viernes, 6 de marzo de 2026

El regreso de Oro Amargo al desierto: Una deuda saldada entre 2.500 kilómetros de pampa

 Está película no estaba completa sin devolverla a la tierra donde se filmó. Para JUNTOS, llevar Oro Amargo de regreso al norte ha sido una muestra de gratitud y de nuestro compromiso por la descentralización de la cultura.

La reciente gira de la cinta por la Región de Atacama y Tarapacá no fue solo un circuito de exhibición, sino el cumplimiento de un compromiso que el equipo sentía desde el rodaje. Francisco Melo, actor y productor ejecutivo de la cinta, lo define como la necesidad de saldar una deuda con el entorno y sus habitantes.

 “El hecho de proyectar la película en Copiapó me dio la sensación de devolverles la mano, de agradecerles por habernos prestado ese paisaje del cual son dueños”.

La travesía fue una epopeya logística que abarcó más de 2.500 kilómetros por tierra, conectando localidades como Copiapó, Caldera, María Elena e Iquique. 

Lejos de la comodidad de las salas comerciales, la productora de la gira, Daniela Raviola, lideró una operación a la antigua, transportando la película en un disco duro físico y montando funciones en teatros, centros culturales y anfiteatros improvisados.

“El desierto es implacable, no puedes controlarlo”, explica Daniela al recordar los desafíos de la ruta, desde fuertes vientos en San Pedro de Atacama que obligaron a cambiar la pantalla inflable por una LED a último minuto, hasta tramos de oscuridad absoluta en carretera con el combustible al límite.

Sin embargo, la hostilidad del clima contrastó con la calidez de las salas. El público local no solo se emocionó con la historia, sino que identificó su propia tierra. 

“Para un santiaguino el norte se ve todo igual, pero la gente allá distinguía las particularidades del territorio, y agradecían que la película retratara bien esa mutación del paisaje”, señala Daniela.

Tras cada función, la dinámica habitual de preguntas y respuestas se transformó en un espacio para compartir experiencias. 

“El público rememoraba a sus padres, sus vivencias personales, lo crudo y lo bello de ser minero. Fue muy bonito ver que una película sea capaz de provocar esa necesidad de contar vivencias personales en público; la gente agradecía verse valorada, que lo que veían en pantalla fuera real y no una caricatura”, ”, relata Pancho Melo. 

El símbolo de esta comunión fue la presencia de Aníbal Vásquez, minero y miembro del elenco cuya experiencia fue fundamental para el rodaje, quien asistió a la función en Copiapó.

 “Fue una experiencia única. Yo soy minero, entonces transformarse en actor de Oro Amargo es difícil para uno, pero fue muy satisfactorio. Es algo que no se puede explicar. Algo hermoso”, comenta sobre la película.

Su participación provocó una ovación cerrada que validó el esfuerzo de la producción.

Al final, recorrer el desierto cargando equipos y enfrentando la incertidumbre de la ruta tiene un propósito claro: descentralizar el cine chileno y, en este caso, devolverlo a su origen.

Para Daniela, el éxito de la gira no se mide solo en tickets cortados, sino en el impacto humano de llegar a rincones donde la oferta cultural es escasa.

“Poder hacer que diez personas en un pueblo en medio del desierto vean la película y se emocionen, hace que todo valga la pena. Es en generar esa instancia donde el cine deja de ser nuestro y pasa a ser, finalmente, de ellos”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

PELÍCULA | Largo viaje

  Considerada una de las piedras angulares de la cinematografía chilena, Largo Viaje (1967) es un relato crudo y profundamente conmovedor qu...