martes, 15 de septiembre de 2026

Fiestas Patrias: ¿cuánto saben los estudiantes sobre Chile?

 Por María Gabriela Huidobro, académica de la Facultad de Educación y Humanidades de la UNAB y la TEC de Monterrey.

Cada septiembre, Chile se llena de banderas, cuecas y ceremonias que evocan una historia compartida. Los colegios detienen sus actividades regulares no sólo para disfrutar de los días libres, sino para crear un ambiente de chilenidad. Sin embargo, la reiteración de algunas tradiciones nos lleva, muchas veces, a darlas por hechos, sin abrir espacio para cuestionar sus motivos y valorar su sentido. ¿Cuánto de la historia que las fiestas patrias celebran conocemos realmente?

La pregunta puede parecer menor, pero no lo es. Hablar hoy de patriotismo, identidad nacional o tradiciones a veces conduce a discusiones ideológicas. Para algunos, son conceptos asociados a posiciones políticas y se expresan de formas contrapuestas: desde el mundo popular o desde las élites.

Para otros, son expresiones de un nacionalismo a revisar. Pero si trasladamos la discusión al ámbito de la educación escolar, el asunto puede plantearse en términos más elementales: ¿conocen los estudiantes la historia de su país? Y desde ahí, ¿saben valorarla?

En 2024, un estudio realizado con 409 estudiantes de III Medio de colegios de distintas dependencias y comunas de la Región Metropolitana arrojó resultados incómodos. Al pedirles que definieran a personajes históricos, sólo el 46% pudo explicar quién fue y qué hizo Bernardo O’Higgins.

En el caso de José Miguel Carrera, la cifra descendió a 30%. E incluso cuando un personaje, su nombre o retrato resultaban familiares, ese reconocimiento no se tradujo en conocimiento.

El rostro de O’Higgins, por ejemplo, fue identificado por 72% de los estudiantes, pero sólo una parte pudo explicar su papel histórico.

No se trata de añorar una escuela en la que aprender historia significaba repetir fechas, nombres y batallas. Durante décadas, la enseñanza de la disciplina fue criticada por su carácter memorístico. Basta recordar cómo muchos tuvimos que preparar la Prueba de Aptitud Académica (PAA) repasando el manual titulado La Trutruca.

Las reformas curriculares más recientes buscaron, con razón, desarrollar habilidades como el pensamiento crítico, el análisis y la comprensión de procesos históricos. El problema, sin embargo, es que al optar entre dos alternativas que parecían antitéticas, los contenidos pasaron a ocupar un lugar muy secundario.

Los resultados de la investigación mencionada lo demuestran: se abrió una brecha entre reconocer y comprender. Algunos nombres sobreviven, pero se ha debilitado el conocimiento sobre las personas, acontecimientos y procesos que les dieron sentido.

El problema no es que las nuevas generaciones hayan perdido la capacidad de retener datos. La cuestión de fondo es que no se puede pensar históricamente sobre lo que se desconoce. Para comparar fuentes, interpretar procesos, cuestionar relatos o comprender cómo una sociedad llegó a ser lo que es, necesitamos disponer de un conocimiento sobre el pasado. El pensamiento crítico no ocurre en el vacío.

Esa habilidad es también relevante para pensar el presente y proyectar el futuro. Cuando el pensamiento crítico se forma en relación con el pasado, entendido en su condición histórica como aquello cuyo impacto permite comprender nuestro propio tiempo, adquirimos también altura de miras y una mejor capacidad para valorar aquello que somos. Sin una perspectiva temporal amplia, el presente se convierte en la única medida de relevancia.

Por eso, enseñar la historia de Chile no significa inculcar una interpretación única o exigir adhesión a un relato oficial, sino entregar a las nuevas generaciones un patrimonio común desde el cual puedan discutir, disentir y reflexionar. 

Las tradiciones patrias cumplen, en este sentido, una función que trasciende las diferencias políticas circunstanciales para la construcción de nuestra identidad y la formación de ciudadanía.

 Una bandera, un himno, o el recuerdo de quienes participaron en la formación de la República son expresiones de una memoria colectiva que puede contribuir a fortalecer nuestro sentido de sociedad.

La escuela tiene un rol fundamental en ello. No debe decirnos qué tenemos que pensar sobre nuestro pasado, pero sí debe procurar que no lo olvidemos.

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