A partir del 4 de
septiembre y hasta el 3 de octubre el Teatro Nacional Chileno recibe en su
escenario la puesta en escena del Rucio de los cuchillos, una dramaturgia de
Luis Rivano y dirigida por Cristian Plana. Esta producción tendrá funciones de
miércoles a sábado a las 19.30 horas.
El rucio de los
cuchillos cuenta la historia de una prostituta, la Guille, interpretada por
Camila Brito, su cafiche el Tolo a cargo de Alexis Moreno y un joven
prostituto, el Rucio bajo la actuación de Diego Varas.
Se trata de una
especie de crónica de la vida nocturna santiaguina de los años '60 que retrata
de un modo naturalista a un joven recién salido de la cárcel que no quiere
salir a la calle por miedo a reincidir o caer preso víctima de la injusticia
policial.
Nostálgico de sus
compañeros de celda, el Rucio decide vivir encerrado en una pieza de un hotel
como si estuviese atrapado en un destino social huérfano y trágico.
Esta puesta en escena
nos muestra de manera cruda tres vidas atravesadas por un humor peligroso, una
violencia normalizada, cargadas de una dolorosa nostalgia y empujados sin
compasión por oscuros deseos de venganza.
Gracias al
financiamiento del Fondo de Apoyo a Teatros Universitarios otorgado por el
Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el TNCh vuelve a traer a
escena este clásico del teatro chileno.
Dirigir algo ya visto
Cristian Plana,
director de teatro, formado en La Memoria quien tuvo su última participación en
el TNCh con “Velorio Chileno” del autor Sergio Vodanovic comenta la obra.
“El rucio es
interesante, porque viene saliendo de la cárcel y está escondido, está en una
situación más paranoide, tiene miedo de salir a la calle, una por miedo a
reincidir, pero también por la injusticia, porque los ratis se aprovechan de
los recién salidos de la cana y los coimean (había toda una cosa ahí con los
policías).
Pero, además, uno se
da cuenta en la obra que cada vez que el recuerda algo respecto de los
compañeros que tuvo, es como que se activara una pulsión de viday ahí uno dice,
chuta, ¿será que en verdad el único refugio real, el único espacio donde él
podría sentir algo por la vid a y la existencia, amor fraternal, e incluso
moros o afectivo es la cárcel?
A propósito de la
nueva versión Cristian Plana, se despoja de las nostalgias que pudiera provocar
a la versión anterior de esta obra, también montada en el escenario del Varas:
“No tengo esa nostalgia, más bien me entusiasma que se puedan remontar tan
seguido —a pesar de que no es tanto, son solo 16 años— un texto chileno que es
una especie de clásico […]
Lo que encuentro
interesante de volver a montar las obras es que se van renovando y nos van
poniendo en crisis con el hoy, entonces uno va descubriendo lo que tiene de
vigencia el texto y eso solo ocurre en el contacto. Si yo fuera espectador me
encantaría ver una obra que ya vi y/o tengo en mi cabeza, sobre todo, porque me
gusta la idea de ver como leen dos directores o dos elencos y ponen su visión”.
A propósito de los entrecruces de versiones
anteriores y nuevas visiones, el director comenta que se ha quedado con
aspectos que trascienden cualquier nueva visión y ha puesto nuevas perspectivas
en escena.
“Me quedo con la idea de lo entretenido de la
obra. Desde una historia que puede ser muy cruda, también atravesada por la
violencia, terrible a ratos, pero recuerdo lo entretenido de verla.
Además, era un súper
buen elenco el del 2016, gente que me atrae mucho de ver en el escenario y
recuerdo que era una puesta bien realista […] ahora estamos trabajando una
apuesta más despojada o corrida del ese espacio realista convencional, como
para darle la distancia o un sentido épico, de extrañamiento que yo creo que el
texto lo tiene igual, porque hay situaciones muy naturalistas […] Hay varios
monólogos y es a eso a lo que les estamos dando más”, agrega Plana.
