La chilenidad no está solo en las banderas, la cueca o las empanadas. También vive en costumbres que recibimos de otros y que pueden desaparecer si nadie las comparte.
Un trompo,
una partida de payaya, un luche dibujado con tiza o una anécdota familiar forman
parte de lo que somos.
Los niños y niñas no hacen
propias las tradiciones porque las observen una vez al año. Necesitan vivirlas:
ayudar a cocinar, aprender un juego, una paya, preguntar cómo celebraban sus
abuelos o conocer el relato detrás de una costumbre.
Y aquí los adultos tenemos una tarea. No podemos esperar que los niños valoren aquello que nunca les mostramos. Tampoco sirve imponerlo como una obligación. Hay que abrirles la puerta con cariño, responder sus preguntas y permitir que también creen sus propias versiones.
Estas Fiestas Patrias podemos dejar por un momento los teléfonos, preparar juntos una receta, enseñar el corre el anillo, sacar el trompo o leer un cuento chileno. No hace falta organizar algo perfecto. Hace falta estar presentes.En Fundación ALMA sabemos que
leer, jugar y conversar fortalecen los vínculos y contribuyen al desarrollo
infantil. También son maneras concretas de transmitir identidad, afecto y
pertenencia.
Celebrar Chile es decidir qué
país queremos entregarles. Uno que cuide sus historias, reconozca a quienes
estuvieron antes y pueda crear recuerdos nuevos. Porque la chilenidad no se
conserva sola: se cuenta, se canta, se juega y se comparte. Y, al heredarse,
crea vínculos que ni el tiempo puede romper.
Carmen de la Maza
Directora ejecutiva de Fundación ALMA


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