¡Lo logramos! Con el último
“corte”, celebramos con orgullo el fin de rodaje de Que Se Acabe Todo. Ha
sido un viaje de precisión técnica y compromiso artístico donde cada
departamento operó como una sola pieza para sostener un gran plano secuencia.
Este hito no habría sido
posible sin la confianza de nuestros socios, el virtuosismo de un elenco
estelar y la entrega de un equipo técnico que transformó oficinas reales en
laberintos de tensión financiera.
En este newsletter, les
compartimos las historias detrás de cámara: desde la magia de las elipsis
invisibles hasta la convicción de quienes creen que hacer cine es un necesario
acto de resistencia.
El arte de la
elipsis invisible: Por qué Que Se Acabe Todo se filmó en un gran
plano secuencia
La decisión de rodar la
película en un solo plano secuencia no fue un capricho estético, sino una
solución creativa ante el desafío de filmar un fraude financiero donde el
“cuerpo del delito” son datos y correos.
Al eliminar el corte, el
espectador experimenta la misma inercia y vértigo que los personajes, quedando
atrapado en una coreografía ininterrumpida que no permite pausas ni respiros.
Sin embargo, el gran truco de
la cinta radica en el concepto de “elipsis invisible”. Utilizando su
experiencia previa como mago, el director Moisés Sepúlveda logra ocultar el
paso de meses y años a plena vista, permitiendo que el tiempo se comprima sin romper
la fluidez visual.
Es una técnica de montaje
interno donde el cine y la magia se funden para narrar el auge y la caída de
los protagonistas en un solo movimiento.
Los delitos económicos no
tienen sangre, ni pistolas, ni grandes persecuciones. Tienen archivos Excel,
correos electrónicos y reuniones a puerta cerrada.
El desafío de Que Se
Acabe Todo era evidente: ¿Cómo filmar la adrenalina de un fraude
financiero cuando el “cuerpo del delito” es un dato?
La respuesta de Moisés
Sepúlveda, director de la cinta, no fue buscar la acción afuera, sino tensar la
forma adentro.
La película, inspirada en el
mediático Caso La Polar, se presenta como un gran plano secuencia: una
coreografía ininterrumpida donde el espectador casi ni puede pestañear.
Pero a diferencia de
referentes recientes como 1917 o la serie Adolescence, que
buscan el tiempo real, la apuesta de JUNTOS es más radical: usar el plano
secuencia para comprimir el tiempo.
La decisión no nació de un
deseo estético, sino de la realidad de la industria. En vísperas del green
light, el equipo se enfrentó a la encrucijada clásica del cine independiente:
el guion ideal versus el presupuesto real.
“En esta película se dio el
virtuoso caso en donde la modificación formal es lo que ajustó el presupuesto”,
confiesa Moisés.
Filmar de manera fragmentada
(plano contra plano) implica largas horas de reiluminación y montaje de set
para obtener solo minutos de material útil al día. El plano secuencia, aunque
exige ensayos teatrales exhaustivos y un margen de error casi nulo, permite un
rodaje más ágil.
Sin embargo, había un problema
narrativo: la historia del fraude abarca años, y el plano secuencia es, por
definición, esclavo del “ahora”. Aquí es donde entra la experiencia de Moisés
como mago, oficio al que se dedicó por 10 años antes del cine.
“Si estoy contigo y veo a
alguien caminar hasta sentarse, eso es cine. Pero si de pronto, ¡puf!, la
persona aparece sentada a nuestro lado, eso es magia”, ilustra. “El truco está
en esconder el tiempo en que la persona caminó. En esta película hacemos eso:
ocultamos el paso de los meses a plena vista”.
Utilizando el concepto
de misdirection (control selectivo de la atención), la película
esconde las elipsis a plena vista. La cámara gira, un objeto cruza el lente, y
al volver al personaje, han pasado meses.
“Eso permite que un personaje
pueda salir embarazada de cuadro y entrar por la puerta con su bebé en brazos
sin que haya un corte”, detalla el director. Es una técnica de “montaje
interno” que permite contar el auge y caída de los protagonistas sin interrumpir
el flujo visual.
Más allá de la ingeniería
técnica, la decisión tiene un fondo político y emocional. Que Se Acabe
Todo narra el viaje moral de ejecutivos que cruzan la línea ética
empujados por la ambición.
Para Moisés, el plano
secuencia es particularmente útil a la hora de transmitir ese vértigo. Al
eliminar el corte, que en el cine funciona como un respiro o una pausa lógica,
el espectador queda atrapado en la misma inercia que los personajes. “La gracia
del plano secuencia es no perder la tensión y la realidad”, afirma.
Al obligar a la audiencia a vivir la crisis en un continuo, sin escapatoria visual, la película subraya su tesis final sobre la memoria de Chile: hay historias de las que no deberíamos poder apartar la vista.


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