miércoles, 23 de mayo de 2012

La selva fría y sagrada: un camino hacia el respeto y la convivencia.


Hace poco tiempo atrás, Editorial Catalonia reeditó el libro “La selva fría y sagrada” escrito por Miguel Laborde en el que por medio de una carta a su hijo, relata la cosmovisión mapuche.

Escritor, historiador autodidacta, amante de la ciudad y de su historia y eximio conocedor de la dinámica urbana como manifestación de la cultura, Miguel Laborde ostenta, hace ya tiempo, entre los lectores chilenos, el título de cronista urbano, que durante 24 años ha entregado sus escritos a un diario nacional. Miguel Laborde (1949) se formó en los Talleres Literarios del Colegio Saint George y de la Biblioteca Nacional, ambos dirigidos por Roque Esteban Scarpa.

Para nosotros, mujeres y hombres de esta larga y angosta faja de tierra, se hace necesario leer este libro, sobre todo el conocimiento de la cultura mapuche, que apareció en medio de los bosques del sur, es poco.

En La Selva es posible apreciar un tratamiento serio y respetuoso de las tradiciones, la religiosidad, los mitos y leyendas mapuches y a este pueblo como eje del mundo, tal como lo es el rehue para ellos. Acompaña la lectura de este libro, dibujos hechos por Cazú Zegers que marcan los diferentes capítulos de este libro.

En este libro, Laborde realiza una valoración ritual de la cosmovisión mapuche, entendida como la serie de principios comunes que inspirarían teorías o modelos en todos los niveles: una idea de la estructura del mundo, que crea el marco o paradigma para el resto de las ideas.

Al ir leyendo sus páginas, basta con un poco de imaginación, y dejarse llevar por los olores y claroscuros de esta selva fría que a la vez es sagrada para los mapuches pues, de ahí se extraen las plantas que dan salud; las maderas para construir las rukas; la protección contra el enemigo y el frío del invierno; de ahí viene el alimento y ella los mapuches se encuentran con sus dioses. La selva, con sus cuatro puntos cardinales, es todo para los mapuches que sitúa a esta comunidad indígena, en un mundo en el cual se unen ritualmente el cielo y la tierra dándole sentido a la vida de este pueblo.

Durante la lectura, se pone de manifiesto ese sentimiento de los pueblos originarios de sentir la realidad que lo rodeaba como sagrada, poniendo especial énfasis, en toda aquella relacionada con paisaje que impresionan por sus características de especialidad y morfología como son la cordillera, el mar y los volcanes y da a conocer esa característica tan especial del el mapudungun donde cada palabra, más allá de designar objetos, muestra una idea.

La cosmovisión mapuche que nos muestra un pensar mágico-animista, consideró al paisaje gestor de poderosas fuerzas, que se involucran en díadas: tierra-cielo, cielo-lluvia, aire-viento, convergían para darle vida, pero también muerte como tierra-terremoto, lluvia-diluvio, cielo-rayo.

Este, uno de nuestros pueblos originarios, comprobó que vivía en una realidad cíclica, de continuo retorno anual, configurada por daciones inexorables: masculino-femenino, lluvia-sequía, paz-guerra, sano-enfermo, vida-muerte, lo ataban a él y su subsistencia de cazador recolector y de domesticador de plantas y animales y que siente a la naturaleza como parte integral de su ser.

En “La selva fría" aflora la cultura mapuche vista con el prisma de un descendiente de vascos cuya creación literaria, nace del convencimiento de que Chile posee un patrimonio excepcional de territorios geopoéticos, más allá de la Patagonia, Atacama y Rapa Nui.

Es ese territorio geopoético es el que se explora en el libro, en el que se descubre una cultura que busca lo espiritual, que se puede asomar al mundo de lo invisible, más allá de la muerte, y tener una imagen en la que involucra a todas las fuerzas del Universo como si fuera una sola y cuyo orden divino se reflejaría en la realidad cotidiana de los mapuches.

En estos tiempos de dura realidad para los mapuches, es bueno tener a mano un libro que nos muestre esa cosmovisión no solo para analizar el presente, sino para conocer y respetar a una de las bases de la cultura chilena y de esa manera visualizar de otra manera la convivencia con este pueblo que tanto nos ha dado.

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