Una vez apagadas las luces del set, la película nace de nuevo en la sala de edición.
En esta oportunidad, esa
misión está en manos de nuestra querida Andrea Chignoli, una de las
montajistas más brillantes del cine chileno y miembro de la Academia de Artes y
Ciencias Cinematográficas (sí, los mismos detrás de los Oscar).
Andrea, formada en una familia
cinéfila, ha estado detrás del montaje de más de 80 proyectos audiovisuales,
entre ellos reconocidos títulos como Violeta Se Fue A Los Cielos (Andrés
Wood, 2011), Tony Manero (Pablo Larraín, 2008), Joven y Alocada (Marialy
Rivas, 2012) y No (Pablo Larraín, 2012), la primera película chilena
nominada a los Oscares.
En palabras de ella, “los
montajistas acompañamos a los directores a tomar la decisión final de qué
quedará en la película. Yo siempre digo que la historia se escribe en tres
momentos: en el guion, en el rodaje y en el montaje. El director necesita
dialogar y probar con alguien que no tenga el mismo vínculo emocional con el
material.
Yo no estuve en el set ni pasé
años escribiendo el guion, por lo que tengo una distancia que me posiciona casi
como un espectador. Mi labor es acompañar al director a depurar el relato para
que llegue de la mejor manera al espectador.”
Entre los múltiples trabajos y
roles en la industria cinematográfica, Andrea ha optado por dedicarse
exclusivamente al montaje. Sobre esta elección comenta: “Me gustan los trabajos
colectivos y el cine es de las artes más colectivas que existen, pero al mismo
tiempo me gusta la soledad.
El montaje es el espacio
perfecto donde hay reflexión y soledad, pero dentro de una creación
colectiva. En el montaje encontré el espacio donde se conjuga todo lo que
necesito.”
“Cualquier director querría
trabajar con Andrea por su currículum, pero en su caso, los logros no esconden
secretos: su lucidez y sensibilidad son evidentes. A veces puede ser
abrumador, porque ella toma el material y tiene una certeza sobre lo que
funciona y lo que no.
Te obliga a un nivel de
exigencia alto; te empuja a argumentar y a aclarar tus propias ideas.”, cuenta
Moisés Sepúlveda, director de Que Se Acabe Todo.
MONTAR QUE SE ACABE TODO
Andrea se sumó al proyecto
hace casi 10 años, mientras Moisés trabajaba una de las primeras versiones de
guion. Cuando en vísperas del Greenlight se optó por grabar la película en
planos secuencia, se barajó la idea de prescindir de la montajista.
“No era tan obvio que el
montaje debía recaer en alguien externo, pensamos que quizás bastaba con pegar
un plano al otro. Sin embargo, decidimos revisar el material con alguien de la
expertise de Andrea Chignoli.
Es un privilegio tenerla para
evaluar, y comprobar que, si se podía mejorar el material respetando esa puesta
en escena continua donde las elipsis ocurren en el set.”, explica Moisés.
Un par de semanas después de
concluir el rodaje, Andrea recibió las primeras imágenes de Que Se Acabe
Todo. “Quedé fascinada con el material. Cuando Moisés me contó que quería
hacer una película sobre un fraude financiero, pensé que sería difícil. Pero
logró explicarlo de una manera divertida, con un punto de vista y mucho
humor. Me sorprendió mucho ver el primer armado; incluso siendo largo, la
película se sostenía.
Creo que Moisés se ganó un
premio con la puesta en escena y la dirección de actores; logró simplificar y
hacer accesible un tema que es bien árido.”
El montaje de una película
como esta tiene una naturaleza diferente a proyectos en los que Andrea ha
trabajado antes, como fueron las 500 horas de material de archivo para No,
o el relato anacrónico de Violeta Se Fue A Los Cielos. En Que Se Acabe Todo “ha habido montaje, pero tratamos
de hacerlo de una manera que casi no se noten los cortes.
Estamos depurando la historia
para darle mayor ritmo y sacar lo que no ayude a la trama central, pero
manteniendo el estilo original de Moisés: un relato fluido con una cámara en
movimiento”, cuenta Andrea.
Esta película comenzó a
editarse en nuestras oficinas de Santiago y actualmente se está trabajando en
Limache, donde Andrea vive y trabaja. La semana pasada, Moisés estuvo allá en
una suerte de pequeña residencia, para trabajar la obra
“Ella vive en medio de la
naturaleza, rodeada de cerros, con un clima hermoso y un lugar soñado para
concentrarse. Fue un retiro de tres días de inmersión total, donde el montaje
seguía presente incluso en los desayunos y las comidas.”, recuerda el director.
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