sábado, 8 de agosto de 2026

Del dogma al romance: Por qué el cine no puede seguir mirando a las redes por encima del hombro

 Por Moisés Sepúlveda

La relación del cine (al menos del cine con el que me siento cercano) con las redes sociales siempre ha sido ambivalente. Existe un dogma en torno al formato cinematográfico; una idea instalada sobre lo que «debe» ser el cine: elegante, complejo, innovador, experimental y sobre todo reservado para la gran pantalla.

Recordando un examen universitario, se me viene a la mente a un profesor diciéndole a un alumno, tras ver su cortometraje: «Esto no es cine».

 Esa frase me golpeó. Me pareció de una arrogancia enorme atribuirse los límites de lo que es o no es cine. Sin embargo, con el tiempo me he dado cuenta de que es algo que los cineastas hacemos todo el tiempo: levantar fronteras y actuar desde una supuesta superioridad intelectual frente a los lenguajes audiovisuales más “ligeros”.

Hace poco, en una discusión con otros colegas, se cuestionaba la idea de que los estudiantes pudieran recibir formación sobre la creación de ficciones verticales, microrelatos o historias diseñadas para pantallas pequeñas (celulares o tablets). La premisa de fondo era que eso equivalía a rendirse y abandonar al cine. Pero, ¿qué define hoy realmente al cine? ¿La duración de la pieza? ¿El tamaño de la pantalla?

Las RRSS tienen una capacidad fascinante para entregarnos información sobre visiones, comportamientos humanos y tendencias. Qué le fascina a la gente y qué decide mirar el espectador global. Sin ir más lejos, en Plata Fresca, nuestra próxima película, hay una secuencia de la que estamos muy orgullosos que nació observando los desafíos de TikTok: comportamientos sobre lo que las personas están dispuestas a hacer con tal de pertenecer y ser incluidas.

Más allá de lo narrativo, está el problema del público. Hoy, el éxito de una película depende de su capacidad para convertirse en tema de conversación. Lo que antes dominaba el star system tradicional o las adaptaciones de best-sellers. Hoy, el gran desafío es cómo conquistar ese espacio masivo cuando no tienes detrás la billetera de una franquicia de superhéroes ni la infraestructura de una megaproducción.

A las redes sociales se las critica por fomentar el consumo solitario, pero bien usadas pueden hacer exactamente lo contrario: reunir, convocar, interpelar y generar comunidad. Para el cine independiente son un aliado estratégico poderoso, una herramienta para que el espectador se familiarice con temas, puntos de vista, atmósfera y elenco, antes de sentarse en la sala.

En JUNTOS entendemos que el cine es parte de un ecosistema donde todo dialoga. Por eso recientemente lanzamos Juntos Elenco (proyecto que busca potenciar las RRSS de actores que integran nuestras películas), a la par de trabajar en el desarrollo de podcasts y contenidos de streaming vinculados a nuestras películas: para instalar discusiones más amplias en las que la película sea un hito, no un grito aislado en el bosque.

Si bien nuestra relación con las RRSS comenzó desde la ambivalencia y la duda, estamos decididos a transformarlo en una alianza estratégica. Elegimos ver el vaso medio lleno y abrazar las virtudes del formato para cumplir nuestro objetivo final: seguir haciendo un cine que conecte, emocione, haga reflexionar y, sobre todo, nos vuelva a reunir a todos en la misma conversación.

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