La primera etapa de su viaje la llevó a
recorrer lugares de Antofagasta como el Jardín Botánico y el Bosque Escondido,
un humedal urbano autogestionado por vecinos del sector.
“Disfruté ese proyecto de
bosque y descubrir lo difícil que resulta transformar un ecosistema de agua
salada en uno de agua dulce.
Posteriormente, emprendió un
viaje de tres días a distintos lugares de la región. Visitó el área costera de
Tocopilla, donde observó petroglifos, estuvo en pueblos pesqueros y condujo
llegando a María Elena, Quillagua, Pedro de Valdivia y Chuquicamata. Este
trayecto llamó profundamente su atención por la fuerza y presencia del
territorio.
“Fue la primera vez que veía
los colores de esa parte del desierto y me quedé sin aliento. Aunque se trata
de un paisaje que, en gran medida, no ha cambiado en milenios, los colores
cambiaban con mucha frecuencia y rapidez.
Lo que más me llamó la
atención fue ver los geoglifos en las colinas del desierto”, comentó,
enfatizando en lo increíble que es la zona de Chug Chug y su conservación en el
tiempo.
Como segunda etapa de su trabajo de campo, Virginia permaneció dos semanas en San Pedro de Atacama, compartiendo en la residencia artística La Tintorera con su coordinadora, Verónica Moreno, quien la acercó a la cultura Lickan-Antay y le mostró los tradicionales textiles andinos utilizados para interpretar las estrellas y constelaciones.
“Una cosa que me llamó
especialmente la atención fue la estrecha relación entre lo espiritual y lo
material en la cosmovisión de esta comunidad. Me fascinaron las inkuñas,
pequeños tejidos que se utilizan en las ceremonias.
La forma en que los rituales
de agradecimiento se entrelazan con la vida cotidiana me mostró una forma
diferente de relacionarse con la naturaleza, en la que el equilibrio se
mantiene, en parte, pidiendo permiso y a través de la gratitud”.
Asimismo, visitó salares, realizó tours y
presenció el llenado de los sistemas de canales de riego en San Pedro de
Atacama, uno de los focos de su investigación. También tuvo la oportunidad de
observar las primeras celebraciones del carnaval andino y las procesiones de la
Virgen de la Candelaria.
Su paso por la región y el especial
énfasis en un territorio donde el agua es escasa pero profundamente
significativa, cada recorrido, cada encuentro y cada observación entregó
respuestas a lo que Virginia buscaba abordar. Agradecemos a la artista por visitarnos
y le deseamos el mayor de los éxitos.
La residencia de Virginia se enmarca bajo el programa de residencias ¡WONDERFUL!, promovido por el Museo Novecento de Florencia y la Fondazione MUS.E. También se encuentra apoyada por el Instituto Italiano Di Cultura de Santiago.




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