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Un artículo publicado en la revista Nature
Astronomy aborda la experiencia del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines
(CATA) que conecta las capacidades desarrolladas en investigación astronómica e
instrumentación de frontera con necesidades concretas del sector productivo.
El
modelo, que combina vinculación con empresas, desarrollo tecnológico y
formación de capital humano, ya cuenta con 18 tecnologías en desarrollo en
ámbitos como minería, industria alimentaria y monitoreo ambiental.
El desarrollo de la astronomía en Chile
durante las últimas décadas no sólo ha permitido al país convertirse en sede de
algunos de los observatorios más avanzados del mundo. También ha generado
capacidades científicas, tecnológicas y de capital humano que pueden contribuir
a resolver desafíos que van más allá de la investigación del Universo.
Hacia fines de 2025, 23 universidades
chilenas contaban con grupos de investigación en astronomía y el número de
astrónomos afiliados al país casi se había cuadruplicado desde 2008. En este
contexto, CATA -creado en 2007 y financiado actualmente por el Ministerio de
Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, a través de la Agencia Nacional
de Investigación y Desarrollo (ANID)- ha desarrollado durante casi dos décadas
investigación de frontera, instrumentación astronómica, formación de
investigadores y capacidades de desarrollo instrumental y tecnológico.
De las capacidades astronómicas a las
necesidades de la industria
Durante su primera década, CATA concentró
buena parte de sus esfuerzos en investigación astrofísica y desarrollo de
instrumentación especializada, construyendo capacidades en áreas como
radiofrecuencia, óptica, electrónica y análisis de datos. A partir de 2021,
esta experiencia comenzó a convertirse también en una plataforma para vincular
estas capacidades con necesidades del sector productivo.
Según Patricia Tissera, Directora e
Investigadora Principal de CATA, este proceso fue resultado de la convergencia
entre las políticas de fomento a la transferencia impulsadas por ANID y una
decisión institucional del Centro de incorporar esta dimensión como parte de su
desarrollo.
“El cambio real llegó cuando el CATA puso en marcha una Unidad de
Transferencia Tecnológica con el respaldo de los investigadores principales, y
se definió un mecanismo de vinculación para llevar soluciones de la astronomía
a la industria. Ese fue el verdadero punto de inflexión; definir la
transferencia como una estrategia institucional”, señala Tissera.
El modelo desarrollado por CATA contempla
una vinculación de doble vía, por una parte identificar las capacidades y
tecnologías que surgen desde la investigación y, al mismo tiempo, conocer los
problemas y desafíos que enfrenta la industria para explorar soluciones desde
la ciencia y la tecnología.
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La propia naturaleza de la astronomía
ofrece un amplio campo de posibilidades. Para estudiar objetos celestes, muchos
de ellos extremadamente distantes y débiles, científicos e ingenieros
desarrollan instrumentos capaces de detectar señales tenues, procesar grandes
volúmenes de datos y operar con altos niveles de precisión.
En ese sentido, explica Tissera, “la
astronomía nos obliga a trabajar permanentemente en los límites del
conocimiento, nos empuja a detectar señales extremadamente débiles y alcanzar
niveles de precisión cada vez más exigentes. Nos motiva a usar nuestro conocimiento,
imaginación y creatividad para abordar preguntas sobre nuestro Universo”.
Estas capacidades y metodologías pueden
adquirir nuevos usos cuando se conectan con necesidades concretas.
Entre los
desarrollos impulsados por CATA se encuentran la adaptación de técnicas de
espectroscopía utilizadas en astronomía para identificar y clasificar granos en
la industria agroalimentaria; sistemas de comunicación de baja frecuencia,
desarrollados a partir de capacidades de radioastronomía para transmitir
señales en faenas mineras sin necesidad de wifi; y aplicaciones de
instrumentación óptica y análisis espectral para la detección de mareas rojas.
En total, durante los últimos tres años,
CATA ha desarrollado una cartera de 18 tecnologías con niveles de madurez que
van entre TRL 3 (pruebas de concepto) y TRL 7 (demostración en un entorno
operativo real), en colaboración con actores del sector productivo.
Trabajar con la industria desde el
problema
Para CATA, la transferencia tecnológica no
consiste únicamente en buscar una aplicación para una tecnología ya
desarrollada. Una parte fundamental del proceso es conocer directamente las
necesidades de las empresas y generar espacios de colaboración que permitan
identificar dónde las capacidades científicas y tecnológicas pueden aportar
valor.
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Esta vinculación es articulada por la
Unidad de Transferencia Tecnológica, que conecta a investigadores, ingenieros y
empresas, identifica oportunidades de aplicación, acompaña la maduración de las
tecnologías y aborda aspectos de propiedad intelectual, financiamiento y
vinculación con el mercado.
