viernes, 13 de febrero de 2026

Premio Biblioteca Breve 2026 para la mexicana Elma Correa

La escritora mexicana originaria de Mexicali, Elma Correa, ganó este viernes el Premio Biblioteca Breve, otorgado por Seix Barral. 

Con la novela Donde termina el verano, Elma Correa se convierte en la quinta mexicana en ser reconocida con este premio, uniendo su nombre al de: Elena Poniatowska, Jorge Volpi, Carlos Fuentes y Vicente Leñero. 

Cada convocatoria del Premio Biblioteca Breve es, ante todo, un ejercicio de escucha. Leer más de un millar de manuscritos supone asomarse a un coro de voces que, desde geografías, edades y tradiciones distintas, dan forma narrativa a las preguntas de nuestro tiempo.

 La presente edición ha alcanzado una cifra récord de 1.218 manuscritos, un dato que confirma la capacidad de convocatoria de un premio que, desde 1958, ha sido un referente para la literatura en lengua española.

Algo más de la mitad de los originales proceden de España, mientras que una parte muy significativa llega desde Latinoamérica, reafirmando el carácter transatlán - tico de un galardón que sigue siendo un lugar de diálogo y reconocimiento entre tradiciones literarias diversas.

En cuanto a los géneros y temáticas, esta convocatoria consolida algunas líneas ya reconocibles —la novela policíaca, la autoficción, la metaficción—.

Se aprecia un aumento de novelas que revisitan hechos históricos a través de elementos fantásticos; relatos centrados en la salud mental; relecturas de los clásicos desde perspectivas inéditas, y narraciones protagonizadas por personajes que cuestionan su género o su lugar en el mundo. Incluso seis años después, la pandemia sigue proyectando su sombra sobre el imaginario literario.

En este contexto, el jurado del Premio Biblioteca Breve 2026 ha concedido el galardón a Donde termina el verano, de Elma Correa, el poderoso relato de una amistad lastrada por el peso de un secreto compartido, pero también el retrato de una comunidad en la frontera de México con Estados Unidos: un territorio marcado por la precariedad y la violencia, donde la lealtad y los códigos compartidos se sitúan por encima de la ley.

Celebramos de manera muy especial que el premio recaiga este año en una autora mexicana, y que lo haga con una obra que dialoga de forma natural con el imaginario narrativo latinoamericano, y que incorpora a la vez una mirada propia y profundamente contemporánea.

Estamos convencidos de que Donde termina el verano encontrará un lugar duradero en el corazón de los lectores y de que Elma Correa inicia, con este reconocimiento, un recorrido literario que dará mucho que leer y celebrar. Elene Ramírez, directora editorial

«Una novela extraordinaria sobre la amistad y la culpa entre dos mujeres a lo largo de los años en la brutal frontera entre México y Estados Unidos. Narrada con una técnica asombrosa y la dosis justa de suspense y emoción para mantener en vilo al lector, la novela pone en el centro de la trama cómo la lealtad está por encima de la ley en una comunidad sin piedad hacia los más débiles.» Jurado del Premio Biblioteca Breve 2026

«Una novela extraordinaria sobre la amistad y la culpa en la violenta frontera entre México y Estados Unidos.»

Sinopsis

En un barrio de Mexicali, una de las últimas ciudades de México antes de la frontera con Estados Unidos, dos niñas inseparables, Elisa y Aimé, viven un verano que las marcará para siempre. La noche antes de que Elisa abandone la ciudad para ir a estudiar fuera gracias a una beca de atletismo, la responsabilidad de ambas en un suceso trágico fracturará no solo su amistad, sino a todo el barrio, una comunidad donde la violencia se mezcla con la superstición y el miedo.

 Dos décadas después, ambas amigas se reencuentran convertidas en personas muy distintas a las niñas que fueron.

Promesa frustrada del atletismo, Elisa regresa a su ciudad natal sola y avergonzada por unas expectativas que no ha sabido cumplir. Antaño tímida y siempre a la sombra de su amiga, Aimé es una mujer influyente que ha sabido reconducir su destino con mano férrea. Entre ambas se abre una grieta marcada por la culpa y la distinta forma de afrontar su secreto compartido.

Donde termina el verano es una novela sobre la amistad femenina, el fin de la inocencia y la violencia estructural que atraviesa a los niños y las mujeres en un lugar de paso marcado por la extrema pobreza.

Narrada con una prosa hipnótica y precisa, Elma Correa compone una gran elegía fronteriza en la que el relato oficial —los feminicidios, los niños robados y las madres que callan— queda iluminado por los principios de honestidad y lealtad de una comunidad al margen de la ley.

