En una era dominada por las
pantallas táctiles, los mapas digitales y las carpetas en la nube, la gestación
de Plata Fresca se sostuvo sobre la materialidad. Mucho antes de que las
cámaras encendieran sus luces, el proceso exigió transitar un ritual de papel,
tinta, impresiones fotográficas y recortes.
Este cuaderno, alimentado
también por las búsquedas visuales de colaboradores clave como Marichi Palacios
en la dirección de arte y Mauro Veloso en la dirección de fotografía, funcionó
como una verdadera bodega de ideas y un mapa desplegado en miniatura.
“Para mí era necesario guardar
las referencias en un lugar que yo pudiese abrir y mirar físicamente”, explica
el director Moisés Sepúlveda sobre el valor de esta herramienta. “El cuaderno
de dirección y el diario mural lleno de imágenes son como un mapa en papel: ver
un plano grande te permite ubicarte en el espacio, conectar con el tono y guiar
a todo el equipo de forma concreta. Es la evidencia física de un proceso por el
que una abstracción se vuelve un mundo real”.
Cuando el equipo de arte o el
equipo técnico se enfrentaba a decisiones complejas sobre locaciones, encuadres
o la atmósfera general, la respuesta solía encontrarse abriendo las páginas de
este registro físico.
Para quienes han creído y empujado este viaje desde sus cimientos, este cuaderno es la prueba más sincera de que cada fotograma de Plata Fresca está hecho a pulso. Con la película cruzando sus últimos umbrales de posproducción, queda en evidencia que, detrás de la gran pantalla, existen horas de tinta, obsesión y mucho oficio impreso sobre el papel.

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