Sus páginas transportan al lector con
humor, ternura y una poderosa capacidad de observación, al universo de una
infancia chilena en la que entretenerse significaba recorrer el barrio en
bicicleta, organizar partidos de fútbol, construir artefactos con lo que
hubiera disponible, escuchar música con los amigos o simplemente salir de la
casa sin saber exactamente qué aventura depararía el día.
Bicicletas, pelotas, radios, experimentos,
guitarras, bailes, primeras fiestas, amores adolescentes y largas jornadas
recorriendo el barrio forman parte de un mundo reconocible en Planeador
gitano para varias generaciones de chilenos. Esa época en la que no había
teléfonos inteligentes, videojuegos en línea ni redes sociales. Pero había
tiempo y, sobre todo, había imaginación.
En el centro de esos recuerdos aparece el
objeto que da nombre al libro. Durante un festival aéreo, el protagonista
sacrifica el dinero destinado a una bebida para comprar un número de rifa.
Contra todo pronóstico, gana el premio mayor: un Planeador
gitano para armar.
Después de semanas de trabajo junto a sus
amigos, el pequeño aeromodelo finalmente despega y los obliga a correr por los
potreros, saltar cercos y perseguirlo mientras las corrientes de aire deciden
su recorrido.
Pero la novela va mucho más allá de la
nostalgia. A través de historias como la construcción de una radio a galena,
una inolvidable fiesta campesina en Portezuelo, la llegada del hombre a la
Luna, las canciones de Los Ángeles Negros, Serrat, Sandro y The Beatles o el
despertar de los primeros amores, Gormaz reconstruye también una manera de
relacionarse con el mundo basada en la curiosidad, la amistad y la libertad de
descubrir por cuenta propia.
Hay humor en sus páginas, pero también una
mirada sensible sobre el paso del tiempo. El barrio cambia, los amigos crecen,
aparecen nuevos intereses y aquello que parecía destinado a durar para siempre
comienza lentamente a desaparecer.
El planeador termina convirtiéndose
entonces en algo mucho más importante que un juguete: es la imagen de una etapa
de la vida que también aprende, inevitablemente, a aterrizar.
Publicada por Editorial
Forja, Planeador gitano es una invitación a volver a mirar al niño
que fuimos y, al mismo tiempo, a preguntarnos cuánto de aquella capacidad de
asombro sigue todavía con nosotros.
Una historia especialmente pertinente en
tiempos de hiperconexión: antes de que el mundo estuviera al alcance de una
pantalla, había niños que salían a buscarlo caminando, pedaleando o simplemente
levantando los ojos hacia el cielo.
Sobre el autor
Rogelio Gormaz Espinoza es
guitarrista, compositor, pedagogo en Música y magíster en Musicología.
Actualmente ejerce como docente en la Universidad del Desarrollo. Su
trayectoria artística ha estado marcada por un permanente diálogo entre la
música y la literatura. Se define como “un músico que habita las letras”,
movido por la observación del mundo y la necesidad de narrarlo.
Planeador gitano es su primer libro publicado por Editorial Forja y ya está disponible en las principales librerías y plataformas.
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