El espécimen catalogado como
T-313 y resguardado en la colección de la Universidad de Chile consiste
principalmente en un molde natural de una huella de un pie y una mano
preservado en sedimento volcánico.
Dataciones radiométricas
estiman que posee una antigüedad aproximada de 55,5 millones de años,
correspondiente al periodo Eoceno temprano, 10 millones de años después de la
extinción de los dinosaurios causada por el volcanismo.
“Estas son las primeras
huellas de mamífero conocidas en la Antártica y representan la evidencia más
antigua de un mamífero carnívoro en todo el continente”, expresa Héctor
Mansilla Vera, investigador del Departamento Científico del Instituto Antártico
Chileno (INACH) y autor principal del artículo.
La huella mejor conservada mide apenas dos centímetros de largo y dos de ancho y muestra una postura digitígrada, una almohadilla plantar compacta y al menos tres impresiones digitales. A partir de su morfología, el equipo científico estimó que el animal que la produjo tenía una masa corporal mínima de 1,3 kilogramos.
Aunque la preservación no
permite asignar estas huellas a una especie con total certeza, la combinación
de forma, proporciones y tamaño sugiere que fueron hechas por un pequeño
metaterio esparasodonte (Sparassodonta), un grupo extinto de mamíferos depredadores
hipercarnívoros y de hábitos terrestre-arborícolas, emparentados con los
marsupiales, similares en tamaño y nicho a una comadreja o un tejón.
Hasta ahora, las
reconstrucciones ecológicas de la Antártica durante el período Eoceno situaban
a las gigantescas aves Phorusrhacidae (aves del terror) como los únicos
depredadores terrestres en la península Antártica.
Esta publicación, realizada en
colaboración internacional con investigadores argentinos del Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad
Nacional de La Plata, culmina una trilogía de estudios enfocada en esta zona
antártica destacada por su riqueza paleontológica, protegida como Zona
Antártica Especialmente Protegida (ZAEP 125) e integrada a un área de
protección especial cercana a la base científica Profesor Julio Escudero del
INACH.
Hasta el momento, Fossil Hill
es el único lugar de la Antártica del Eoceno que conserva huellas en un
ambiente continental, lo que lo convierte en un sitio único y de gran valor
patrimonial.
Referencia: Mansilla-Vera, H.,
de Valais, S., Goin, F., Gelfo, J.N. First mammal tracks from the Eocene of
Antarctica. Polar Biology 49,
101 (2026). https://doi.org/10.1007/s00300-026-03539-1
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