viernes, 20 de marzo de 2026

Fósiles revelan que los lirios de mar antárticos resistieron la extinción que acabó con los dinosaurios

Isla Seymour
 Un nuevo estudio internacional, parte del proyecto Paleoclima del Programa Antártico Brasileño (PROANTAR) y del proyecto de postdoctorado de la geóloga del Instituto Antártico Chileno (INACH) Leslie Manríquez Márquez, muestra que los lirios de mar vivían en mares poco profundos de la Antártica antes y después de la extinción masiva que marca el límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg).

Hasta hace poco, se consideraba que el registro fósil de los crinoideos (equinodermos conocidos como lirios de mar) en la Antártica correspondía casi exclusivamente a especies del Paleógeno, es decir, posteriores a la gran extinción de hace 66 millones de años, en la que desapareció una proporción importante de las especies del planeta y que marca el límite entre el Cretácico y este período posterior. Esto dejaba un vacío de decenas de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes.

“Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, explica Leslie Manríquez.

 “Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies”, añade.

El trabajo, publicado en la revista Gondwana Research, llena por primera vez ese vacío temporal. El equipo documenta restos inequívocos de crinoideos pedunculados en depósitos marinos someros del Cretácico tardío y del Paleógeno temprano en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica. 

El estudio muestra que estos lirios de mar no desaparecieron de los mares antárticos con la extinción masiva, sino que se mantuvieron en ecosistemas de plataforma somera antes y después del límite K-Pg.

Ciencia en red para estudiar la Antártica

El artículo, titulado “Vinculando el Cretácico y el Paleógeno: crinoideos pedunculados de aguas someras de la isla Seymour revelan un registro fósil antártico continuo”, surge de la colaboración entre el Proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID) de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del INACH. El trabajo es liderado por Bruna Poatskievick (Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático, Universidad UNISINOS, Brasil), junto a especialistas de Brasil, Polonia y Chile.

Según se detalla en el estudio, esta cooperación se concretó en campañas de terreno compartidas y en el análisis conjunto del material fósil en distintos laboratorios. Poatskievick subraya que “descubrimientos como este solo son posibles gracias a la colaboración internacional, que incluye expediciones, análisis de laboratorio y la cooperación entre especialistas de distintas áreas”.

Para Manríquez, esta forma de trabajo es indispensable en el Continente Blanco: “La Antártica es uno de los lugares más desafiantes del planeta para hacer ciencia. Las campañas de terreno son complejas y costosas, las condiciones ambientales son extremas y el acceso a muchas áreas es limitado. Trabajar en conjunto permite compartir logística, infraestructura, datos y conocimiento especializado”.

Lirios de mar a través de la gran extinción

El evento K-Pg está relacionado con el impacto de un gran asteroide y fuertes cambios ambientales, que llevaron a la desaparición de alrededor del 75 % de las especies, incluidos los dinosaurios no avianos. En este escenario, la presencia de crinoideos de aguas someras en estratos maastrichtianos (Cretácico tardío) y danianos (Paleógeno temprano) de isla Seymour sugiere que ciertas poblaciones de lirios de mar lograron atravesar la crisis sin desaparecer de estos ecosistemas de alta latitud.

El artículo recuerda que algunos registros previos de crinoideos interpretados como maastrichtianos resultaron ser de edad paleógena al revisar su contexto estratigráfico. En cambio, el nuevo material cuenta con controles estratigráficos precisos, lo que permite proponerlo como el primer registro inequívoco de crinoideos pedunculados en depósitos someros del Maastrichtiano antártico.

Antártica como refugio ecológico

Uno de los puntos centrales del trabajo es la interpretación ecológica de estos fósiles. Los crinoideos pedunculados, en especial los isocrínidos, se han considerado tradicionalmente como un grupo que, desde el Mesozoico tardío, habría abandonado poco a poco las aguas someras para concentrarse en ambientes más profundos, en el contexto de la llamada Revolución Marina Mesozoica.

Según Manríquez, “un refugio ecológico es un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas. En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí”.

La presencia de fósiles de las especies Nielsenicrinus y Metacrinus en plataformas someras de isla Seymour, en un intervalo que abarca el K-Pg, indica que este “retiro” hacia aguas profundas no fue un proceso uniforme en todo el planeta. El estudio plantea que los ecosistemas marinos antárticos pudieron actuar como refugios ecológicos de alta latitud, donde algunas especies de crinoideos pedunculados mantuvieron poblaciones en aguas poco profundas a pesar de los cambios globales en la depredación y en la estructura de las comunidades.

“Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora.

Esta idea se refuerza al comparar los registros de la Antártica con otros hallazgos de isocrínidos de aguas someras en el hemisferio norte, que muestran una persistencia regional de estos organismos en ambientes costeros durante el Cretácico tardío, el Paleógeno e incluso el Neógeno.

 En conjunto, estos datos sugieren que la distribución en profundidad de los crinoideos estuvo modulada por condiciones locales —como la intensidad de la depredación, la estabilidad del fondo marino y la productividad— y que las altas latitudes del hemisferio sur pudieron ofrecer condiciones especialmente favorables.

Una preservación que ayuda a reconstruir el pasado

El equipo también analizó cómo se conservaron estos fósiles, porque su estado de preservación entrega pistas sobre las condiciones del fondo marino cuando quedaron enterrados. En los crinoideos maastrichtianos de la Formación López de Bertodano se observa una combinación de partes originales del esqueleto con minerales formados temprano durante el enterramiento, lo que indica ambientes con poco oxígeno que favorecieron su conservación.

En los crinoideos danianos de la Formación Sobral no se ve el mismo tipo de mineralización, pero sí una buena preservación del esqueleto, lo que apunta a un enterramiento rápido en un ambiente de baja energía. Estas diferencias ayudan a entender no solo qué especies había, sino también cómo eran los fondos marinos antes y después de la extinción.

Para la autora principal del estudio, Bruna Poatskievick, “nuestro resultado es importante porque demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa. Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta”.

Añade que su estudio “permitió confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg. Esto también muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región.”

Estudiar los fósiles de la Antártica no solo permite reconstruir la historia de antiguos mares y extinciones, sino también iluminar cómo responden los ecosistemas a cambios climáticos profundos y qué papel pueden jugar hoy las regiones polares en el futuro ambiental de nuestro planeta.

El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión.

El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN.

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