Más que una retrospectiva,
esta programación propone un recorrido por universos creativos que dialogan con
distintas formas de entender el cine, su historia y sus constantes
transformaciones.
Al respecto Raúl Camargo,
director del Festival Internacional de Cine de Valdivia, expresó: “En esta edición,
la selección reúne a tres cineastas de distintas generaciones y procedencias
cuyas filmografías comparten una permanente exploración formal y una mirada
singular sobre el tiempo, el territorio y la imagen.
Desde la contemplación del paisaje y la
experimentación narrativa hasta la investigación sobre las materialidades del
cine, sus obras ofrecen una oportunidad para acercarse a propuestas que han
marcado el panorama cinematográfico internacional y continúan expandiendo sus
fronteras”.
Cineastas en Foco estará
dedicado al argentino Lisandro Alonso, figura clave del Nuevo Cine Argentino; a
la realizadora ecuatoriana Daniela Delgado Viteri, cuya obra transita entre el
ensayo fílmico, la memoria y la observación documental; y a la cineasta
francoperuana Rose Lowder, referente del cine experimental en soporte fílmico.
A través de una selección de
largometrajes y cortometrajes, el festival invita al público a descubrir las
búsquedas estéticas, los procesos creativos y las principales inquietudes que
atraviesan la obra de estos tres autores.
Lisandro Alonso y la historia
circular
La libertad doble (2026), el
nuevo largometraje del argentino Lisandro Alonso (Buenos Aires, 1973), es el
mejor escenario para que FICValdivia dedique una muestra con parte de la
obra de uno de los directores que fijaron la estética y las preocupaciones del
Nuevo Cine Argentino y, en gran medida, de ese temple narrativo que se conoce
como slow cinema.
Estrenado mundialmente en la
Quincena de Cineastas del Festival de Cannes, el filme es una secuela de La
libertad, primer largo del realizador que está cumpliendo 25 años desde su
aparición y que remite nuevamente a la dimensión circular que planteaba aquel
filme.
La libertad pone de frente a Misael, un hombre solitario anclado a las rutinas de la naturaleza y cuya vida está irremediablemente sintonizada con lo que el paisaje rural le da: árboles para cortar y tallar, animales silvestres para sobrevivir.
Sin mayor contexto que la
relación simbiótica entre personaje y naturaleza, el debut de Lisandro Alonso
se construía con planos largos, cámara fija y diálogos particularmente escasos,
permitiendo que la propia dinámica del tiempo arrastrase también las decisiones
de puesta en escena, completando así un ciclo vital de 24 horas que bien podría
replicarse eternamente en la inmensidad de la pampa.
La libertad doble, en tanto
retorno a ese escenario, es particularmente sintomático en este aspecto, porque
a pesar del cuarto de siglo transcurrido entre un filme y otro, la rutina y
señales vitales de Misael parecieran seguir siendo incorruptiblemente las
mismas, como si la mejor expresión de esa perpetuidad sea la dimensión de un
tiempo que parece inmóvil.
Sin embargo, lo que aquí
altera esa continuidad es la aparición de un segundo personaje, Micaela -la
hermana del protagonista que acaba de salir de un hospital psiquiátrico-,
porque la fragilidad de su condición obliga a Misael a adoptar otra manera de estar
en el mundo. No es sólo el enfrentamiento entre dos estados emocionales lo que
La libertad doble pone en juego, sino modos distintos de entender el tiempo,
las velocidades y, especialmente, de relacionarse con una idea cada vez más
lejana de lo social.
Esta incursión en el cine
epistolar -que ya es una variante dentro de las modalidades del cine ensayo-
tiene como centro no a Misael, sino al escritor Fabián Casas, cuya figura
urbana y temple contemporáneo cumple abiertamente una labor disruptiva en los
tiempos y velocidades del cine de Alonso.
El foco al director se
completa con los largometrajes Los muertos (2004) y Jauja (2014). El primero
prolonga las constantes estilísticas definidas en La libertad y las traslada a
la provincia de Corrientes, para centrarse en Vargas, un ex convicto cincuentón
que al salir de la cárcel sólo desea reencontrarse con su hija, a quien no ve
desde que era niña.
Para ello realiza una larga
travesía a lo largo de la geografía húmeda, limítrofe y tropical del noreste
argentino. En este segundo largometraje, a pesar de ser una suerte de road
movie, es también un filme sobre la inmovilidad. Vargas ha pasado buena parte
de su adultez en la cárcel, lo que le imprime una suerte de vacío existencial
que el filme transforma en la inercia del desplazamiento.
