jueves, 15 de septiembre de 2016

Exposición sobre Alfredo Helsby muestra su obsesión por la luz.



OBSESIONADO POR LA LUZ se titula la exposición de obras de Alfredo Helsby que se presenta en la Casa-Museo Santa Rosa de Apoquindo hasta el 9 de octubre. 

Son veinte obras cuidadosamente escogidas por la Corporación Cultural de Las Condes en las cuales se ve el tratamiento que el autor hace de la luz, sea natural o artificial.

La presente muestra explora en su pintura, con una selección de obras donde la luz juega un rol fundamental. Es que Helsby proviene del mundo de la fotografía, de la luz, puesto que su padre y tíos fueron los que introdujeron la técnica en Chile. Esto, unido al hecho que le tocó vivir la invención de la luz eléctrica, despertó una verdadera obsesión en el autor,  que se manifiesta en forma magistral en sus obras.

Una exposición de gabinete, íntima y acotada, donde el conjunto corresponde a coleccionistas particulares, instituciones y el Museo Nacional de Bellas Artes, y se han seleccionado varias obras ejecutadas en Europa que nunca se han exhibido en Chile.

Alfredo Helsby, nacido en Valparaíso en 1862 y fallecido en Santiago en 1933, es uno de los mayores representantes de la pintura tradicional chilena. Sus inicios artísticos se remontan a un primer contacto con Thomas Somerscales, quien le habría animado a pintar y quien sería su maestro. Recibió enseñanzas de Alfredo Valenzuela Puelma, con quien lo unía una estrecha amistad, y de Juan Francisco González, a quien acompañaba a pintar al aire libre. Paseo Atkinson, Paisaje de Limache muestran esa influencia. 

Al empezar el siglo XX, viajó a Europa, radicándose en París, donde realizó una intensa actividad de difusión del arte chileno, y volvió al país en 1908 en el mismo barco que traía al español Fernando Álvarez de Sotomayor, maestro inspirador de la Generación del Trece. 

También vivió cinco años en Estados Unidos. 

Como pocos de su generación, logró comprender las nuevas tendencias y la necesidad de experimentar con el color y la técnica. Por ello, su obra es única, refinada e inconfundible, con matices cromáticos pocas veces visto. 

Todas las obras expuestas dan cuenta de esta obsesión y de cómo el artista logra captar la esencia de la luz. Es al aire libre donde descubre fenómenos tan maravillosos como la impronta de un arco iris entre los álamos o atmósferas matutinas en medio de las montañas como son las obras Arco iris en los canales de Chiloé, Montañas y Amanecer en la cordillera.

Hacia fines del siglo XIX, llega la luz eléctrica al país, lo que definió una nueva tipología en la imagen urbana. Al igual que al resto de la sociedad, esto sedujo al pintor, quien con la sensibilidad necesaria para transmitir la fascinación que provocaba en la vida de la ciudad, se entregó a pintar escenas que retrataban personas, edificios y costumbres en paseos y vistas citadinas, a la luz de los faroles, tanto en Chile, como en su posterior estadía en Londres en 1906. 

Esta etapa se ve reflejada en los cuadros Iglesia de la Divina Providencia, Atardecer en Valparaíso, Noche de lluvia en Londres, Nocturno en el Támesis y en otras.

La exposición se extenderá hasta el 9 de octubre en la casa museo de Santa Rosa de Apoquindo (Padre Hurtado Sur 1195 / Visviri 1200, Las Condes) de martes a domingo entre las 10:30 horas y las 19:00 horas. 

La entrada es liberada.

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