Para sus socios, ver filmada
una historia de fraude es un recordatorio necesario de por qué su tecnología de
cumplimiento es vital para evitar que casos como el de La Polar se repitan.
Desde AdmiralOne destacan que
la nueva Ley de Delitos Económicos ha cambiado las reglas del juego,
introduciendo penas de cárcel efectivas y la posibilidad de disolución para las
empresas que no mantengan controles éticos.
Apoyar este proyecto
audiovisual es, para ellos, una forma de educar sobre la transparencia y de
validar que la impunidad corporativa ya no tiene espacio en el Chile actual.
Porque Admiral One
convirtió sus oficinas en el set de Que Se Acabe Todo
Mientras las cámaras y el
equipo de JUNTOS recorren sus pasillos, los socios de Admiral One detallan cómo
su tecnología busca impedir que el caso La Polar se repita en la vida real.
Prestaron sus oficinas en el
Paseo Ahumada para filmar Que Se Acabe Todo, pero su vínculo con la
película va más allá de los metros cuadrados. Para los socios de Admiral
One, esta historia es el ejemplo perfecto de lo que dedican su vida a evitar.
Ese compromiso con la
integridad no se quedó en el discurso. Admiral One abrió literalmente las
puertas de sus oficinas en Paseo Ahumada para que la producción tuviera un
escenario real. Al prestar su espacio para el rodaje, la consultora no solo
facilita la logística, sino que valida la urgencia de contar esta historia.
“El caso La Polar representa
todo lo que tratamos de evitar”, declara Jorge Álvarez, CEO de Admiral
One. “Estaba podrido desde la directiva hacia abajo.
Había incentivos perversos y,
sobre todo, no había canales seguros para denunciar. Si alguien quería hablar,
tenía que ir donde el mismo jefe que estaba cometiendo el fraude o dejar un
papel en un buzón en el baño”.
En palabras simples, su
empresa funciona como un “seguro” de conducta corporativa. Si las personas
tienen reglas básicas (no matar, no robar, no pasarse un rojo), las empresas
también.
El problema es que, en el
mundo corporativo, cumplir esas reglas solía ser un trámite de papel o un Excel
olvidado. Admiral One digitaliza ese proceso para convertirlo en un sistema de
alerta temprana.
El “Pepe Grillo”
digital y la pena de muerte corporativa
Históricamente, el área
de compliance (cumplimiento) era el vagón de cola de las empresas,
vista solo como burocracia. AdmiralONE busca cambiar eso actuando como el “Pepe
Grillo” de las organizaciones: una conciencia digital que te dice qué se puede
hacer y qué no, y además, deja registro de todo.
La clave es la trazabilidad.
En el caso La Polar, las actas de directorio se podían modificar o las
denuncias se perdían en el camino. “Lo que buscamos es que no se puedan
maquillar los papeles”, cuenta José Camus, COO de la empresa. Su sistema digitaliza
actas, denuncias y procesos de aprobación, creando una huella imborrable. Si
alguien aprueba algo indebido, queda registrado quién fue, cuándo y cómo.
El escenario ha cambiado
drásticamente con la nueva Ley de Delitos Económicos (21.595). Se acabaron las
“clases de ética”. Ahora, los ejecutivos pueden enfrentar penas de cárcel
efectiva de hasta 20 años sin atenuantes por conducta irreprochable.
Pero el riesgo no es solo para
las personas, sino para la empresa misma. La ley introduce un concepto que en
Admiral One llaman la “pena de muerte a la persona jurídica”.
Si una empresa no demuestra
tener un control interno robusto y comete delitos graves, puede ser disuelta
forzosamente: se venden los activos, se cierran las llaves y se acaba el
negocio.
“Hoy día, la única medida real para protegerse es digitalizar y automatizar el control”, concluye José Camus. Apoyar Que Se Acabe Todo es parte de esa cruzada: mostrar la brutalidad de un fraude para educar sobre la necesidad urgente de la integridad.
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