domingo, 25 de enero de 2026

La orquesta invisible que sostuvo el rodaje de Que Se Acabe Todo

Detrás de la fluidez que se verá en pantalla, operó un equipo de profesionales que coordinaron cada segundo del rodaje.

Desde la asistencia de dirección que marcó los tiempos exactos de entrada y salida, hasta el diseño de producción que creó mundos funcionales para una cámara de 360°, el rodaje fue un ejercicio de precisión colectiva.

Los productores Pancho Hervé y Felipe Egaña, socios de JUNTOS, lideraron esta compleja ingeniería para transformar la ambición técnica en una realidad cinematográfica.

Su labor permitió que Moisés Sepúlveda, también socio de la productora, se concentrara en la visión artística, mientras un equipo técnico coreografiado hasta el último detalle aseguraba que la ficción se mantuviera en pie, demostrando que el cine es, ante todo, un oficio de colaboración absoluta.

La orquesta invisible que sostuvo el rodaje de Que Se Acabe Todo

Mientras la cámara no se detiene, un engranaje de precisión opera a sus espaldas. Así funcionó el equipo que levantó este plano secuencia.

Rodar en plano secuencia impone una condición técnica implacable: no hay corte que salve un error. En “Que Se Acabe Todo”, la continuidad no es un adorno, es una estructura y una coreografía que sincroniza cada departamento con precisión.

Mientras Paulina García y el elenco se llevan el peso dramático, detrás de cámara opera un equipo encargado de la logística, la luz y el ritmo, asegurando que esta maquinaria funcione sin interrupciones.

En una película convencional, los trucos se pueden esconder en el montaje. Aquí, todo está expuesto. Ese es el desafío que asumió Mauro Veloso (Mis Hermanos Sueñan Despiertos, Penal Cordillera, Baby Bandito) en la Dirección de Fotografía. Junto a su equipo estuvo a cargo de iluminar un mundo en 360°, mientras maniobraba la cámara como un bailarín para no tropezar con la historia.

A su lado, construyendo este retail en decadencia, estuvo Marichi Palacios (Baby Bandito, 42 Días en la Oscuridad, Matar a Pinochet) en El Diseño de Producción. Su trabajo no es solo estético, es funcional: cada objeto, cada mueble y cada textura debe resistir el escrutinio de una cámara que no deja de mirar, creando un universo verosímil que envuelve a los personajes sin darles respiro.

Si la cámara es el ojo, el equipo de dirección y producción es el sistema nervioso. Ramiro Zamorano (Eterno), como Asistente de Dirección, tuvo quizás el trabajo más estresante del set: ser el guardián del ritmo, el encargado de que tanto el elenco como el equipo técnico entren y salgan en el segundo exacto, orquestando un ballet en tiempo real.

A cargo del escenario para esta coreografía estuvo Natalia Peña (Los Mil Días de Allende, La Casa De Los Espíritus), jefa de Locaciones, quien debió encontrar espacios que no solo narran la historia, sino que permitieran técnicamente un recorrido continuo, sin cortes.

Y para que la maquinaria no se detuviera, Mauro Melo (Gran Avenida, el segundo largometraje de Moisés Sepulveda) como jefe de Producción gestionó que todo estuviese disponible para filmar, asegurando que el equipo tenga las condiciones necesarias para trabajar y atendiendo cualquier contratiempo que surja sobre la marcha.

Sosteniendo la estructura estuvieron Pancho Hervé y Felipe Egaña, productores de la película y socios de JUNTOS. Por un lado, Pancho actuó como el aliado estratégico a pie de monitor, trabajando de cerca la visión de Moisés Sepúlveda; mientras tanto, Felipe, desde la Dirección de Producción, lideró la ingeniería del rodaje, transformando la ambición de la cinta en una operación viable y real.

Lo que ocurrió en el rodaje fue un ejercicio de precisión colectiva. Bajo la dirección de Moisés Sepúlveda, Que Se Acabe Todo concluyó su filmación con un equipo técnico coreografiado para sostener la ficción de principio a fin, sin costuras visibles.

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