domingo, 10 de mayo de 2026

¡Vamos a rodar LA VELERA! En busca de lo que no se deja filmar

 Hay lugares a los que solo se llega si el mar lo permite. Barquitas, en Chiloé, es uno de ellos. Allí aterriza la nueva apuesta de JUNTOS, un proyecto que ha mutado durante siete años hasta convertirse en La Velera (o Truquilawén). Francisco Bermejo, director de El Otro, se reencuentra con JUNTOS para sumergirse en una historia donde el cine de autor y el de género se funden bajo la neblina.

En el corazón de esta historia está Lalo. Carpintero, artesano y ciego, Lalo construye botes a escala y reforesta su bosque con una precisión que desafía la lógica. “Él toca todo y percibe el mundo a su manera; yo digo que tiene ojos en los dedos”, explica Bermejo.

Esta cinta se enmarca en una inquietud de JUNTOS por explorar nuevas formas de contar historias. “Estamos buscando películas de autor que dialoguen con los géneros comerciales. Viajero Inmóvil era un documental de zombies; Una Señora Invisible era de terror. Y ahora con La Velera aparece la fantasía. Es una búsqueda, usar el ingenio cinematográfico para poner en escena algo que no se logra solo prendiendo la cámara.”, explica Pancho Hervé, productor de la película.

Hay lugares a los que solo se llega si el mar lo permite. Barquitas, en Chiloé, es uno de ellos. Allí aterriza la nueva apuesta de JUNTOS, un proyecto que ha mutado durante siete años hasta convertirse en La Velera (o Truquilawén). Francisco Bermejo, director de El Otro, se reencuentra con JUNTOS para sumergirse en una historia donde el cine de autor y el de género se funden bajo la neblina.

En el corazón de esta historia está Lalo. Carpintero, artesano y ciego, Lalo construye botes a escala y reforesta su bosque con una precisión que desafía la lógica. “Él toca todo y percibe el mundo a su manera; yo digo que tiene ojos en los dedos”, explica Bermejo.

Esta cinta se enmarca en una inquietud de JUNTOS por explorar nuevas formas de contar historias. “Estamos buscando películas de autor que dialoguen con los géneros comerciales. Viajero Inmóvil era un documental de zombies; Una Señora Invisible era de terror. Y ahora con La Velera aparece la fantasía. Es una búsqueda, usar el ingenio cinematográfico para poner en escena algo que no se logra solo prendiendo la cámara.”, explica Pancho Hervé, productor de la película.

El rodaje se ejecutará en cuatro actos. Un ejercicio donde el equipo vuelve a la sala de montaje tras cada viaje para dejar que el material, y el propio Lalo, dicte el siguiente paso. Mientras lees esta nota, en algún rincón del bosque chilote, la cámara ya está encendida. Como explica el director de la cinta: “Es un ejercicio que está dentro y fuera del cine a la vez. La tesis de este trabajo es filmar lo que no se deja filmar.”

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