La iniciativa permitirá
utilizar cruceros turísticos como plataforma científica para el monitoreo
continuo del océano Austral, reforzando el papel de la Región de Magallanes en
el conocimiento y protección del medioambiente antártico.
El encuentro reunió a
representantes del mundo científico, autoridades regionales y del sector
privado, en torno a una de las primeras alianzas público-privadas del país para
el estudio de las aguas antárticas.
Este convenio permitirá
instalar un sistema de monitoreo autónomo FerryBox en el Magellan Discoverer de
Antarctica21, primer buque híbrido con capacidades polares construido en
América, desarrollado en los astilleros de ASENAV en Valdivia. El equipo fue adjudicado
por INACH y universidades asociadas a través del XIII Concurso de Equipamiento
Científico y Tecnológico Mediano FONDEQUIP 2024 de la Agencia Nacional de
Investigación y Desarrollo (ANID).
El director nacional del
INACH, Gino Casassa, resaltó que la alianza con Antarctica21 representa una
oportunidad inédita para que el operador estatal colabore con el sector privado
en materia de investigación.
Aprovechó de recalcar que el
uso de cruceros turísticos como plataforma científica permite trabajar sobre
rutas de navegación que se repiten durante gran parte del año.
“Esta es una tremenda
oportunidad de disponer de estos instrumentos modernos que son capaces de medir
distintas variables a lo largo del trayecto, y de esa manera potenciar aún más
los estudios, no solo del sur antártico chileno, sino de la comunidad nacional
e internacional, porque los datos van a ser finalmente públicos”, señaló.
También recordó que, aunque el
INACH cuenta con un grupo pequeño de científicos propios, coordina una
comunidad nacional de más de 300 investigadoras e investigadores y más de cien
colaboradores extranjeros, quienes también se verán beneficiados con la información
generada por el proyecto.
El instrumental contempla una
inversión estimada de 398 millones de pesos y está diseñado para operar de
manera continua y autónoma a bordo de la embarcación. Durante la navegación
medirá variables como temperatura, salinidad, oxígeno disuelto y otros parámetros
físico-químicos de la superficie del mar.
El investigador del INACH y
coordinador responsable del proyecto, Francisco Santa Cruz, destaca que
“gracias a las rutas regulares de navegación, el sistema recopilará datos a lo
largo de los trayectos entre el sur de Chile, el mar de Weddell y la península
Antártica hasta el interior del círculo polar.
Esto permitirá disponer de
información con alta resolución espacial y temporal en sectores donde hoy los
registros son escasos y costosos de obtener. Todos los datos generados
contribuirán a diversas iniciativas impulsadas por Chile para el monitoreo y protección
del ecosistema, entre ellas, la red de sensores latitudinales y la propuesta de
un Área Marina Protegida en la península Antártica”.
El director de la Fundación
Antarctica21, Edgardo Vega, explicó que uno de los mayores desafíos de la
ciencia antártica es contar con más datos, tanto en extensión geográfica como a
lo largo del año.
También destacó que el
FerryBox aprovechará que los barcos operan alrededor de 300 días al año,
cubriendo una amplia zona del océano Austral. El uso de la nave representa un
aporte de financiamiento muy significativo, del orden cercano a los 6.000
millones de pesos anuales valorizados.
Uno de los grandes desafíos
para la comunidad científica mundial es disponer de datos suficientes sobre el
océano Austral. Iniciativas como el Southern Ocean Observing System (SOOS) o
Insync buscan a través de la colaboración ampliar la recolección y entrega de
observaciones físicas, químicas y biológicas para que todos los actores tengan
acceso a los datos que sostienen decisiones públicas y privadas.
No es casualidad que la
comunidad global esté empujando el modelo de “ships of opportunity”: en abril
de 2025, la UNESCO-IOC/GOOS acaba de respaldar buenas prácticas para reclutar
embarcaciones no científicas, precisamente para reducir costos y aumentar cobertura,
garantizando estándares de instalación, seguridad y gestión de datos.
En otras palabras: lo que
Chile pone en marcha aquí es coherente con la dirección en que se mueve la
observación oceánica mundial.
Ciencia sin huella
de carbono
Vega comentó, además, que
Antarctica21 opera con una logística que mide su huella de carbono y la
compensa en proyectos de conservación, de modo que los viajes del buque
permiten realizar ciencia en un esquema de carbono neutralidad.
En efecto, Antarctica21 opera
con una logística que mide anualmente su huella de carbono y la compensa en
proyectos de conservación y captura de CO2. De este modo, este programa puede
abrir una línea sin precedentes: datos oceanográficos antárticos obtenidos bajo
un marco explícito de responsabilidad climática, conectando observación,
transparencia y acción.
Sobre el impacto del convenio,
Vega enfatizó la importancia de este vínculo para el trabajo de la Fundación y
del país.
“Yo diría que los impactos más
relevantes, además de aportar al conocimiento científico para la toma de
decisiones sobre Antártica, desde la perspectiva de nuestra Fundación, es que
vamos a establecer un trabajo colaborativo con la principal institución que por
ley tiene que desarrollar ciencia en Antártica”.
Desde la empresa, el presidente
del Directorio de Antarctica21, Jaime Vásquez, valoró que la operación
turística de la compañía se convierta también en una plataforma para la
ciencia.
Recordó que sus buques
permanecen la gran mayoría del año en el mar austral. El ejecutivo recalcó que
este convenio era una aspiración que venían buscando hace tiempo. “Lo
anhelábamos, la verdad.
Hace rato queríamos firmar con
el INACH algún convenio de colaboración, porque el hecho de estar nosotros casi
300 días presentes en todo el mar austral es una plataforma que no se da, no es
habitual”.
A juicio de Vásquez, este
acuerdo contribuye a consolidar el rol de Chile como uno de los grandes
generadores de datos climáticos sobre la Antártica. Al mismo tiempo, refuerza
el compromiso de la compañía con un turismo responsable que integra la ciencia
y la educación en su operación.
En esta misma línea, la seremi
de Ciencia de la Macrozona Austral, Verónica Vallejos, destacó que este
convenio es un hito en la vinculación público-privada en ciencia antártica, en
línea con los esfuerzos del Gobierno por impulsar este tipo de colaboración.
Agregó que, en un contexto
donde la mayor parte de la investigación se financia con recursos públicos, que
una empresa local como Antarctica21 se articule con el INACH desde Magallanes
refuerza el rol de la región como una de las principales puertas de entrada a
la Antártica para programas de distintos países.
Con esto el proyecto Ferry Box
Antártico se proyecta como una herramienta clave para comprender mejor el
océano Austral y sus impactos en el clima global, fortaleciendo al mismo tiempo
la cooperación entre Estado, academia y sector privado. Este convenio reafirma
el rol de Magallanes como actor central en la ciencia y la protección ambiental
del Continente Blanco.
El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).


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