jueves, 24 de septiembre de 2026

Centro para las Artes Zoco estrena “Comienzo”, una hilarante comedia romántica sobre la intimidad en la era de la hiperconexión

Son las tres y media de la madrugada. La fiesta terminó, los invitados ya se fueron y en un departamento todavía quedan vasos a medio tomar, restos de comida y el eco de la música. También quedan Laura y Danny.

Ella tiene 38 años, una carrera exitosa, un departamento nuevo y una vida que, al menos desde afuera, parece estar bajo control. Él tiene 42, está divorciado, vive con su madre y carga con una historia familiar quebrada. 

Apenas se conocen. Pero cuando Laura le pide que se quede, una conversación que parecía destinada a durar unos pocos minutos empieza a avanzar hacia lugares cada vez más inesperados.

Ese es el punto de partida de Comienzo, obra del dramaturgo británico David Eldridge que llegará al Centro para las Artes Zoco protagonizada por Josefina Fiebelkorn y Julián Marras, bajo la dirección de Pablo Halpern.

El montaje será además la producción encargada de cerrar la programación teatral 2026 de la sala ubicada en Avenida La Dehesa 1500, en Lo Barnechea, donde se presentará entre el 23 de octubre y el 29 de noviembre.

Construida como una larga escena que transcurre prácticamente en tiempo real, Comienzo sigue el acercamiento entre dos personas que llegan a los cuarenta años con vidas y expectativas muy distintas. A medida que avanza la noche, el deseo abre preguntas sobre la soledad, la maternidad y la paternidad, el miedo al rechazo y esa edad en que buena parte de la vida pareciera tener que estar ya resuelta.

La obra debutó en 2017 en el Dorfman Theatre del National Theatre de Londres y, tras una temporada con localidades agotadas, pasó al año siguiente al West End. Escrita para dos intérpretes y un solo espacio, observa con precisión esos primeros instantes en que dos personas deciden –o no– correr el riesgo de acercarse. 

Casi una década después de su estreno, Pablo Halpern cree que la obra dialoga todavía con más fuerza con el presente: “Creo que Comienzo es más actual hoy que cuando se escribió”, opina. 

“Vivimos rodeados de conexión y, sin embargo, cada vez cuesta más encontrarse de verdad con otra persona. Tenemos aplicaciones, mensajes, perfiles y una oferta infinita de vínculos posibles, pero eso no ha hecho más fácil sostener una conversación incómoda, mostrar una herida o quedarse cuando aparece el miedo.

La obra pone en escena justamente ese momento que hoy casi evitamos: dos personas que no pueden escapar hacia una pantalla, que tienen que mirarse, decir lo que no querían decir y arriesgarse a ser vistas”, explica el director.

Y agrega: “Me interesa además que la obra no idealiza el encuentro. El deseo aquí no es una promesa de salvación, sino una excusa torpe, valiente y a veces cruel para acercarse. Después de la pandemia, de años de aislamiento y de una cultura que nos enseña a proteger nuestra imagen, hay una necesidad casi física de intimidad, y también una enorme dificultad para construirla. Comienzo habla de esa paradoja con humor, ternura y mucha verdad”.

El devenir en una madrugada 

En escena no hay grandes saltos temporales ni cambios de locación. La acción ocurre en el departamento de Laura y avanza casi al mismo ritmo que el reloj del público. 

“Nuestra apuesta es confiar en la simplicidad. Con dos personajes, un espacio y tiempo casi real, no hay nada donde esconderse, y eso es una ventaja: todo cambio, por mínimo que sea, se vuelve un acontecimiento. Por eso el trabajo está puesto en la precisión de las acciones, las pausas y los silencios, más que en subrayar con recursos externos”, señala Halpern.

El espacio, explica el director, también irá modificándose a medida que la noche avance. “Lo trabajamos como un tercer personaje, que se transforma con ellos. Al comienzo es un lugar ordenado, casi defensivo, que pertenece a Laura; a medida que avanza la noche, el desorden, los objetos desplazados y la manera de habitar el espacio van mostrando cuánto se ha abierto cada uno al otro.

La distancia física entre los cuerpos es nuestra principal herramienta dramatúrgica: quién se acerca, quién retrocede, quién ocupa qué lugar, y en qué momento esa geometría cambia”.

El diseño integral de César Erazo acompaña esa transformación, mientras la iluminación sigue de manera progresiva el tránsito hasta el amanecer. “La luz acompaña el paso de la madrugada de forma sutil, sin marcar saltos evidentes, para que el público sienta el tiempo transcurrir sin darse cuenta”, agrega Halpern.

Dos maneras de llegar a los cuarenta

A medida que avanza la noche, las posiciones que parecían separar a Laura y Danny empiezan también a desarmarse. “Ninguno es simplemente el fuerte o el débil. Cada uno tiene lo que al otro le falta, y esa asimetría es lo que vuelve el encuentro tan fértil y tan peligroso”, plantea Halpern.

Más que enfrentar éxito y fracaso o construir una historia en que uno venga a reparar al otro, la obra se instala en ese territorio incierto que aparece cuando ambos empiezan a abandonar sus defensas.

El director concluye: “Lo que sostiene la obra es esa pregunta abierta, si dos personas así pueden construir algo, o al menos empezar. Y ahí está su título: no habla de un final feliz, sino de la valentía de comenzar”. 

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