Para Santiago Prat, Gerente General de
CATA, institucionalizar este proceso ha sido uno de los principales avances.
“Al principio la innovación dependía de la iniciativa personal. Hoy se sustenta
en un proceso de gestión, y ese cambio cultural sostenido es tan importante
como cualquier tecnología que hayamos transferido”.
La interacción con la industria también
permite adaptar desarrollos concebidos originalmente para responder preguntas
científicas a contextos productivos con exigencias diferentes.
“El desafío no
es sólo la ciencia. Es visión, tiempo, lenguaje, confianza, y eso no se
resuelve con más presupuesto, se resuelve con más experiencia acumulada y una
estrategia proactiva ”, sostiene Prat.
Este trabajo supone comprender los
requerimientos técnicos de cada sector, validar las soluciones en condiciones
reales y avanzar progresivamente desde una capacidad científica o tecnológica
hacia una aplicación que pueda responder a una necesidad concreta de la
industria.
Formación de capital humano para la
innovación
La experiencia de transferencia también ha
generado cambios en la formación de capital humano.
Junto con las competencias
científicas propias de la astronomía, investigadores y estudiantes han
incorporado conocimientos en áreas como inteligencia artificial, gestión de
proyectos y emprendimiento.
Este proceso tiene resultados concretos ya
que aproximadamente el 20% de los doctorados graduados en CATA durante los
últimos cuatro años se han incorporado a la industria, contribuyendo a la
circulación de capital humano altamente especializado hacia el sector
productivo.
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“Para nosotros, transferir conocimiento no significa únicamente
llevar una tecnología desde un laboratorio hacia una empresa. También significa
formar personas capaces de identificar problemas, desarrollar soluciones y
moverse entre distintos ámbitos del conocimiento, con resiliencia y
adaptabilidad”, destaca Tissera.
El artículo publicado en Nature Astronomy
plantea que consolidar estos procesos requiere tiempo, capacidades
institucionales y una articulación sostenida entre ciencia, Estado e industria.
También visibiliza la necesidad de generar un cambio cultural en todos los
sectores asociados para poder reconocer el valor de la ciencia básica y
establecer una comunicación efectiva entre las partes.
En el caso de CATA, casi
dos décadas de investigación de frontera, desarrollo tecnológico y formación de
capital humano han permitido construir una base para abordar nuevos desafíos
productivos desde la ciencia.
Para Tissera, el próximo desafío es
profundizar esta relación y avanzar desde la validación tecnológica hacia su
incorporación permanente en el sector productivo. “Lo que nos queda por delante
no es demostrar que el modelo funciona, sino consolidar el paso de la
validación tecnológica a la adopción sostenida por la industria”, concluye.
Enlace a artículo: https://rdcu.be/ZjMbpKAj2K3a
Créditos de imágenes:
1. Evolución de la madurez tecnológica de
los proyectos CATA entre 2023 y 2026. Gráfico radial que muestra el TRL (escala
de 1 a 9) alcanzado por las tecnologías derivadas de CATA en siete sectores
industriales a lo largo del periodo de cuatro años comprendido entre 2023 y
2026. Cada eje representa un sector, y la distancia radial indica el TRL
alcanzado.
Los polígonos de colores corresponden a los años sucesivos 2023,
2024, 2025 y 2026, representados mediante una escala de colores azules que va
de oscuro a claro. La expansión hacia el exterior de los polígonos ilustra la
maduración progresiva y la diversificación de la transferencia de tecnología
desde la investigación astronómica hacia aplicaciones industriales. Créditos:
CATA.
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2. MAGIC: Comunicación subterránea a
través de cientos de metros de roca en minas e instalaciones subterráneas.
Desarrollado en el Laboratorio de Ondas Milimétricas (MWL) de la Universidad de
Chile, laboratorio asociado al CATA. Créditos: CATA 3. GRADIAN: Clasificación de distintos
tipos de granos en la industria alimentaria mediante la detección precisa de su
color. Desarrollado en el Laboratorio de Ondas Milimétricas (MWL) de la
Universidad de Chile, laboratorio asociado al CATA. Créditos: CATA.
4. PULSO: Telemetría de largo alcance de
residuos mineros y pilas de lixiviación. Desarrollado en el Laboratorio de
Ondas Milimétricas (MWL) de la Universidad de Chile, laboratorio asociado al
CATA. Créditos: CATA.
5. SUSAN: Detección continua de
floraciones de algas nocivas y mareas rojas. Créditos: CATA.