Desde la asistencia de
dirección que marcó los tiempos exactos de entrada y salida, hasta el diseño de
producción que creó mundos funcionales para una cámara de 360°, el rodaje fue
un ejercicio de precisión colectiva.
Los productores Pancho Hervé y
Felipe Egaña, socios de JUNTOS, lideraron esta compleja ingeniería para
transformar la ambición técnica en una realidad cinematográfica.
Su labor permitió que Moisés
Sepúlveda, también socio de la productora, se concentrara en la visión
artística, mientras un equipo técnico coreografiado hasta el último detalle
aseguraba que la ficción se mantuviera en pie, demostrando que el cine es, ante
todo, un oficio de colaboración absoluta.
La orquesta
invisible que sostuvo el rodaje de Que Se Acabe Todo
Mientras la cámara no se
detiene, un engranaje de precisión opera a sus espaldas. Así funcionó el equipo
que levantó este plano secuencia.
Rodar en plano secuencia
impone una condición técnica implacable: no hay corte que salve un error. En “Que
Se Acabe Todo”, la continuidad no es un adorno, es una estructura y una
coreografía que sincroniza cada departamento con precisión.
Mientras Paulina García y el
elenco se llevan el peso dramático, detrás de cámara opera un equipo encargado
de la logística, la luz y el ritmo, asegurando que esta maquinaria funcione sin
interrupciones.
En una película convencional,
los trucos se pueden esconder en el montaje. Aquí, todo está expuesto. Ese es
el desafío que asumió Mauro Veloso (Mis Hermanos Sueñan Despiertos,
Penal Cordillera, Baby Bandito) en la Dirección de Fotografía. Junto
a su equipo estuvo a cargo de iluminar un mundo en 360°, mientras maniobraba la
cámara como un bailarín para no tropezar con la historia.
A su lado, construyendo este
retail en decadencia, estuvo Marichi Palacios (Baby Bandito, 42 Días
en la Oscuridad, Matar a Pinochet) en El Diseño de Producción. Su trabajo
no es solo estético, es funcional: cada objeto, cada mueble y cada textura debe
resistir el escrutinio de una cámara que no deja de mirar, creando un universo
verosímil que envuelve a los personajes sin darles respiro.
Si la cámara es el ojo, el
equipo de dirección y producción es el sistema nervioso. Ramiro
Zamorano (Eterno), como Asistente de Dirección, tuvo quizás el
trabajo más estresante del set: ser el guardián del ritmo, el encargado de que
tanto el elenco como el equipo técnico entren y salgan en el segundo exacto,
orquestando un ballet en tiempo real.
A cargo del escenario para
esta coreografía estuvo Natalia Peña (Los Mil Días de Allende, La
Casa De Los Espíritus), jefa de Locaciones, quien debió encontrar espacios
que no solo narran la historia, sino que permitieran técnicamente un recorrido
continuo, sin cortes.
Y para que la maquinaria no se
detuviera, Mauro Melo (Gran Avenida, el segundo largometraje de
Moisés Sepulveda) como jefe de Producción gestionó que todo estuviese
disponible para filmar, asegurando que el equipo tenga las condiciones
necesarias para trabajar y atendiendo cualquier contratiempo que surja sobre la
marcha.
Sosteniendo la estructura estuvieron Pancho Hervé y Felipe Egaña, productores de la película y socios de JUNTOS. Por un lado, Pancho actuó como el aliado estratégico a pie de monitor, trabajando de cerca la visión de Moisés Sepúlveda; mientras tanto, Felipe, desde la Dirección de Producción, lideró la ingeniería del rodaje, transformando la ambición de la cinta en una operación viable y real.
Lo que ocurrió en el rodaje fue un ejercicio de precisión colectiva. Bajo la dirección de Moisés Sepúlveda, Que Se Acabe Todo concluyó su filmación con un equipo técnico coreografiado para sostener la ficción de principio a fin, sin costuras visibles.
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