Un verano en la provincia argentina a
fines de los años 70, el Festival de Viña del Mar de 1985 y Maipú a inicios del
siglo XXI: en Ushuaia, su nueva novela, Alberto Fuguet propone un
recorrido espacial, temporal y, sobre todo, emocional.
La historia sigue a Leticia, una mujer
argentina que migra a Chile, y a su hijo Bruno, un joven hipersensible que
asiste a talleres literarios. “Creo que he escrito o filmado suficiente del
lazo padre-hijo. Se arrienda, por nombrar algo, va de eso.
Sin duda empecé a mirar quién era mi
madre y eso me hizo darme cuenta, sobre todo al conversar con amigas, que
toda madre antes fue «otra cosa» y muchas veces «siguen siéndolo»”, comenta
Fuguet. “Me aburre la idea de la figura de la madre abnegada, porque es reducir
todo a un arquetipo”, agrega.
Mientras Leticia prefiere no mirar hacia
atrás, a Bruno le cuesta enfrentarse al futuro. ¿Quién es el padre de Bruno?
¿Qué le ocurrió a Leticia antes de que él naciera? ¿Qué hay detrás de la
desaparición de Bruno?
En Ushuaia, por primera vez, el
escritor construye un personaje femenino protagónico. Al respecto, comenta: “Partí
desde Bruno, pero luego Leticia empezó a crecer, a cobrar cada vez más fuerza,
hasta casi tomarse la novela.
Y así apareció esta relación que a ratos
es incómoda, más intensa, más ambigua. Leticia y Bruno no son una dupla
«tierna» ni ejemplar. Hay amor, obvio, y ternura, pero también hay carga,
herencia, cosas no resueltas. Es una relación donde nadie está del todo bien y
donde ambos, de alguna forma, se dañan y necesitan”.
A través de un relato polifónico donde
se cruzan recuerdos, cuentos, cartas, notas de prensa y entradas de blogs, la
obra aborda temas como las relaciones familiares, la identidad sexual, el
suicidio y la salud mental. Sobre esto último, el autor menciona:
“Esa línea típica de «joven se suicida»
siempre me ha parecido brutal en su simplificación. Detrás hay una vida entera.
Entonces, el desafío era tratar ese dolor con seriedad, sin moralina,
sin explicación fácil.
El tono y el enfoque me sirven ahí, porque
permiten tomarse en serio las emociones, no rebajarlas. No quería hacer un
libro «correcto», sino uno que te golpeara de a poco, que te obligara a sentir,
emocionarte. Y la novela apuesta un poco a thriller existencial”.
Ese giro convive con su sello de siempre:
el pulso de la prosa se mantiene y el universo queer sigue siendo un eje
estructural del relato, integrado con naturalidad.
Leticia destaca como un gran personaje
femenino protagónico y, a la vez, como una de las construcciones más logradas
del libro. Su contradicción es su fuerza: puede ser dura y vulnerable,
expansiva y frágil. Habla mucho, demanda, se excede, y carga con vacíos
emocionales que la empujan a repetir una misma trampa afectiva: amar de un modo
que también hiere.
Argentina no funciona como simple telón de
fondo. El país se vuelve un territorio emocional que imprime clima, tensión y
ritmo. La identidad argentina de Leticia y los episodios en San Luis aportan
una capa cultural precisa, donde el registro oral, los modismos y la cadencia
del habla terminan moldeando la experiencia de lectura.
La
novela apuesta por una arquitectura coral, hecha de múltiples voces y formatos
textuales que se encajan como un puzle. Esa decisión formal no es decorativa:
produce sentido, crea contraste y permite que la historia de Bruno y Leticia
avance por aproximación, a través de fragmentos que dialogan entre sí.
El cuento central funciona como un anzuelo
emocional poderoso. “Ushuaia”, cuento con que Bruno gana un concurso literario,
concentra una intensidad narrativa que basta para justificar la lectura. El
libro aprovecha esa fuerza inicial para expandir la historia hacia una
dimensión mayor, más ambigua y más inquietante.
A partir de “Ushuaia”, el libro imagina
quién fue su autor, qué vida sostuvo esa escritura y qué silencios quedaron
después. El lector deja de ser un espectador pasivo y pasa a ocupar el lugar de
quien reconstruye, compara versiones y saca conclusiones parciales.