Nuevamente, la narración se pliega a la
descripción física, primero de los protocolos y burocracias de la excarcelación
y luego los pormenores del trayecto, enfatizando con ello el descalce entre el
desarraigo del personaje y su ingreso hacia un territorio que, como en La
libertad, lo conduce paulatinamente a un estado de primitivismo.
Después de Fantasma (2006)
-filme autorreflexivo en el que enfrenta a los personajes de sus largos
anteriores en un cine de la calle Corrientes-, y de Liverpool (2008) -drama
sobre un marino mercante que recala en Ushuaia para visitar a su madre-, Alonso
emprende el rodaje de Jauja, su película más ambiciosa hasta ahora y en la que
vuelve a la pampa como escenario existencial.
Este quinto largometraje se
sitúa en el contexto de la llamada Campaña del Desierto, es decir la política
de expansión y conquista de los territorios del sur de Argentina llevada a cabo
en el último cuarto del siglo XIX. El filme observa las acciones criminales y
genocidas a través de los ojos de Dinesen, un capitán danés que ha llegado a la
región junto a Ingeborg, su hija de 15 años, para trabajar como ingeniero en el
ejército argentino. Como en Los muertos y Liverpool, será un viaje que se
vuelve metafísico y que Alonso lleva aquí hasta sus últimas consecuencias
narrativas.
El foco de Lisandro Alonso
será acompañado por el propio cineasta más la presencia de Misael Saavedra y la
actriz chilena Catalina Saavedra, coprotagonista de La libertad doble.
Foco Lisandro Alonso
La libertad. Argentina. 2001.
63 minutos.
Los muertos. Argentina,
Francia, Países Bajos. 2004. 78 minutos.
Sin título (carta para Serra).
Argentina. 2011. 23 minutos.
Jauja. Argentina, Dinamarca,
Francia. 2014. 108 minutos.
Daniela Delgado Viteri: el
registro como comunicación
Nacida en Ecuador y formada en
Argentina, Francia y España -donde actualmente vive-, la aproximación que
Daniela Delgado Viteri (Portoviejo, 1987) ha levantado en torno al cine debiera
entenderse como un sistema que incluye también la programación en festivales y
la escritura crítica.
Su obra audiovisual,
específicamente, está marcada por su condición de extranjera en los distintos
países en los que ha vivido y por eso sus películas recorren espacios, lugares
y personas aproximándose a un trabajo cercano a la reflexión antropológica y
cultural sobre el pueblo ecuatoriano.
Sus películas, que muchas
veces registra en formato fílmico y digital, suelen estar organizadas en
capítulos o escenas en las que relaciona texto y narración en off en una
estructura mayoritariamente epistolar en la que se relaciona lo visual con lo
literario.
Seis de sus películas conforman
el foco a la directora que Cineastas en Foco ha programado para su próxima
edición e incluye trabajos presentados en ediciones recientes, más otras que
son estrenos muy recientes.
El primer encuentro del
festival con el universo de Delgado Viteri fue Atajos (2019), cortometraje
dividido en cinco segmentos que la realizadora presentó en la Selección Oficial
Cortometraje Latinoamericano en la edición 26° y es un recorrido por la
historia reciente de Ecuador que la directora aborda desde la figura fugaz del
expresidente Abdalá Bucaram en adelante, a partir de un par de relatos en off
que matizan entre lo social y lo político.
Antonio Valencia (2020),
exhibido en la misma competencia en el 28° FICValdivia, registra imágenes en
ralentí de la cotidianidad de distintos grupos de veraneantes en el balneario
de San Jacinto sobre las cuales se imprime en subtítulos un diálogo especulativo
sobre los efectos del mar en la velocidad y en la forma de hablar, mientras se
escucha de fondo, y muy tenuemente, el relato de un partido de fútbol de la
selección ecuatoriana.
En Todxs queremos un lugar al
que llamar nuestro (2022), corto que integró la sección Tramas en el 30°
FICValdivia, Daniela Delgado profundiza su aproximación a personajes y a
situaciones habituales a partir de distintas historias relatadas en off que transitan
por aspectos como lo religioso y lo pagano.
El centro de la película es el
itinerario de una réplica de la llamada Virgen del Quinche -imagen tallada en
el siglo XVI de gran devoción en Ecuador-, que genera fervor en una peluquería
española en la que está instalada como decoración. El relato se construye a
partir de un diálogo nuevamente epistolar -organizado entre textos y un audio
de WhatsApp-, que conforman las cinco escenas que lo componen.
Junto a estos trabajos, el
foco a su obra incluye Video Epistolar 1 (2024), Pompa y circunstancia (2026) y
Tierras luminosas (2026) sus trabajos más recientes. El primero convoca una
serie de registros hechos con cámaras infrarrojas en el que graba esencialmente
fauna silvestre.
