La muestra presenta una instalación de
pinturas sobre papel y tela que reflexiona sobre los jardines urbanos como
espacios donde se entrelazan lo humano y lo vegetal.
Con curaduría de Nathalie
Goffard, la obra propone una reflexión sobre cómo la percepción del paisaje se
transforma al desplazarse entre territorios.
Según la curadora, “Un
país sin otoño da cuenta de cómo una mirada acostumbrada al clima mediterráneo,
con sus marcadas cuatro estaciones, se ve modificada al migrar a un clima
subtropical húmedo organizado por períodos secos y lluviosos.
Agregando que “las vegetaciones pintadas
por Fernanda Luz son refugios dinámicos, densos entramados y superficies casi
cartográficas —más que paisajísticas— con límites aleatorios y bordes difusos,
casi solapables y rizomáticos.”
Financiada por el Fondo
Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Ámbito Nacional de Financiamiento,
convocatoria 2025 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio; la
exposición ‘Un país sin otoño’ interpela, además, la visión
antropocéntrica que invisibiliza el desplazamiento vegetal olvidando que las
plantas viajan propagándose por aire, agua y tierra mediante polinizaciones,
rizomas, semillas, trasplantes o esquejes.
La muestra estará abierta al público hasta el domingo 10 de mayo. Se podrá visitar en la Sala Laboratorio, ubicada en el 3º nivel del Edificio de Difusión del Parque Cultural de Valparaíso – Ex Cárcel, de martes a sábado de 10:00 a 13:30 hrs. y de 15:30 a 18:30 hrs., y los domingos de 13:30 a 18:30 hrs. La exposición es de acceso liberado y apta para personas de todas las edades.
Fernanda Luz
Artista migrante. Trabaja la
pintura de paisaje como espacio intersubjetivo atravesado por fenómenos
históricos, políticos, sociales, culturales y poéticos. Utiliza soportes
fluidos como papeles y textiles que absorben el óleo, transformándose en
objetos recorribles y generando relaciones espaciales cercanas a la
instalación.
Las pinturas sueltas se agitan
e interactúan con la respiración y movimiento del observador, así como con el
viento y la luz.
Su producción agudiza el encuentro con lo nuevo y lo desconocido, o con aquello familiar que se percibe desde otra perspectiva, experimentando el mundo entero como lugar extraño.



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