miércoles, 7 de mayo de 2014

Un grito desde el silencio: cuando la memoria es la tumba.



Al cumplirse los cuarenta años del Golpe Militar, se produjo una explosión de la memoria colectiva reviviendo experiencias de personas y grupos vinculados al Golpe y a la resistencia posterior.

Marcia Scantlebury, en su artículo Explosiva memoria: Pasado siempre presente, expresaba que “no cabe duda de que el pasado vinculado a guerras o dictaduras suele detonar polémicas entre las distintas formas de mirar la historia. Entonces, inevitablemente, la memoria se constituye en territorio de disputa social, cultural y política. Sin embargo la imposibilidad de establecer una mirada única no puede ser pretexto para dar la espalda a lo ocurrido. De allí, entonces, la importancia de la memoria”.

En ese contexto, Nancy Guzmán Jasmen junto a Lom Ediciones reeditaron “Un grito desde el silencio. Detención, asesinato y desaparición de Bautista van Schouwen Vasey.

Bautista nació en Tarapacá el 3 de abril de 1943 y falleció en Santiago el 13 de diciembre de 1973. Hijo de Carlota María Valentina Vasey y Bautista van Schouwen Figueroa, fue el mayor de tres hermanos (Bautista, Carlos y Jorge).

En 1961, ingresará a la Escuela de Medicina de la Universidad de Concepción en donde conocerá a Jorge Gutiérrez Correa, Miguel Enríquez y a Marcello Ferrada- Noli con quienes iniciará su militancia política. En 1965, se produce el Congreso fundacional del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en el cual, defienden la lucha armada como vía al socialismo. En 1968 se casa con Inés, hermana de Miguel Enríquez y al ser nombrado director del periódico del MIR, se traslada a Santiago para dedicarse de lleno a su militancia política.

La última vez que se le vio con vida fue el 13 de diciembre de 1973 cuando fue detenido en la Parroquia Los Capuchinos ubicada en Catedral 2345, Santiago. La detención la realizaron agentes de civil armados, apoyados por Carabineros que se movilizaban en un bus y en el cual trasladaron posteriormente a los detenidos. Junto a él fueron detenidos el estudiante de Derecho Patricio Munita Castillo, que fue ejecutado posteriormente, y el sacerdote Enrique White, quien fue dejado en libertad ocho días después.

La memoria colectiva de los chilenos de estos últimos cuarenta años, se la debemos a la dictadura que fue una situación límite para nuestra sociedad en la cual el terrorismo y la criminalización del Estado, ocurrió en una escala nunca antes vivida por los chilenos. Y, la importancia que la memoria ha adquirido en nuestra sociedad ha sido por los enormes crímenes y por el agravio a los valores que nutren a nuestra historia común.

Sin duda que las distintas miradas que se den sobre ese período, difieren mucho ya que se dan desde y entre distintos lugares y experiencias. Pero cada una de ellas, dan luz sobre verdades que se complementan o generan nuevas.

Según lo expuesto en el libro, luego de la muerte de Bautista se hizo cremar el cuerpo para no dejar rastro alguno de él pero, la familia de Patricio Munita alcanzó a recuperar su cadáver, librándolo de la destrucción.

Una de las acciones más dolorosas en nuestra historia reciente, fue la de hacer desaparecer los cadáveres de muchos de los detenidos en los centros de detención que se instalaron en Chile luego del Golpe Militar. Ello, además de tener el objetivo de tratar de destruir la que significaba esa persona para su familia y sus pares tenía, posiblemente, el impedir el rito funerario que permitiría mantener el alma de las personas sujetas en la memoria de los demás.

Lo anterior, porque en todas las edades de la historia de la humanidad, los pueblos han realizado ritos de tal forma que el nacimiento, el matrimonio o la muerte suelen recibir distintas explicaciones. Es así como en la muerte, se considera que el cuerpo es necesario para que la fuerza vital de los seres humanos, tuviera un lugar que habitar tras fallecer la persona.

Presente en toda la cosmogonía prehispánica, la muerte se asume como otra forma de vida, como una dualidad que integra una sola realidad.  Así pues, los rituales funerarios son más que un ritual de despedida y ponen en juego, una serie de símbolos que otorgan elementos de integración al grupo social.

Al no tener el cuerpo, quienes los hicieron desaparecer de alguna manera, pretendían romper con esa integración y borrar la sola posibilidad de existencia de los individuos y la posibilidad de otra vida. Sin embargo, como decía escritor francés Guy de Maupassant “nuestra memoria es un mundo más perfecto que el universo: le devuelve la vida a los que ya no la tienen” y es por ello, que los detenidos desaparecidos no tienen más tumba que la memoria de quienes los recuerdan.

Bautista van Schouwen y otros fallecieron muchos años antes de su verdadero tiempo. Sin embargo, tienen una tumba tan poderosa, que no permite que sus recuerdos desaparezcan ni sean destruidos por nada ni por nadie y que obliga, a lo ciudadanos y al Estado chileno a reparar esa indignidad haciendo justicia.

A más de cuarenta años de la muerte de miles de ciudadanos chilenos, LOM Ediciones reedita un libro que constituye un ejemplo valioso del papel que le corresponde al periodismo como quehacer investigativo, crítico y reflexivo en una sociedad que aspira a construir una democracia fuerte y duradera y sobre todo, a la mantención de su memoria.

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