Es a propósito del
lenguaje naturalista que la obra podría verse como una gran escena, sin mayores
cortes, un gran momento de la realidad que está interrumpido por las historias
con las que cada personaje provoca la distancia para abrir recuerdos y
memorias, explica el director.
Detenerse en la
historia de Luis “Paco” es interesante. Juan Andrés Piña (periodista) y autor
de “Luis Rivano: La memoria de los olvidados” (Ediciones UDP), como tantos
otros, se atrevió a relevar la figura de este dramaturgo que levanta preguntas
dado que en plena dictadura ejerció como carabinero (de ahí el chilenismo).
Sin embargo, su amor
por la lectura y la escritura (forjada desde sus vivencias en Llolleo)
levantaron en él un interés social que lo impulsó a escribir con una máquina
comprada a plazo en la Cooperativa de Carabineros a través de pseudónimos
(Víctor Hidalgo) que no evitaron su expulsión de la institución policial,
posteriormente.
Así el camino de
Rivano se forjó desde su pasión. En su siguiente etapa se transformó en librero
inaugurando en 1967 la que hasta hoy es la icónica librería de calle San Diego.
Quienes lo conocieron comentaba que pasaba sus días ateniendo personalmente,
pero también caminando entre estas calles buscando las historias que quedaron
retratadas en dramaturgias como “El rucio de los cuchillos”.
Otro aspecto no
conocido sobre Rivano es que proyectaba el levantamiento de un centro cultural,
teatral y artístico con una gran biblioteca pública, sin embargo, como el
proyecto no tuvo futuro, el autor, por solicitud de los vecinos del sector
donde se emplazaría, decidió destinar el terreno para la construcción de una
villa que hoy construirá una segunda etapa habitacional con su nombre en Lampa.
Quizás fueron estos
aspectos los que hoy influyen en que las y los espectadores puedan tener una
crónica tan cercana sobre otros mundos:
“Rivano contacta con
el origen de ese personaje, de ese joven que hoy podría ser uno de 20, 24 años
que hoy estaría haciendo un portonazo, una encerrona, está yendo al origen del
personaje que uno ve en los medios y lo ve como el delincuente, el malvado, o
la escoria de la sociedad, pero que al final si uno se conecta con el origen es
tremendo […] Por eso digo que es importante Rivano, porque él pone el ojo y
enciende el foco sobre ese otro lugar que es el origen […] lo hace de una
manera muy poco condescendiente, ni compasiva, ni tierna; pone el foco para
mostrar la rudeza, la crudeza de eso y en ni un momento se compadece, solo
escarba y abre ese espacio y nos muestra ese origen.
Eso también puede
abrir la cabeza y hacerle entender y sentir a uno cierta empatía por ese otro
que está expuesto ahí en las noticias”, concluye Plana.
Funciones especiales
Esta producción
tendrá dos funciones especiales dirigidas a estudiantes el día 23 y 30 de
septiembre. La primera tendrá lugar en la sala Antonio Varas y la segunda se
trasladará hasta el Centro Cultura Espacio Matta de la comuna de La Granja. El resto de las funciones se realizarán con
normalidad en Morandé 25 a las 19.30 horas.
Coordenadas:
Del 4 al 12 de septiembre y del 23 de septiembre al 3
de octubre, 19:30 horas, Sala Antonio Varas, Morandé
#25, Santiago. Entradas por Ticketplus y boletería del Teatro: $10.000 Entrada
general|$5.000 Estudiantes, tercera edad| $3500 Estudiantes y funcionarios
UChile (Presentando TUI)*|$4000 Personas con discapacidad (Presentando
credencial)*(+ cargo por servicio)
Teatro nacional chileno con el financiamiento del
programa de apoyo a teatro universitarios otorgado por el ministerio de las
culturas, las
artes y el patrimonio.
Entradas disponibles en el siguiente link: https://ticketplus.cl/events/el-rucio-de-los-cuchillos-2026-09-09-19-30-00-0300
Código de descuento para compra previa: RUCIO30



No hay comentarios:
Publicar un comentario