Quince reproducciones autorizadas por la Galería Estatal Tretyakov permiten recorrer diferentes períodos del artista ruso y observar la transformación de su lenguaje pictórico, marcado por una particular utilización del color y una estrecha relación con la música y la espiritualidad.
¿Qué ocurre cuando una pintura deja de intentar
representar aquello que vemos y comienza a buscar una forma de expresar aquello
que sentimos?
Hace más de un siglo, Wassily Kandinsky fue uno de los
artistas que llevó esa pregunta hasta sus últimas consecuencias. Considerado
una figura fundamental en el surgimiento del arte abstracto, abandonó
progresivamente la representación tradicional de los objetos para convertir el
color, las líneas y las formas en protagonistas de sus composiciones.
A 160 años de su nacimiento, su trayectoria vuelve a
ser el centro de “160 años de Kandinsky: El Padre de la Abstracción”,
exposición presentada por la Dirección de Extensión Cultural de la Universidad
Andrés Bello, en conjunto con la Embajada de Rusia en Chile y la Galería
Estatal Tretyakov de Rusia.
La muestra reúne 15 reproducciones de pinturas de
Kandinsky autorizadas por la Galería Tretyakov, selección que permite
aproximarse a diferentes períodos de su trayectoria y observar las
transformaciones que experimentó su lenguaje artístico.
“Para Extensión Cultural de la Universidad Andrés
Bello es un honor y una gran oportunidad realizar esta exposición de Kandinsky,
con 15 reproducciones de sus pinturas autorizadas por la Galería Tretyakov de
Rusia. Hemos querido conmemorar los 160 años del nacimiento de este gran
pintor, padre de la abstracción, quien utilizó de una manera única y particular
el color en sus obras, además de establecer una importante relación con la
música y expresar un profundo sentido espiritual a través de su arte”, señala
Felipe Karadima, director de Extensión Cultural de la Universidad Andrés Bello.
Cuando pintar dejó de significar representar
La importancia de Kandinsky en la historia del arte
está estrechamente vinculada con su progresivo alejamiento de la tradición
figurativa.
De origen ruso y posteriormente nacionalizado alemán y
francés, desarrolló una mirada en la que el valor de una obra no dependía
necesariamente de reproducir objetos reconocibles o imitar la naturaleza. En
cambio, otorgó autonomía al color y a las formas como herramientas capaces de
transmitir emociones e ideas.
Su camino hacia el arte tampoco fue convencional.
Kandinsky estudió inicialmente derecho y economía mientras se formaba
paralelamente en dibujo y pintura. A los 30 años decidió abandonar su carrera
anterior para dedicarse al arte y trasladarse a Múnich para continuar su
formación.
Las expresiones del arte popular ruso y su interés por
diferentes tradiciones culturales también influyeron en la construcción de un
lenguaje visual que terminaría contribuyendo a una de las grandes
transformaciones del arte moderno: la posibilidad de que una pintura pudiera
prescindir de la representación reconocible del mundo y construir significado
mediante sus propios elementos visuales.
Quince reproducciones para recorrer sus transformaciones
Precisamente esa evolución constituye uno de los ejes de la exposición.Las reproducciones seleccionadas permiten observar
diferentes momentos de la producción de Kandinsky y reconocer los cambios que
experimentaron sus composiciones, desde obras todavía vinculadas a elementos
reconocibles hasta el lenguaje abstracto por el que terminaría siendo conocido.
Para Karadima, esta posibilidad de comparar diferentes
períodos es uno de los principales atractivos de la muestra.
“Lo especial de esta exposición es que, a través de
las 15 reproducciones, podemos recorrer distintos períodos de Kandinsky. Es
sorprendente observar las grandes diferencias entre ellos y descubrir la
evolución y los profundos cambios que experimentó su estilo a lo largo de su
trayectoria”.
El recorrido permite así aproximarse no solo a algunas
de las características más reconocibles de su producción, sino también
comprender que la abstracción de Kandinsky fue el resultado de una búsqueda y
una transformación desarrolladas a lo largo del tiempo.
Color, música y espiritualidad
Uno de los elementos centrales de esa búsqueda fue su
concepción del color. Para Kandinsky, los colores no constituían simplemente
una característica estética de la pintura, sino que podían provocar emociones y
establecer relaciones que trascendían la representación de objetos concretos.
Esta concepción estuvo estrechamente relacionada con su interés por la música. Kandinsky exploró las posibilidades de construir una pintura capaz de funcionar de manera semejante a una composición musical: sin necesidad de representar un objeto reconocible para provocar una experiencia emocional en quien la observa.
A ello se sumó una dimensión espiritual que atravesó
buena parte de su pensamiento artístico y que desarrolló también en sus
escritos teóricos.
La exposición permite aproximarse a estas distintas
dimensiones de su trabajo y descubrir cómo color, formas, música y
espiritualidad confluyeron en la construcción de un lenguaje que tendría una
profunda influencia en el desarrollo posterior del arte moderno.
Una invitación a acercarse a la abstracción
A través de este recorrido, la muestra busca acercar
al público al legado de Kandinsky y entregar herramientas para comprender las
transformaciones que experimentó su pintura.
“160 años de Kandinsky: El Padre de la Abstracción” se presenta en el Campus Casona de Las Condes de la Universidad Andrés Bello, ubicado en Fernández Concha 700, Las Condes. La exposición puede visitarse de lunes a viernes, entre las 09:00 y las 18:00 horas, y los sábados, entre las 09:00 y las 13:00 horas. Los domingos permanece cerrada y la entrada es gratuita.
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