Después de una temporada
marcada por la alta convocatoria de público y elogios de la crítica, el montaje
dirigido por Héctor Morales y protagonizado por Max Salgado, Adriana Stuven,
Victoria de Gregorio, Francisco Reyes Cristi y Gabriela Hernández entra en su
último fin de semana con tres funciones este jueves 30 y el sábado 2 y domingo
3 de mayo. Entradas en Punto Ticket.
Hay algo profundamente
violento en querer ayudar.
En Becky Shaw, todo
comienza con ese impulso: hacer el bien, intervenir en la vida de otro, empujar
una historia hacia lo que parece correcto. Suzanna (Adriana Stuven) y Andrew
(Francisco Reyes Cristi) organizan una cita para Max (Max Salgado) –su medio
hermano, amigo y problemático– con Becky (Victoria de Gregorio), una mujer que,
en apariencia, podría encajar.
Pero basta una cena para que
todo se desordene. Becky no responde a las reglas. No mide. Dice lo que no se
dice.
Estrenada originalmente en el
Off Broadway de Nueva York en 2008 y finalista del Premio Pulitzer, Becky
Shaw se ha consolidado como una de las comedias más incisivas de las
últimas décadas.
En esta versión, producida por
Teatro Zoco y bajo la dirección de Héctor Morales, el montaje propone un
ritmo ágil y un trabajo actoral afinado que potencia la escritura filosa de
Gionfriddo, donde cada diálogo funciona como un campo de disputa emocional.
El montaje –que además cuenta
con la actuación especial de Gabriela Hernández en el rol de una
singular madre– cierra este fin de semana su primera temporada en Teatro
Zoco con tres últimas funciones el jueves 30 de abril, sábado 2 y
domingo 3 de mayo.
Una comedia incómoda
Ácida y vertiginosa, la obra
de Gionfriddo ha sido valorada por su precisión en el retrato de las relaciones
contemporáneas y su capacidad para tensionar, desde el humor, los códigos
afectivos actuales.
La historia arranca con una
cita a ciegas organizada con las mejores intenciones, pero que rápidamente se
descontrola. Becky, una joven aparentemente encantadora, irrumpe en un grupo de
amigos y familiares, detonando una serie de conflictos, inseguridades y
tensiones acumuladas.
A medida que avanzan las
escenas, la obra revela con ironía y crudeza las fragilidades de los vínculos,
las máscaras sociales y las formas –muchas veces torpes– en que las personas
intentan conectar.
La crítica ha descrito la obra
como “afilada”, “incómoda” y “profundamente actual”, destacando tanto su humor
mordaz como su capacidad para exponer zonas menos visibles de la intimidad.
“Me interesó que la obra
muestra cómo una ayuda mal entendida puede convertirse en una forma de
control. A veces hacemos ‘el bien’ desde nuestras propias heridas o
culpas, no desde lo que el otro realmente necesita.
Esa ambigüedad —entre cuidado,
manipulación y necesidad de sentirse una buena persona— es el corazón emocional
de la obra”, comenta Héctor Morales, director del montaje.
“Trabajamos el humor desde la verdad del conflicto, no como alivio. Trabajamos un ritmo vertiginoso, pero siempre sosteniendo la tensión emocional debajo. La risa aparece por fricción, por incomodidad, y nunca borra el dolor de fondo. Ese equilibrio hace que la comedia sea más honesta y, a la vez, más incómoda”, concluye.
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