La pieza, una de las obras fundamentales del dramaturgo irlandés y Premio Nobel
de Literatura Samuel Beckett, llega a la escena a 65 años de su estreno bajo la
dirección de Álvaro Viguera y con María Izquierdo en el rol protagónico y la
actuación de Rodrigo Lisboa.
Con el humor y la precisión teatral que caracterizan a Beckett, considerado uno
de los precursores del Teatro del Absurdo y recordado por “Esperando a Godot”,
el texto es casi un monólogo encarnado por una mujer de mediana edad atrapada
en un paisaje desértico y bajo un calor implacable. En el primer acto, está
enterrada hasta la cintura; en el segundo, la tierra alcanza su cuello. Su
cuerpo prácticamente no puede moverse, pero su voz no se detiene.
Mientras todo se desmorona y su marido (Lisboa) apenas le responde, ella
(Izquierdo) continúa hablando sin parar y construyendo pequeñas rutinas que la
ayudan en su lucha por dar sentido a su existencia. La situación es terrible,
pero Beckett la aborda con ironía, comicidad y hasta ternura.
"La obra resuena hoy porque anticipó algo muy actual: la erosión del
lenguaje. Aunque hablemos continuamente, pareciera que hoy en día estamos
perdiendo la capacidad de nombrar y transformar la realidad con nuestro
lenguaje", explica Álvaro Viguera, director de esta producción entre GAM y
La Santa.
Winnie, una de las pocas heroínas mujeres presentes en las piezas de Beckett,
es “una mujer muy tierna, optimista y apegada a lo que se supone que es lo
correcto.
A su vez, tiene un gran sentido del humor
y dada la situación de extrema vulnerabilidad en que se encuentra, entra en
espacios de lucidez profundamente existenciales”, cuenta María Izquierdo, quien
en escena enfrenta el desafío de estar inmovilizada, usando solo su voz.
Para la actriz, en esta creación “Beckett ofrece un punto de vista en donde el
absurdo y el humor negro nos permiten mirar de frente el sufrimiento humano.
Sus personajes están expuestos a una
supervivencia austera en espacios estáticos y se las arreglan para
sostenerse con repeticiones que parecen banales, sin embargo al ser el único
recurso disponible, adquieren un valor existencial espeluznante”.
El trabajo de diseño de los arquitectos Sebastián Irarrázaval en la
escenografía y Antonia Peón Veiga en la iluminación, y el de la diseñadora
Loreto Monsalve en vestuario, convierten a la puesta en escena en otro de los
grandes protagonistas de este montaje.
“Esta versión desplaza la dureza de la tierra por una blandura que abraza, intentando invertir el sentido de la prisión, no siempre estamos enterrados bajo lo que odiamos, a veces bajo lo que amamos y no hemos podido soltar. Es un refugio que asfixia con ternura, mientras mayor es la comodidad, más total es la inmovilidad”, adelanta Viguera.
“Los días felices” transforma la espera, la rutina y el absurdo en una conmovedora metáfora de la resistencia humana frente al paso del tiempo, la soledad y la muerte.
23 Oct al 8 Nov. Ju a Sá— 19.30 h. Do— 18.30 h. Entradas en gam.cl
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