Más allá del homenaje de calendario, vale la pena volver a su origen: una maestra que puso la infancia en el centro, no como una etapa pasajera, sino como un espacio clave en la formación de las personas.
No solo escribió sobre niños y niñas; trabajó con ellos, los observó y los escuchó. Comprendió —mucho antes de que las políticas públicas lo pusieran en cifras— que el vínculo, la palabra y el acceso a la lectura no eran un lujo, sino una base para la vida.
Hoy, cuando
los hábitos lectores se debilitan y con ello se resienten aprendizajes,
desarrollo emocional y oportunidades futuras, su mirada centenaria vuelve a ser
urgente.
En ese cruce —lectura, juego y vínculo— es donde hoy se vuelve imprescindible actuar. No como gesto simbólico, sino como una inversión concreta en el desarrollo del país.
Cuando un niño o
niña accede a la lectura, no solo mejora su desempeño académico: amplía su
horizonte, fortalece su autoestima y proyecta nuevas posibilidades.
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| Carmen de la Maza |
En un contexto donde las brechas
se abren desde temprano, intervenir a tiempo es decisivo.
Nuestra primera Premio Nobel
lo dijo con claridad: “Hacer leer como se come todos los días, hasta que la
lectura sea como el mirar, un ejercicio natural, pero gozoso siempre.”
Quizás el verdadero homenaje sea, justamente, lograr que esa mirada se transforme en práctica y siga viva en lo cotidiano..
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