Curada por Francisca
García, la muestra es posible gracias al financiamiento del Fondo de Línea
Creación Artística en Modalidad Artes Visuales 2024, del Ministerio de las
Culturas, las Artes y el Patrimonio. La exposición, apta para todas las edades
y de entrada liberada, estará abierta al público hasta el domingo 12 de abril.
El proyecto toma como punto de
partida la escoria de cobre, subproducto de la fundición minera, para
reflexionar sobre ecologías materiales y paisajes post extractivos. Con piezas de hormigón que sustituyen
áridos naturales por escoria, la exposición investiga cómo la materia
descartada puede reingresar al ciclo constructivo como nueva condición mineral.
En este desplazamiento, el residuo se transforma, altera su estado y ensaya
nuevas potencialidades constructivas.
Concebida como un recorrido
inmersivo, la instalación reúne piezas de hormigón, textiles teñidos y poemas
inscritos en cobre junto con una muestra de los materiales empleados en el
proceso.
Los elementos organizan el
espacio haciendo visible la relación entre experimentación material y reflexión
territorial. Lo que permite reconocer componentes, transformaciones y vínculos,
estableciendo un diálogo entre materia, estructura y escritura.
En Chile, por cada tonelada de
cobre producido se generan aproximadamente tres toneladas de escoria, formando
verdaderas montañas de descarte mineral. Frente a ese escenario, la
investigación propone mirar este residuo como un posible material, preguntándose
si aquello que hoy entendemos como descarte podría transformarse en una nueva
superficie de experimentación material.
En palabras de Victoria
Jolly, la motivación de este trabajo “surge de una experiencia en 2017
producto de un viaje entre el Salar de Atacama y los pueblos del desierto. Al
borde del camino aparecieron enormes montañas blancas, como si fuesen mesetas
artificiales formadas por el descarte de la extracción del litio.
Este encuentro provocó un
gesto casi instintivo: acercarme a esa masa mineral y dejar una pequeña marca
sobre ella. Una acción breve, pero que instaló una pregunta ¿cómo pensar la
habitabilidad de estas topografías del descarte?
Años después, esa pregunta
reapareció en el escorial de la fundición de Codelco Ventanas, en Ritoque. La
escoria comenzó a aparecer entonces como materia compleja y liminal, situada
entre mineral natural y residuo industrial, que conserva la huella del fuego
extractivo y la latencia mineral de la tierra”.
Entre las obras destaca
‘Cuenco mineral’, estructura cóncava que incorpora escoria en su masa y
evidencia la memoria térmica del proceso extractivo. La pieza opera como forma
contenida y gesto preciso. Una concavidad que alberga agua y peso, donde el subsuelo
industrial se manifiesta como presencia latente. Más que un objeto autónomo, el
cuenco funciona como articulación entre extracción, transformación y
permanencia.
Valentina Gallardo, directora
ejecutiva (i) del PCdV – Ex Cárcel comenta que “esta instalación es una
propuesta artística que invita a la reflexión medioambiental ya que abre las
posibilidades que se le puede dar a un residuo específico como la escoria de
cobre.
El arte y la experimentación material se
entrelazan para explorar la relación entre territorio y la memoria de la
localidad de Ventanas. Por lo que también es una mirada a la historia de esa
ciudad”.
Paralelamente, ha desarrollado acciones performativas en paisajes industriales, intervenciones situadas en zonas de sacrificio y una producción poética que acompaña y expande su investigación. En su obra, el cuerpo, la materia y el lenguaje operan como registros complementarios de una misma pregunta: cómo habitar críticamente un territorio intervenido.
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