La iniciativa, impulsada por
la compañía Teatro La Compota, busca fomentar la lectura, la imaginación y el
juego con el cuerpo en niños y niñas a través de una experiencia escénica que
combina relato, ilustración y participación del público.
La historia narra el encuentro
entre Catalina, una niña profundamente conectada al mundo digital y el señor
Análogo, un adulto que le muestra el valor de la imaginación, la lectura y las
historias contadas en voz alta.
“Me di cuenta que, las niñeces
de hoy, no conocen lo que es el mundo sin internet. Lo natural, lo normal es
vivir con internet todo el tiempo. Con Pedidos Ya, con Uber Eats, con todas
estas cosas que antes no estaban. Y me pareció un tema interesante de abordar”,
comenta Francisca Díaz, directora y dramaturga de la obra.
La propuesta combina narración
oral, música en vivo y el formato kamishibai (un teatrillo de madera donde se
deslizan ilustraciones hechas a mano), dando forma a una experiencia escénica
íntima y evocadora.
A través de la voz de la
narradora, las canciones interpretadas en directo y un conjunto de elementos
visuales, la obra construye un relato que invita a imaginar, escuchar y dejarse
llevar por el ritmo de la historia.
“Las canciones son muy
importantes porque ayudan a presentar a los personajes y a destacar los
momentos clave del cuento. Además, generan un quiebre dentro de la narración,
aportando dinamismo y haciendo que la experiencia sea más lúdica para los niños
y niñas”, explica Javiera Hinrichs, encargada de la creación e interpretación
musical
y agrega que “la música no
solo acompaña la narración, sino que ayuda a construir atmósferas, combinando
canciones y sonidos que hacen la experiencia más dinámica y envolvente”.
El Butai (teatrito de madera
para trabajar el kamishibai), en tanto, fue diseñado especialmente para esta
obra, destacando por su tamaño, mayor al tradicional, lo que permite que más
niños y niñas puedan apreciar las ilustraciones.
“Fue un proceso bien dinámico,
donde definimos colores, medidas y terminaciones para que se integrara
completamente a la estética de la obra”, comenta Joaquín Jarpa, a cargo de la
construcción del teatrillo.
Para la directora y
dramaturga, Francisca Díaz, la narración oral cumple un rol fundamental dentro
de la experiencia: “Es muy importante que los niños y niñas asistan a
experiencias de narración oral, porque se fomenta la sensibilidad artística,
pero sobre todo la escucha. Ahí se desarrollan la imaginación, la empatía y la
capacidad de crear sus propias historias”.
En un contexto donde la
lectura compite con múltiples estímulos digitales, el proyecto propone volver a
lo esencial: la palabra compartida, la escucha,
la imaginación y el juego con el cuerpo.
A través de esta experiencia, las bibliotecas
se reactivan como espacios vivos de encuentro, donde niños y niñas pueden
acercarse a la lectura no como una obligación, sino como una experiencia
significativa, creativa y colectiva.
Para Gisel Sparza, productora de la
circulación, uno de los mayores desafíos ha sido sostener que las funciones se
realicen en este espacio ya que “muchas veces se priorizan espacios más
grandes, pero para nosotros es clave que el público habite la biblioteca, que
las familias y los niños la ocupen de otra manera, y que desde ahí se despierte
también el interés por la lectura”.
Con entrada liberada, la obra
recorrerá distintos espacios culturales del Biobío y Ñuble: el 11 de abril a
las 12:00 horas en la Corporación Cultural de San Pedro de la Paz y a las 16.30
en la librería Marta Brunet; el 17 de abril a las 11:30 horas en el Teatro
Municipal de Arauco; el 18 de abril a las 16:00 horas en el Teatro Municipal de
Coelemu; y el 26 de abril en la Biblioteca Municipal de Concepción, con
funciones a las 12:00 y 16:00 horas.
Para saber más de este y otros
proyectos escénicos, puedes seguir a Teatro la Compota (@teatrolacompota) en
Instagram.

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