Cerca de la mitad del metraje
irrumpe la voz en off que explica la voluntad de recrear en esas imágenes la
dinámica de las cámaras de seguridad en zoológicos o espacios similares y que,
como sus obras anteriores, conforman una carta íntima, esta vez sobre la
relación con el cine.
En Pompa y circunstancia hay una combinación de distintas materialidades de registro, imágenes fijas de mujeres de distintas edades, recortadas y pegadas frágilmente en una pared, a los que siguen registros callejeros tomados en el ocaso cuando la posición del sol alarga las figuras.
En ambos casos la voz en off reflexiona sobre la
capacidad de las mujeres para proyectar sombras, relevando a partir de esa
figura una idea de fuerza y de dignidad inherentes.
En Tierras luminosas, en cambio, la cámara de la cineasta se vuelca al retrato de ciertos vestigios urbanos -trenes, cabañas, casas rodantes- que se exhiben transformados en arqueología en medio de paisajes naturales hostiles que parecen haberlos devorado.
La sensación de soledad de esas imágenes se traslada pronto a la
ciudad y, simultáneamente, a la relación con algunos hombres, que el relato
hablado construye a partir del sentido de apropiación del lenguaje y de las
palabras.
Foco Daniela Delgado Viteri Atajos.
Ecuador. 2019. 18 minutos.
Antonio Valencia. Ecuador.
2020. 6 minutos.
Todxs queremos un lugar al que
llamar nuestro. Ecuador, España. 2022. 13 minutos.
Video Epistolar 1. Ecuador.
2024. 10 minutos.
Pompa y circunstancia.
Ecuador, España. 2026. 11 minutos.
Tierras luminosas. Ecuador.
2026. 15 minutos.
Rose Lowder: forzando el formato
La sección Cineastas en Foco tendrá como tercera selección la obra de la cineasta francoperuana Rose Lowder (Lima, 1941) quien, luego de especializarse en Bellas Artes, comenzó a derivar desde la pintura y la escultura hacia la materialidad del filme.
En Avignon,
donde se instala a comienzos de los sesenta y traba amistad con el
documentalista Jean Rouch, es donde comienza su acercamiento definitivo al cine
y a las propiedades de los formatos fílmicos no masivos, preferentemente la
película en 16mm.
Utilizando la cámara como un dispositivo privilegiado de observación de aquello que la cotidianidad parece hacer invisible, Lowder realiza Rotación, Astucia y Álabes (1978), su primera película, un trabajo de quince minutos que se centra exclusivamente en la observación del giro de dos ruedas de paletas en el río Sorgue, en el sureste de Francia.
Su aproximación le permite descomponer los elementos en detalles
cada vez más pequeños, acercándose incluso al límite de la abstracción y
cambiando de vez en cuando la materialidad utilizada.
Ese filme definirá la vocación estilística, los temas y también la variabilidad de los mecanismos formales que la realizadora irá asimilando en cada filmación. Desde el punto de vista geográfico su cine se define mejor como una micro observación, estableciendo un territorio circundante a la residencia de Lowder como espacio de indagación.
Esa libertad le permitirá también variar sus métodos de registro, como ocurre en Calle de los Tintoreros (1979), que experimenta con las propiedades del desenfoque o en Algunas observaciones (1979) que requerirá dos proyectoras simultáneas para su exhibición.
Con el tiempo, su trabajo la ha llevado a investigar a fondo las
características y fronteras de la imagen cinematográfica, muchas veces
torciendo la naturalidad del formato, reutilizando el material o, incluso,
sometiendo la película a varias exposiciones en un mismo registro.
El foco de Rose Lowder
presentará una serie de programas representativos de su trayectoria de casi
cinco décadas, incluyendo también una muestra curada por ella misma que
reflejará su visión como programadora de cine experimental, que se exhibirán en
formato fílmico en la sala Paraninfo de la Universidad Austral.
Revisa a continuación los
anuncios de programación del 33° FICValdivia, hasta la fecha:
Homenajes Cine Chileno y Homenajes Musicalizados en vivo
SOBRE FICVALDIVIA
Fundado por la Universidad
Austral de Chile, producido por el Centro Cultural de Promoción Cinematográfica
de Valdivia y convocado por la Ilustre Municipalidad de Valdivia, el Gobierno
Regional de Los Ríos y Codeproval.
Cuenta con el financiamiento del Fondo Audiovisual del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y el apoyo del Comité de Fomento Los Ríos de Corfo. FICValdivia ofrece a las y los realizadores audiovisuales un espacio de difusión y competencia, junto con promover la producción audiovisual nacional e internacional de calidad artística. Proyecto acogido a Ley de Donaciones Culturales. El festival se llevará a cabo entre el 12 y el 18 de octubre de 2026.
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