En la mitología griega, las
Furias —o Erinias— eran tres diosas hermanas más antiguas y salvajes que los
dioses del Olimpo y que buscaban la justicia castigando a quienes habían
cometido delitos.
Inspirada en esas criaturas,
la dramaturga, directora y actriz Manuela Oyarzún da vida a esta obra que nos
invita a reflexionar sobre la libertad, la violencia, la coherencia y la
tensión de sostener una convicción propia a través del tiempo.
Dirigidos por Víctor Carrasco, Francisca Gavilán y Francisco Pérez Bannen
interpretan a dos seres que desafían la lógica del tiempo y del espacio
cruzando tres épocas -los años 50, los 80 y el presente- en escenarios
distintos: un psiquiátrico, un laboratorio de aves y un teatro.
La pieza toma a Casandra —la princesa de Troya condenada por Apolo a decir la
verdad y a no ser creída— y la saca del mito para instalarla en el tiempo.
La
historia la transforma en una mujer que a través de los años se presenta en
distintos roles –paciente, científica y autora–, va tomando conciencia, se
equivoca, se contradice e incluso participa de aquello que cuestiona.
En el relato, el hilo conductor es la lechuza, ave nocturna, sabia, que no se deja domesticar. En cada época Casandra intenta liberarla y siempre paga un precio por hacerlo. A cambio, encuentra algo que ningún lugar podía darle: la libertad de habitarse.
Oyarzún explica que se trata de una figura “que atraviesa tres tiempos manteniendo viva una ética, y en cada uno el sistema le ofrece un lugar. Ella lo toma, lo habita y descubre lo que ese lugar le exige a cambio. Casandra se permite dudar de sí misma y cambiar de opinión, reorientándose hacia su propio núcleo ético: eso que ningún lugar podía darle”.La obra, según Víctor Carrasco, su director, “toma una figura que creemos conocer, Casandra, y la trae hasta nosotros sin convertirla simplemente en una actualización del mito griego. Habla del poder, de la violencia, de la ciencia, el arte y la libertad, pero también se permite el humor, la contradicción y zonas bastante incómodas. Y tiene algo que para mí es fundamental: no entrega respuestas fáciles”.
“Es una experiencia teatral muy intensa. No se trata solo de dos intérpretes al servicio de una historia que atraviesa tres épocas. Es una puesta en escena donde el cuerpo, la luz, las imágenes, la música y el espacio se nutren de la potencia de las palabras. Me gustaría que el público realice su propio viaje y se pregunte qué tan domesticado está o ha estado durante su vida”, finaliza Carrasco.
2 al 17 Oct
Ju a Sá—19.30 h. Do 18.30 h. Función extra el Sá 17 Oct—17 h. Entradas en gam.cl
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