sábado, 19 de noviembre de 2016

Mujeres y testamentos: vocación de memoria



Con el nombre de testamento se denomina un documento que contiene las manifestaciones hechas por una persona sobre sus últimas voluntades (llamadas también memorias testamentarias).

Dichas manifestaciones son de origen frecuente y exponen, la declaración voluntaria que dicta o escribe una persona sobre sus últimas voluntades de carácter religioso, moral, social o sobre sus propiedades personales. En el testamento se indica a quienes se han de entregar bienes, prendas u objetos particulares y como y donde han de recibir sepultura los restos de quien hace testamento. En este documento también se planifican las honras fúnebres del testador/ a y se legan las mandas pías correspondientes, poniendo gran énfasis y asegurándose el/la testante que se cumplan.

Las memorias testamentarias, son valiosas para quien las hace ya que es el acto por el cual una persona dispone para después de su muerte el destino o destinatarios de todos sus bienes o de parte de ellos. La testadora puede disponer de sus bienes a titulo de herencia o de legado y también, vale la disposición hecha a titulo universal o herencia si su voluntad sobre transmitir sus bienes es clara y contundente.

Por lo anterior, de los testamentos femeninos se obtiene información de gran valor que permite conocer parte del quehacer cotidiano de la mujer y de la memoria colectiva de esos grupos familiares.

La memoria colectiva se va formando con la suma memorias individuales, que se van enlazando para dar lugar a nuestra historia local, nuestra “intrahistoria”. Para James E. Young existe la noción de "legado de la memoria (en oposición a la memoria colectiva), la memoria de marcado de por sí fragmentado, recopiladas y de carácter singular, mientras que Jan Assmann desarrolla la noción de "memoria comunicativa", una variedad de la memoria colectiva basada en la comunicación cotidiana.

Este tipo de memoria es similar a los intercambios en una cultura oral o las memorias recogidas (y hechas colectivas) a través de la historia oral. También, Assman menciona como memorias colectivas a formas separadas de todos los días, esto pueden ser especialmente puntos fijos o materializados, como por ejemplo textos y monumentos.

Es así como en el libro “Autonomía y subordinación. Mujeres en Concepción, 1840 y 1920 publicado por LOM Ediciones y escrito por Alejandra Brito Peña, tiene como objetivo poner en discusión el hacer de las mujeres, estudiando sus acciones a fin de comprender cómo funcionaba, en determinados aspectos, la sociedad penquista incluida el centro urbano y un amplio espacio rural que lo circunda y además, con el fin de averiguar los valores religiosos, morales, familiares, sociales y personales de las testantes.

Es decir, se quiso estudiar el papel de la mujer y su repercusión social, en la sociedad de la época en la que se escribieron los testamentos, estudiando la historia de las mujeres desde una perspectiva de género como centro de la investigación desarrollada por la académica Alejandra Brito, que quiso incorporar a las mujeres como sujetos históricos para ver cómo se movían en el espectro social de la época estudiada. Para ello, se recogieron un total de 2.573 testamentos desde los Archivos notariales de Concepción, de mujeres que testaron entre 1840 y 1920.

En estos documentos, se encuentra información que permite entender devociones religiosas o estado civil que establecen vínculos familiares, las costumbres de la época y descubrir las relaciones afectivas de la testante a través de la forma en la que nombran y enumeran los diversos objetos que aparecen reflejados en el testamento.

Además, en estos documentos se puede inferir información relativa al casamiento de los hijos, valores de arraigo familiar, discreción de las testadoras, estado civil que poseen los herederos, sexo de los hijos, número de ellos fallecidos, el grado de cohesión familiar que rodeaba a estas mujeres, su estatus social, ciertos aspectos de la economía, filosofía de vida, etc. testamentos femeninos es que a través de ellos se pueden conocer las invocaciones religiosas mas difundidas en el entorno o quienes son los santos con devoción mas arraigada además,  de información sobre festividades religiosas, mandas perpetuas establecidas y el tratamiento que las testantes dan a las mismas al establecer quienes se han de responsabilizar de dichas mandas.

Importante es el hecho de que estos documentos además de entregar datos notables se da a conocer el derecho de las mujeres a sin el permiso del hombre.

La mujer siempre necesito la aprobación y permiso de un hombre para que sus decisiones tuvieran valor jurídico ya que en general, este hombre era su padre o su marido y al no tener una formación y educación formal y al habérsele asignado tradicionalmente el papel de madre de familia a cargo de los asuntos familiares, muchas mujeres no sabían escribir como los hombres de su nivel social.

Entonces, los testamentos notariales son, documentos especialmente significativos, no solo porque recogen la voluntad de la testadora, sino porque reflejan una actitud singular y precisa al considerar la situación jurídica en que las mujeres redactan sus testamentos.

Uno de los hallazgos del análisis realizado es que en vez de expresar miedos ante la muerte, tienen una actitud de aceptación de la muerte con gran serenidad y como el hecho natural que es.

Los herederos legítimos e universales son o sus hijos o sus sobrinos y es frecuente que además, convierta en herederos y reparta sus prendas personales y objetos valiosos entre algunos familiares de tercer grado y sus criadas, aclarando, en el segundo caso, que es por los años de fiel servicio que le han prestado y por el cariño con el que han sido tratadas por estas sirvientas demostrando que a pesar de las distancias marcadas por la jerarquía social,  había una corriente afectiva entre ambas.

Asunción Lavrin y Edith Couturier afirman que el testamento femenino es como "la huella de una vida individual donde estarían reflejados los pasos y etapas que se han recorrido en la vida (nacimiento, matrimonio, maternidad, etc.) y el deseo de prolongar esa huella en las etapas que restan (la muerte, la eternidad y por supuesto, la memoria) ya que la mejor forma de asegurar y encausar el recuerdo era mediante el afecto”.

Con el poder de testar sin la autorización del marido, no sólo se puede vislumbrar una independencia y progreso que imperaba en la sociedad, sino que también una mentalidad femenina madura, inteligente, con un sentido del deber, compromiso con la familia, capacidad de justicia en el reparto de sus bienes poniendo por encima de todo la buena armonía y entendimiento de la familia que le sobrevivía.

Estos documentos permiten apreciar, el verdadero papel de la mujer en la sociedad, sus limitaciones y sus opciones en un ambiente con estructuras cerradas y asentadas en el ámbito legislativo, religioso o cotidiano en el que se favorece claramente el poder de actuación de los hombres mientras se devalúa el de las mujeres.

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