Hacer cine en Chile suele
debatirse entre dos extremos: la película de autor, a veces desconectada del
público, y la película comercial, a veces tildada de “sin alma”.
Desde Juntos, Moisés
Sepúlveda, Pancho Hervé y Felipe Egaña proponen una tercera vía: una
metodología de escritura creativa que busca películas de alta calidad artística
con una vocación de audiencia masiva.
Este método, desarrollado
durante los últimos 6 años y aplicado en películas como Inmersión y Oro
amargo, se basa en un proceso de 3 a 4 meses para llegar a un guion sólido.
La travesía comienza por una
sala de escritura. El método no es un acto solitario. Requiere un equipo mínimo
de tres personas con roles definidos para evitar el estancamiento y fomentar la
colaboración: El guionista delegado: Quien lleva “la pluma” y escribe
físicamente los encargos. Un guionista observador: Aporta ideas, crítica y
enriquece la discusión desde afuera.
Y el guionista jefe: El guardián de la
metodología, encargado de que el proceso avance de etapa en etapa. El
director/a puede estar presente o no, pero siempre tiene que haber una figura
con “el corte final” para dirimir empates.
Para Pancho Hervé, socio de
Juntos, esta estructura busca ordenar el proceso de escritura del guion, que
puede ser muy azaroso. “Uno nunca sabía cuánto se iban a demorar ni con qué iba
a llegar el guionista. Al final podían pasar 6 meses en vez de 2, y en vez de
llegar la comedia que habías pensado, llegaba otra cosa.
Era tiempo y plata perdida;
además de una sensación de que no estabas participando realmente. Con este
método logramos que las cosas se cumplan en mejores plazos y de manera más
previsible para todos”, explica.
Primer paso: el alma. Antes de
escribir diálogos, se analiza el proyecto en tres dimensiones fundamentales.
Generalidad: ¿De qué habla la película respecto al mundo? (Género, tema,
mercado). Particularidad: La arquitectura interna, la estructura y artesanía
del relato. Y universalidad: ¿Qué dice la película sobre la vida?
Luego se instalan las bases y
la bencina. Se trabaja el primer acto para asegurar que la historia tenga
energía suficiente para llegar al final. Buscando crear un mundo con un
equilibrio precario que esté listo para explotar, de modo que se propicie la aparición
del detonante, aquel evento que rompe la rutina y abre el debate, el momento en
que el personaje duda y se plantean las preguntas que lanzarán la película
hacia el segundo acto.
Una vez planteado el primer
acto, se divide la película en 8 “mini-películas” de 10 a 12 minutos cada una.
Cada secuencia debe responder a una pregunta dramática: ¿Logrará el personaje X
cosa? ¿Sí o no? Esto genera anticipación, manteniendo al espectador preocupado
por lo que va a pasar, no solo observando lo que pasa.
Entonces aparece el diálogo y
la escritura formal.
Buscando abrir la brecha entre
las expectativas del espectador y lo que realmente ocurre. En esta etapa se
instala una regla de oro: Las escenas no se unen con un “y entonces”, sino con
un “pero” o un “por lo tanto”. Esto garantiza una relación causal y evita que
el guion de vuelva plano.
Finalmente, el guion para a la etapa final de pulido. Se vuelve a mirar a la luz de
la “idea controladora” para asegurar que el punto de vista inicial no se haya
perdido en el proceso ¡Y listo! Ya tienes un guion al estilo de Juntos.
El Método Juntos desafía la
idea tradicional del cine de autor. Plantea que la autoría puede ser colectiva,
donde el productor creativo, el guionista y el director colaboran
horizontalmente. Es un sistema diseñado para que los procesos creativos sean
replicables, escalables y sustentables, permitiendo que el cine chileno compita
con estándares internacionales sin perder su identidad.
El éxito de esta metodología
radica en el entusiasmo que genera en el equipo tras romper el hielo inicial:
“A nosotros nos gusta participar en el proceso creativo y hemos logrado que a
las personas que trabajan con nosotros les encante esta metodología.
Algunos tienen reticencia al principio, pero después de probarlo están felices; se logran cosas que uno solo no alcanza y se llega a puerto en plazos mucho más previsibles”, cuenta Pancho Hervé.
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