “Corresponsales bajo dictadura. (Chile, 1973-1990)”, que es la recopilación del trabajo de 19 corresponsales que trabajaron en diversas agencias informativas en dictadura realizada por el periodista y corresponsal extranjero Orlando Milesi.

Durante esos años, a pesar de que no existía la tecnología que existe hoy en día, lograron burlar el bloqueo informativo desde el mismo 11 de septiembre de 1973 y de esa manera, mantener informado al mundo y a la diáspora chilena en el exterior.

De la misma manera, los que vivían en Chile, se enteraban de las noticias porque, como las familias se comunicaban por cartas, en ellas muchas veces, además de las tarjetas de saludo o las hojas llenas de las noticias personales, venían recortes de periódicos en los cuales se detallaba esta u otra noticia.

Ese trabajo no solo les costó la vida a varios periodistas, sino que también la expulsión del país, tratando de impedir con ello, que la realidad nacional se filtrara hacia el exterior.

El día del Golpe, la represión posterior, la primera protesta nacional, el Puntarenazo, el despertar político de 1984, la visita del Papa Juan Pablo II y todos los incidentes que se produjeron durante su visita, la muerte del periodista Leonardo Henrichsen, la muerte del padre Andrés Jarlán, la Operación Colombo y en fin, tantos otros sucesos que fueron marcado la historia de esos oscuros años y que gracias a la valiente labor de quienes, estuvieron presentes, redactaron la nota y despacharon la nota, los chilenos se enteraron de lo que pasaba en su país. 

Al leer las historias recopiladas por los periodistas, los padres y los hijos de entonces, revivirán la historia de sus propias vidas que estuvieron marcadas por los hechos relatados en el libro.

En ese sentido, hubo una niña que nació el año de la marcha de la Patria Joven y para la elección del 70, cuando les preguntaban por quienes iban a votar su hermano mostraba tres dedos y ella, dos.

Nunca olvidará el ruido de los aviones ni el humo cuando bombardearon el Palacio de la Moneda y la casa de Tomás Moro y como, se aferraba asustada a las piernas de su padre.

Asimismo, fue educada con el miedo que significaba el no contar con la confianza de las personas. Parte de su generación, tuvo que construir sus relaciones personales con mucho cuidado, pues no se sabía con quién se estaba juntando.

Tenía claro que había temas oscuros, prohibidos, que no debían tocarse fuera de casa y con nadie que no fuera de la familia más cercana y que en muchas ocasiones, los adultos los hablaban cuando los niños estaban acostados durmiendo.

Esa niña, creció sin conocer el debate público y político, en un ambiente en que los medios de comunicación estaban sujetos a censura previa y en un país donde “no se movía una hoja sin que Pinochet lo supiera”. 

También, vivió en un país isla, al que los problemas internacionales no tocaban al país, donde el comunismo, concertado internacionalmente, buscaba destruir al país y muchos de los relatos presentados en el libro, fueron vividos por ella sintiendo el miedo, pero también la valentía y la alegría el día en que, sin odio, sin miedo, sin violencia pudo decir que no.

Este libro, es un borrador de la historia de un país y de quienes vivieron esos diecisiete años de dictadura,  porque como ella está condicionada a los recuerdos y al olvido, a la verdad y la justicia, a la vida y a la muerte es una construcción dinámica a la cual  siempre se le pueden añadir más piezas que vendrán de otros actores, siendo un reconocimiento social de la historia reciente, de sus virtudes y de sus limitaciones, de lo vigente y de lo caduco, de lo virtual y de lo real, de lo afectivo y de lo irracional, de lo utópico y de lo práctico, de lo deseable y de lo posible y también, es un reconocimiento a la labor de hombres y mujeres que lo arriesgaron todo por escribir este borrador y que se transformaron, en los ojos del mundo.






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