El Museo Interactivo Mirador (MIM)
inauguró “Hidroscopia / Loa (cu)”, obra de la artista Claudia González, para
que estudiantes, profesores y familias puedan interiorizarse desde las
estrategias del arte y la ciencia, en torno a la observación geográfica,
crítica y poética de los cursos fluviales en Chile, y en específico, del río
Loa, el más largo y contaminado de Chile.
Esta muestra forma parte de una serie de
trabajos realizados por Claudia González en torno al territorio y geografías
afectadas por el modelo económico extractivista y la sobreexplotación de
recursos naturales. En Hidroscopía Loa (cu) la artista invita, por medio de una
instalación, una proyección, una serie grabados, un video testimonial y objetos
recolectados, a poner atención a este río del norte de nuestro país.
Esta exploración, investigación y proceso
creativo se alimenta de dos caminos, fundiendo datos de monitoreo
medioambiental levantados a lo largo de 17 años, con una experiencia de
expedición, en la que la artista reunió muestras de agua, objetos y relatos de
comunidades que viven junto al río.
“Me parece súper positivo que haya
propuestas de montajes de obras de arte contemporáneo en este museo, es
maravilloso poder mezclar las propuestas exhibidas desde el punto de vista de
lo interactivo, que ya parte de la cultura del público del MIM, y que puedan
tener otras aproximaciones, otra manera de comunicar, de entender el arte.
Porque hay otras maneras de estimular al público, que puede entregar su
retroalimentación; esa interacción no necesariamente es física, puede ser sensitiva
o desde la reflexión”, comentó la artista Claudia González.
Quienes recorran la instalación se
encontrarán con una maquinaria donde convergen y dialogan el agua, el cobre y
la electricidad, que nos presenta una nueva forma de observar el flujo de agua,
entregando una configuración poética y crítica de la geografía del rio y su
territorio, que invita a la vez a reflexionar sobre el impacto de la
explotación industrial sobre el río y su biodiversidad.
En la instalación el agua del Loa es
capturada, medida y puesta en movimiento por la artista, utilizando para ello
mecanismos electrónicos. Vuelve a fluir, esta vez deambulando por estructuras
tubulares, bateas y placas metálicas dispuestas en el museo. Así, estos
procedimientos evidencian materialmente los estados del agua y, a su vez,
revelan una maquinaria poética que, a través de cableados y amplificadores,
hacen audibles sus sonidos que, como todo en el mundo natural, van cambiando
sutilmente.
“Es muy relevante que las familias y
estudiantes que nos visitan puedan conocer esta obra que se basa en una
investigación muy profunda y en terreno, con comunidades en el territorio donde
la artista ha investigado, y que se ha centrado en analizar los contextos en el
impacto de la gran minería impacta sobre los ríos y las comunidades.
Entonces
en esta exposición hay una intensidad e investigación profunda, junto con otros
elementos que la hacen muy interesante de recorrer, de observar, pero también
de pensar y reflexionar”, destacó Simón Pérez, director de Contenidos del
Centro Interactivo de los Conocimientos –MIM.
Esta muestra temporal se suma a otras
obras visuales que anteriormente fueron exhibidas al público, como Bosque
Fragmentado, de Rodrigo Arteaga; Divina Presencia, de Amanda Piña; y Expedición
La Giganta, que actualmente se exhibe en el museo.
Estación editorial
La obra de la artista Claudia González,
nos invita a descubrir el camino del río Loa en el norte de nuestro país mediante
una instalación que simboliza el cauce y ante la cual somos capaces de
reflexionar en torno al territorio, a los minerales y a la vida que lo
acompaña, tomando conciencia a la vez de la fragilidad de nuestro patrimonio
fluvial.
En este contexto en que el agua y sus
características se convierten en la obra, nos preguntamos ¿puede este elemento
ser instrumento de creación artística? De esta manera, la invitación es a mirar
el agua desde una perspectiva nueva: como tema de una propuesta artística, como
instrumento y materialidad de una obra, y por sobretodo como modelo a
representar.
Es por ello que en la sala se instaló una
Estación Editorial, para invitar a las y los visitantes a descubrir bajo una
lupa el agua y la vida que contiene, para luego utilizarla como herramienta
dentro de un gotario, en vez de pincel, en la creación de una composición
personal e irrepetible, con una de las técnicas de grabado más antiguas: el
monotipo.
En esta estación podrán también intervenir
un fanzine que cita y reproduce algunas obras de la exhibición.
En tanto, en los muros de la sala se
instalaron diez grabados láser enmarcados, cuyas imágenes se obtuvieron con un
microscopio.