viernes, 13 de febrero de 2026

Premio Biblioteca Breve 2026 para la mexicana Elma Correa


La escritora mexicana originaria de Mexicali, Elma Correa, ganó este viernes el Premio Biblioteca Breve, otorgado por Seix Barral. 

Con la novela Donde termina el verano, Elma Correa se convierte en la quinta mexicana en ser reconocida con este premio, uniendo su nombre al de: Elena Poniatowska, Jorge Volpi, Carlos Fuentes y Vicente Leñero. 

Cada convocatoria del Premio Biblioteca Breve es, ante todo, un ejercicio de escucha. Leer más de un millar de manuscritos supone asomarse a un coro de voces que, desde geografías, edades y tradiciones distintas, dan forma narrativa a las preguntas de nuestro tiempo.

Donde termina el verano ofrece así un retrato femenino complejo que muestra cómo Aimé y Elisa evolucionan de niñas cómplices a dos mujeres que han encontrado dos formas distintas de sobrevivir y de enfrentarse a la culpa ante la responsabilidad compartida por la desaparición de Rosario.

«La amistad entre mujeres ha sido un motivo recurrente en mi trabajo literario», reconoce Elma Correa. «Me interesa la complejidad de nuestras relaciones y el modo en que somos capaces de sostenernos —o no— unas a otras en un mundo que nos es hostil.

Donde termina el verano es una historia que aborda la amistad y la culpa, y que de alguna manera pone en el centro de la conversación la sororidad y la lealtad, ya sea por el regocijo de que sucedan o por las repercusiones de su ausencia.»

Una estructura por capítulos independientes que se lee como una serie de televisión 

Alrededor de la historia de amistad entre Elisa y Aimé se desarrollan otras tramas paralelas en diferentes épocas y lugares y con distintos personajes centrales, que funcionan como los capítulos de una serie de televisión.

Esto permite a la autora poner el foco en los secretos de una comunidad a través de miradas que se complementan y que muestran al lector que, bajo esta historia de amistad que parece implicar solo a dos mujeres, subyace una compleja red de decisiones y colaboraciones necesarias.

Es el lector quien, con todas las piezas sobre la mesa, al final, podrá atar todos los cabos. Como en True Detective, el lector acompañará así a los detectives estadounidenses Russell Blake y Kevin Mack, trasladados desde Los Ángeles a ese barrio de Mexicali donde conviven superstición, violencia y secretos familiares con el objetivo de investigar la desaparición de Rosario.

En otro de los capítulos, la cámara sigue a las enfermeras Irma y Ofelia, que se juegan la vida para educar a mujeres y niños en comunidades marginales en las que los hombres ven como una amenaza que sus esposas tengan acceso a servicios sociales y a una mínima educación sexual.

En un pequeño hotel de la ciudad Truth Or Consequences, en Nuevo México, estamos invitados a asistir a cómo la detención de un serial killer impacta de lleno en la vida de su propietario, Nantai, un indio navajo, y de Lucía, una inmigrante mexicana, que a diario se enfrentan al racismo y la misoginia.

Otro de estos personajes periféricos es Farkas, un gitano convertido en la mano derecha de Aimé y a través de cuyos servicios podemos conocer la vida íntima y familiar de un narco, en el más puro estilo de las series Pablo Escobar o Los Soprano.

Este salto de escenarios y puntos de vista permite también a Elma Correa manejar diferentes géneros, como la novela de formación, el western moderno, el narcodrama, el thriller o el mencionado true crime.

 Para ella, jugar con estas distintas tradiciones literarias y formatos le permitió aportar a la novela «dinamismo, energías particulares y estados de ánimo que son necesarios para que la trama avance sin que se pierda el interés.

Abordar cada capítulo de modo que coquetee con diferentes géneros enriquece la narrativa, complejiza y permite el enfoque de las diferentes perspectivas necesarias para dar cuenta de una realidad más integral, más completa.

Me divertí escribiendo de esa manera; fue difícil, quería ir ensamblando las partes de un todo más grande que funcionaran individualmente, pero que cobraran un sentido mayor al verse reunidas».

Una novela universal que apuesta por los vínculos comunitarios para sobrevivir en un entorno adverso

A pesar de la presencia constante de la violencia y de todo lo que nunca se dice, Donde termina el verano es una novela luminosa que pone sobre la mesa cómo la ayuda entre personas es lo que permite sobrevivir en entornos tan hostiles, cómo los vínculos entre seres humanos son fundamentales para salir adelante cuando la ley no los protege.

Para Elma Correa, «era muy importante que en la novela no todo fuera violencia y horror, sino mostrar también que en medio de la adversidad todavía cabe la esperanza, que debe caber la esperanza si es que queremos seguir vivos.

La sororidad, claro, porque me interesan los vínculos entre mujeres, pero también la empatía, la solidaridad, la lealtad, el honor, los valores humanos que permiten que una comunidad se sostenga.

Era importante mostrar que ahí donde las leyes no hacen nada o impiden que el ciudadano de a pie intervenga cuando ocurren eventos terribles, hay principios que nos obligan a reaccionar, a tomar acción y partido por los otros».

Y a pesar de la importancia de la frontera y del contexto concreto de Mexicali, el resultado es una novela universal, fácilmente entendible por lectores de cualquier parte del mundo, algo que no se debe tanto a una intención premeditada por parte de la autora, sino a la propia universalidad de las emociones que su lectura ofrece.

Como ella misma explica, «solo pensé en escribir una novela, en contar una historia, y si al final resulta que las personas de cualquier parte pueden identificarse o conectar con la trama y los personajes, creo que es porque lo universal es la experiencia humana, más allá de las particularidades muy específicas de los personajes y el escenario».

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