La novela aborda temas como la salud
mental, el suicidio, la identidad sexual y los vínculos familiares.
La trama
A lo largo del relato rondan tres
preguntas: ¿Cómo murió Bruno? ¿Quién es
el padre de Bruno? ¿Qué le pasó a Leticia antes de Bruno? Desde el inicio, en
el segundo capítulo, mediante una nota de la revista Paula, nos enteramos de
que Bruno se ha suicidado. Sin embargo, no sabemos por qué ni cómo. Estas
interrogantes se van contestando en los capítulos que siguen, a través de
retazos, en los que surgen voces de distintos personajes.
A medida que la novela avanza, nos damos
cuenta de que el suicidio de Bruno está, en parte, relacionado con la identidad
de su padre y, sobre todo, con el pasado de Leticia. ¿Por qué no quiere revelar
la identidad del padre? ¿Qué le sucedió?
De a poco, entonces, se va revelando la
vida de Leticia en San Luis durante los 70 y, luego, cuando llega a Chile por
primera vez, en 1985. A Bruno lo vamos conociendo en los recuerdos familiares,
en sus escritos y en los testimonios de otros personajes. En suma, el lector
reconstruye el relato fragmentado de Leticia y Bruno, completando los espacios
en blanco, a través de estas múltiples voces.
Los temas de la novela
Relación madre-hijo
La maternidad atraviesa el libro como un
vínculo central y problemático. En el cuento “Ushuaia”, la relación entre Elisa
y Beltrán se describe a lo largo de un viaje que funciona como despedida, pero
también como revisión íntima de una vida compartida. Hay cuidado, ternura y
amor, pero también control, dependencia y silencios que pesan.
En la capa que reconstruye la vida de
Bruno Lucero, la relación con su madre reaparece con otros matices, pero con la
misma complejidad.
El
libro evita cualquier idealización: muestra cómo el amor puede ser sostén y
carga al mismo tiempo, y cómo ciertas relaciones se viven como refugio y jaula.
SALUD MENTAL El suicidio no aparece como un giro narrativo que busque la
sorpresa en el lector. Se presenta como una deriva emocional gatillada por el
desgaste, la incomunicación y la imposibilidad de pedir ayuda.
El libro acompaña este tema desde la
forma: fragmentos que no cierran, escenas que regresan, versiones que no
cuadran del todo. No hay respuestas ni diagnósticos, hay una experiencia
narrada con sensibilidad.
Identidad sexual.
La
identidad sexual se describe como un proceso íntimo, atravesado por el miedo,
el secreto y la negociación constante con el entorno. No se aborda como una
etiqueta, sino como una dimensión que influye en la forma de habitar el mundo,
de vincularse con la familia y de construir una voz propia. El libro muestra
cómo la dificultad de nombrarse y de ser visto incide en la fragilidad
emocional de Bruno Lucero y en su necesidad de refugio.
Arte como escape
La escritura aparece como un espacio de
salvación parcial. Para Bruno Lucero, escribir es una forma de ordenar el caos,
de decir lo que no puede decir en voz alta y de sostener una identidad cuando
todo lo demás se vuelve inestable. El libro reflexiona sobre el arte como
escape, pero también como límite: la escritura acompaña, permite respirar, pero
no garantiza redención. Esa ambigüedad le da profundidad y honestidad al
proyecto.
Además, ha dirigido largometrajes,
documentales y videoclips. Ha obtenido las becas Fulbright y Guggenheim. Fue
parte del Iowa Writers’ Workshop. Actualmente se desempeña como profesor en la
Escuela de Literatura Creativa de la UDP. Ushuaia (un destino melodramático) es
su última novela.
Desde un registro emocional, Alberto Fuguet reconstruye una historia íntima, capaz de reflejar una experiencia humana universal: las complejidades de la relación madre-hijo. • Desde la publicación de Ciertos chicos (Tusquets, 2024), Alberto Fuguet viene avanzando hacia una narrativa más íntima, y esta novela consolida esa intención: Ushuaia envuelve desde el inicio en una escritura cercana y emocional.

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