viernes, 4 de septiembre de 2026

Territorio, arte y ciencia marcan el primer módulo presencial de Microcuradurías

Durante julio, entre saberes ancestrales, observación astronómica y exploración de los ecosistemas del río Loa, estudiantes del diplomado Microcuradurías participaron en el primer módulo presencial del programa, desarrollado en Chiu Chiu, oasis ubicado en el corazón del desierto de Atacama.

La experiencia reunió diversas disciplinas vinculadas al territorio, permitiendo a los participantes profundizar en la relación entre arte, naturaleza, patrimonio, ciencia y cultura, a través de actividades de exploración y experimentación.

La semana comenzó con una aproximación al cielo, las cosmovisiones y la astronomía occidental, guiada por la profesora de historia y geografía Silvia Lisoni, quien administra el observatorio Paniri Caur. La instancia invitó a reflexionar sobre las distintas formas en que las sociedades han interpretado el universo a lo largo del tiempo.

Al día siguiente, la jornada se inició con el taller de alfarería La tierra. De lo impuro, impartido por la cultora indígena Lickanantai y educadora tradicional de Toconce, Cecilia Mendoza, quien compartió conocimientos ancestrales y enseñó técnicas de modelado manual en greda. “Ha sido una experiencia de volver a reencantarme con la niñez y poder explorar la creatividad. 

A veces uno se coarta de darse un tiempo propio y esta actividad genera paz. Además, creó instancias comunitarias que me permitieron conocer más al grupo y darme cuenta de que yo también puedo generar una pieza que tenga valor intrínseco”, comentó Eduardo Araneda, estudiante del diplomado.

Posteriormente, junto a Silvia Lisoni, el grupo recorrió el casco histórico patrimonial de Chiu Chiu, visitando sus calles y la Iglesia San Francisco, considerada el templo religioso más antiguo de Chile, símbolo de la historia y los procesos culturales que han marcado a la localidad a lo largo de los años.

La jornada culminó con Ecosistemas de resistencia: explorando el río Loa, que por primera vez se sumó a las asignaturas del diplomado. El curso fue liderado por Gladys Hayashida, investigadora, divulgadora y directora de Ciencia, Tecnología y Sociedad (C-TyS) de la Universidad de Antofagasta, junto a la bióloga marina Nataly Lobos Parra, especialista en ecosistemas acuáticos del norte de Chile.

A través de una mirada microbiológica del territorio, ambas académicas introdujeron a los estudiantes en las dinámicas de resiliencia presentes en el principal río del desierto más árido del mundo.

“Considero que esta instancia, donde existe un contenido científico que permite inspirar a artistas, es algo sumamente valioso. Desde la comunicación pública de las ciencias, poder vivir y percibir cómo se desarrolla un proceso artístico gatillado por contenidos científicos resulta una experiencia muy significativa”, expresó Hayashida.

En el transcurso de la semana, los estudiantes continuaron desarrollando sus piezas de alfarería y profundizando en la exploración del río Loa. Mediante caminatas, ejercicios de observación profunda y experiencias sensoriales, fueron invitados a escuchar, observar y conectar con su entorno, mientras conocían la biodiversidad del ecosistema desde escalas macro hasta microscópicas.

Para Nataly, la experiencia permitió entablar una nueva visión para estudiar ciencia. “Me pareció muy interesante este cruce entre ciencia y arte. Cuando uno investiga, el río pasa a ser un objeto de estudio y la mirada suele ser netamente empírica. Me impactó descubrir cómo desde el arte puede observarse de otra manera. Pude conectar conmigo misma y eso abrió una nueva perspectiva sobre cómo abordar la ciencia de aquí en adelante”, señaló.

Los cielos que brinda el desierto promueven una amplia contemplación al cosmos, es por ello que el astrofísico José Ricra, compartió una aproximación a las cosmovisiones del altiplano desde la astronomía, reflexionando sobre las múltiples formas de interpretar la inmensidad del universo. 

Durante los últimos días del viaje se realizó la tradicional quema de cerámica, técnica ancestral que permitió solidificar las piezas elaboradas durante el taller de alfarería. 

Asimismo, los alumnos presentaron una muestra final de trabajos desarrollados en la asignatura Ecosistemas de resistencia: explorando el río Loa, dando cuenta de los aprendizajes y reflexiones surgidos durante la semana.

De esta manera, en medio del desierto de Atacama y a orillas del río Loa, los estudiantes de Microcuradurías III vivieron una intensa experiencia de inmersión territorial donde astronomía, cosmovisión andina, alfarería, microbiología y patrimonio se entrelazaron para ampliar las formas de comprender, habitar y relacionarse con el paisaje del norte del país. Ya en octubre, se encontrarán nuevamente en la presencialidad en el segundo módulo que contempla la presentación de su trabajo final y posterior certificación.

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