Las claves de Donde termina el verano

Mexicali: un escenario fronterizo marcado por la pobreza y la violencia Donde termina el verano sucede en un barrio de Mexicali, una ciudad de paso marcada por la migración, la superstición y la pobreza y que, por su localización y naturaleza, es única.

Un hervidero de culturas donde convive gente de todos los orígenes en un escenario caracterizado por el desierto y los baldíos, y en el que sus habitantes han aprendido a sobrevivir conviviendo con una violencia estructural hacia niños y mujeres.

Frente a Mexicali, separada por apenas una valla, se encuentra su contrapartida, Calexico, la primera población estadounidense tras la frontera, que se alza ante los mexicanos como un horizonte al que aspirar, como si solo una calle fuera lo que les separa del verano soñado de California.

Elma Correa conoce bien este escenario, ya que es allí donde ella creció. Donde termina el verano es su homenaje a su ciudad, su barrio y a su gente, pero también a un modo de vida. Según explica ella misma, «esta historia ocurre en el barrio donde crecí, a treinta metros del muro que divide México de Estados Unidos.

Un laboratorio sociocultural en el que, en los noventa, coexistían los habitantes locales, las familias migrantes recién asentadas, los migrantes deportados y los migrantes con ganas de cruzar “al otro lado”, los grupos religiosos estadounidenses buscando adeptos entre la gente pobre, los médicos y enfermeras de los programas de asistencia social para zonas marginales y, durante un breve periodo de tiempo, un campamento gitano que causó muchísimo revuelo en la comunidad.

Era un contexto violento y salvaje, pero también humano y cálido, como lo es el desierto del noroeste de mi país, y cuando le di forma al relato, supe que mis personajes solo podían habitar ese escenario». La autora ha trabajado para crear una atmósfera que el lector siente palpable, como algo físico, y traza, con pulso magistral, el retrato de un país atravesado por el abandono y la impunidad desde su borde más árido: esa frontera donde el calor quema, los secretos fermentan y el verano nunca termina.

Una historia de amistad a lo largo de dos décadas marcada por la culpa

«Cuando vas a cumplir doce años, tener una mejor amiga desde los siete es como tener una hermana, pero una que te agrada porque no es de tu familia», dice la narradora.

Las protagonistas de esta historia son Elisa y Aimé, dos niñas de once años que a finales de los años noventa viven una amistad intensa marcada por la pobreza y la fascinación mutua. Ambas no pueden ser más diferentes. Elisa es buena en todo lo que se propone, tiene una gran personalidad y la seguridad de una líder nata.

Es imaginativa y una excelente atleta y es también la que parece estar destinada a triunfar: gracias a una beca para deportistas, podrá irse a estudiar secundaria a Monterrey. 

Frente a ella, Aimé es la pragmática. 

Es servicial y atenta con Elisa por pura admiración y porque le gusta verla feliz. Ella sabe que Elisa es especial y se siente especial por formar parte de su día a día. «Elisa había nacido para ganar y Aimé, para ser una espectadora», remata la narradora.

Donde termina el verano arranca la última noche antes de que Elisa parta para Monterrey. A pesar de que todo el barrio está de celebración, los ánimos están especialmente sombríos debido a que han desaparecido varios niños de la zona sin que la policía dé con sus raptores.

 Deseosos de encontrar a un culpable, los vecinos ven como sospechoso a cualquiera que sea diferente, especialmente a los gitanos que han levantado un campamento a las afueras del barrio, pero también a los «aleluyas», las congregaciones de religiosos que se dejan ver en sus camiones por el barrio con promesas de un mundo mejor o sus advertencias ante el apocalipsis.

Elma Correa
(c) Sofía Santana 
Esa última noche, otra chica, llamada Rosario, desaparecerá cuando estaba con Elisa y Aimé, y fracturará no solo su amistad, sino la inocencia de todo el barrio.

 El silencio ante la misteriosa desaparición de Rosario definirá la vida de las dos amigas desde esa misma noche hasta que vuelven a encontrarse, veinte años después, convertidas en personas muy diferentes de las niñas que fueron.

Debido a una lesión en la rodilla, Elisa no ha terminado siendo la promesa del deporte que todos esperaban y, tras un puesto fugaz como profesora de educación física de secundaria, vive con el orgullo de haber renunciado a sus orígenes. Volver al barrio tras dos décadas y reconocer su fracaso no será un trago fácil.

Por su parte, Aimé se ha convertido en la esposa del principal narco de la zona, una mujer poderosa, que premia la fidelidad y dirige con mano férrea desde la sombra el destino de muchas personas.

 Mientras una ha perdido el acceso a los códigos que tan bien conocía y a su propia comunidad, la otra se ha hecho fuerte en ella.

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