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| Isla Seymour |
Hasta hace poco, se
consideraba que el registro fósil de los crinoideos (equinodermos conocidos
como lirios de mar) en la Antártica correspondía casi exclusivamente a especies
del Paleógeno, es decir, posteriores a la gran extinción de hace 66 millones de
años, en la que desapareció una proporción importante de las especies del
planeta y que marca el límite entre el Cretácico y este período posterior. Esto
dejaba un vacío de decenas de millones de años en la historia de este grupo en
altas latitudes.
“Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, explica Leslie Manríquez.
“Este importante descubrimiento sugiere que los
ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron
haber servido como lugares de refugio para ciertas especies”, añade.
El trabajo, publicado en la revista Gondwana Research, llena por primera vez ese vacío temporal. El equipo documenta restos inequívocos de crinoideos pedunculados en depósitos marinos someros del Cretácico tardío y del Paleógeno temprano en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica.
El estudio muestra que estos lirios de mar no desaparecieron de los mares antárticos con la extinción masiva, sino que se mantuvieron en ecosistemas de plataforma somera antes y después del límite K-Pg.Ciencia en red
para estudiar la Antártica
El artículo, titulado
“Vinculando el Cretácico y el Paleógeno: crinoideos pedunculados de aguas
someras de la isla Seymour revelan un registro fósil antártico continuo”, surge
de la colaboración entre el Proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño
y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID) de Leslie Manríquez Márquez,
investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del
INACH. El trabajo es liderado por Bruna Poatskievick (Instituto Tecnológico de
Paleoceanografía y Cambio Climático, Universidad UNISINOS, Brasil), junto a
especialistas de Brasil, Polonia y Chile.
Según se detalla en el
estudio, esta cooperación se concretó en campañas de terreno compartidas y en
el análisis conjunto del material fósil en distintos laboratorios. Poatskievick
subraya que “descubrimientos como este solo son posibles gracias a la colaboración
internacional, que incluye expediciones, análisis de laboratorio y la
cooperación entre especialistas de distintas áreas”.
Para Manríquez, esta forma de
trabajo es indispensable en el Continente Blanco: “La Antártica es uno de los
lugares más desafiantes del planeta para hacer ciencia. Las campañas de terreno
son complejas y costosas, las condiciones ambientales son extremas y el acceso
a muchas áreas es limitado. Trabajar en conjunto permite compartir logística,
infraestructura, datos y conocimiento especializado”.
Lirios de mar a
través de la gran extinción
El evento K-Pg está
relacionado con el impacto de un gran asteroide y fuertes cambios ambientales,
que llevaron a la desaparición de alrededor del 75 % de las especies, incluidos
los dinosaurios no avianos. En este escenario, la presencia de crinoideos de
aguas someras en estratos maastrichtianos (Cretácico tardío) y danianos
(Paleógeno temprano) de isla Seymour sugiere que ciertas poblaciones de lirios
de mar lograron atravesar la crisis sin desaparecer de estos ecosistemas de
alta latitud.
El artículo recuerda que
algunos registros previos de crinoideos interpretados como maastrichtianos
resultaron ser de edad paleógena al revisar su contexto estratigráfico. En
cambio, el nuevo material cuenta con controles estratigráficos precisos, lo que
permite proponerlo como el primer registro inequívoco de crinoideos
pedunculados en depósitos someros del Maastrichtiano antártico.
Antártica como
refugio ecológico
Uno de los puntos centrales del trabajo es la interpretación ecológica de estos fósiles. Los crinoideos pedunculados, en especial los isocrínidos, se han considerado tradicionalmente como un grupo que, desde el Mesozoico tardío, habría abandonado poco a poco las aguas someras para concentrarse en ambientes más profundos, en el contexto de la llamada Revolución Marina Mesozoica.
Según Manríquez, “un refugio
ecológico es un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las
condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas. En este
caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios
de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios
ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que
les permitieron seguir viviendo allí”.
La presencia de fósiles de las
especies Nielsenicrinus y Metacrinus en
plataformas someras de isla Seymour, en un intervalo que abarca el K-Pg, indica
que este “retiro” hacia aguas profundas no fue un proceso uniforme en todo el
planeta. El estudio plantea que los ecosistemas marinos antárticos pudieron
actuar como refugios ecológicos de alta latitud, donde algunas especies de
crinoideos pedunculados mantuvieron poblaciones en aguas poco profundas a pesar
de los cambios globales en la depredación y en la estructura de las
comunidades.
“Durante gran parte del pasado
geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que
conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas
dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes
someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora.
Esta idea se refuerza al
comparar los registros de la Antártica con otros hallazgos de isocrínidos de
aguas someras en el hemisferio norte, que muestran una persistencia regional de
estos organismos en ambientes costeros durante el Cretácico tardío, el Paleógeno
e incluso el Neógeno.
En conjunto, estos datos sugieren que la
distribución en profundidad de los crinoideos estuvo modulada por condiciones
locales —como la intensidad de la depredación, la estabilidad del fondo marino
y la productividad— y que las altas latitudes del hemisferio sur pudieron
ofrecer condiciones especialmente favorables.
Una preservación
que ayuda a reconstruir el pasado
El equipo también analizó cómo
se conservaron estos fósiles, porque su estado de preservación entrega pistas
sobre las condiciones del fondo marino cuando quedaron enterrados. En los
crinoideos maastrichtianos de la Formación López de Bertodano se observa una
combinación de partes originales del esqueleto con minerales formados temprano
durante el enterramiento, lo que indica ambientes con poco oxígeno que
favorecieron su conservación.
En los crinoideos danianos de
la Formación Sobral no se ve el mismo tipo de mineralización, pero sí una buena
preservación del esqueleto, lo que apunta a un enterramiento rápido en un
ambiente de baja energía. Estas diferencias ayudan a entender no solo qué
especies había, sino también cómo eran los fondos marinos antes y después de la
extinción.
Para la autora principal del
estudio, Bruna Poatskievick, “nuestro resultado es importante porque demuestra
que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para
aportar información científica valiosa. Muchos de estos restos de crinoides
probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no
presentar una preservación perfecta”.
Añade que su estudio “permitió
confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya
estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg. Esto también muestra
que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos
y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en
el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno
en la región.”
Estudiar los fósiles de la
Antártica no solo permite reconstruir la historia de antiguos mares y
extinciones, sino también iluminar cómo responden los ecosistemas a cambios
climáticos profundos y qué papel pueden jugar hoy las regiones polares en el
futuro ambiental de nuestro planeta.
El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión.
El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN.





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