Son las tres y media de la madrugada. La fiesta terminó, los invitados ya se fueron y en un departamento todavía quedan vasos a medio tomar, restos de comida y el eco de la música. También quedan Laura y Danny.
Ella tiene 38 años, una carrera exitosa, un departamento nuevo y una vida que, al menos desde afuera, parece estar bajo control. Él tiene 42, está divorciado, vive con su madre y carga con una historia familiar quebrada.
Apenas se conocen. Pero cuando Laura
le pide que se quede, una conversación que parecía destinada a durar unos pocos
minutos empieza a avanzar hacia lugares cada vez más inesperados.
Ese es el punto de partida de
Comienzo, obra del dramaturgo británico David Eldridge que llegará al Centro
para las Artes Zoco protagonizada por Josefina Fiebelkorn y Julián Marras, bajo
la dirección de Pablo Halpern.
El montaje será además la
producción encargada de cerrar la programación teatral 2026 de la sala ubicada
en Avenida
La Dehesa 1500, en Lo Barnechea, donde se presentará entre el 23 de octubre
y el 29 de noviembre.
Construida como una larga
escena que transcurre prácticamente en tiempo real, Comienzo sigue el
acercamiento entre dos personas que llegan a los cuarenta años con vidas y
expectativas muy distintas. A medida que avanza la noche, el deseo abre
preguntas sobre la soledad, la maternidad y la paternidad, el miedo al rechazo
y esa edad en que buena parte de la vida pareciera tener que estar ya resuelta.
La obra debutó en 2017 en el
Dorfman Theatre del National Theatre de Londres y, tras una temporada con
localidades agotadas, pasó al año siguiente al West End. Escrita para dos
intérpretes y un solo espacio, observa con precisión esos primeros instantes en
que dos personas deciden –o no– correr el riesgo de acercarse.
Casi una década después de su
estreno, Pablo Halpern cree que la obra dialoga todavía con más fuerza con el
presente: “Creo que Comienzo es más actual hoy que cuando se escribió”,
opina.
“Vivimos rodeados de conexión
y, sin embargo, cada vez cuesta más encontrarse de verdad con otra persona.
Tenemos aplicaciones, mensajes, perfiles y una oferta infinita de vínculos
posibles, pero eso no ha hecho más fácil sostener una conversación incómoda,
mostrar una herida o quedarse cuando aparece el miedo.
La obra pone en escena
justamente ese momento que hoy casi evitamos: dos personas que no pueden
escapar hacia una pantalla, que tienen que mirarse, decir lo que no querían
decir y arriesgarse a ser vistas”, explica el director.
Y agrega: “Me interesa además
que la obra no idealiza el encuentro. El deseo aquí no es una promesa de
salvación, sino una excusa torpe, valiente y a veces cruel para acercarse.
Después de la pandemia, de años de aislamiento y de una cultura que nos enseña
a proteger nuestra imagen, hay una necesidad casi física de intimidad, y
también una enorme dificultad para construirla. Comienzo habla de esa paradoja
con humor, ternura y mucha verdad”.
El devenir en una
madrugada
En escena no hay grandes
saltos temporales ni cambios de locación. La acción ocurre en el departamento
de Laura y avanza casi al mismo ritmo que el reloj del público.
“Nuestra apuesta es confiar en
la simplicidad. Con dos personajes, un espacio y tiempo casi real, no hay nada
donde esconderse, y eso es una ventaja: todo cambio, por mínimo que sea, se
vuelve un acontecimiento. Por eso el trabajo está puesto en la precisión de las
acciones, las pausas y los silencios, más que en subrayar con recursos
externos”, señala Halpern.
El espacio, explica el
director, también irá modificándose a medida que la noche avance. “Lo
trabajamos como un tercer personaje, que se transforma con ellos. Al comienzo
es un lugar ordenado, casi defensivo, que pertenece a Laura; a medida que
avanza la noche, el desorden, los objetos desplazados y la manera de habitar el
espacio van mostrando cuánto se ha abierto cada uno al otro.
La distancia física entre los
cuerpos es nuestra principal herramienta dramatúrgica: quién se acerca, quién
retrocede, quién ocupa qué lugar, y en qué momento esa geometría cambia”.
El diseño integral de César
Erazo acompaña esa transformación, mientras la iluminación sigue de manera
progresiva el tránsito hasta el amanecer. “La luz acompaña el paso de la
madrugada de forma sutil, sin marcar saltos evidentes, para que el público sienta
el tiempo transcurrir sin darse cuenta”, agrega Halpern.
Dos maneras de llegar a los
cuarenta
A medida que avanza la noche,
las posiciones que parecían separar a Laura y Danny empiezan también a
desarmarse. “Ninguno es simplemente el fuerte o el débil. Cada uno tiene lo que
al otro le falta, y esa asimetría es lo que vuelve el encuentro tan fértil y
tan peligroso”, plantea Halpern.
Más que enfrentar éxito y
fracaso o construir una historia en que uno venga a reparar al otro, la obra se
instala en ese territorio incierto que aparece cuando ambos empiezan a
abandonar sus defensas.
El director concluye: “Lo que
sostiene la obra es esa pregunta abierta, si dos personas así pueden construir
algo, o al menos empezar. Y ahí está su título: no habla de un final feliz,
sino de la valentía de comenzar”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario