
Indistintamente, la preparación y la rutina de la cocina
siempre han estado asociadas al rol femenino ya que si cocinan, es porque están
a cargo de alimentar a la familia y es por el medio de la rutina diaria que
recrean y transmiten una idea particular sobre el sabor de la cocina y al
mantenimiento de la tradición de las cocinas.

Los platos chilenos fueron creados a partir de lo que cabía
en la olla, con carencias y casualidades, donde los nuevos y los viejos
ingredientes se mezclaban y bullían en las ollas. Y no hubo necesidad de
numerosos pasos o de varios utensilios o de nombres franceses ni ingredientes
caros para darles forma y menos para transmitirlos a través del tiempo.
Pantrucas, valdivianos y charquicanes, mote con
huesillos, turrón de vino, sopaipillas, empanadas, humitas, pastel del choclo,
cazuela de ave, bistec a lo pobre, caldillo de congrio, sopa de machas, pescado
al horno, carbonada acompañados de un pan recién salido del horno y un vaso de
vino.
La comida de nuestro país, refleja la diversidad de climas,
paisajes ya que es elaborada a base de carnes, aves, pescados, mariscos, frutas
y verduras mostrando los aromas de esta tierra.

En Chile, a mediados del siglo XIX, comenzaron a redactar en
las imprentas las viejas recetas de las monjas y las familias, que se
convertirían en la base de textos que han compilado la gastronomía nacional.
La historia señala que, en la mitad del mismo siglo XIX,
cuando se publicaron los primeros tomos de importantes recetas culinarias,
aparecieron en Santiago y en Valparaíso, varios libros de recetas entre los que
destacó Ciencia gastronómica. Recetas de guisos y potajes para
postres (1851), de Eulogio Martín, y Libro de las familias, publicado
en 1876, publicaciones que contenían manuales de cocina, economía doméstica,
repostería, confitería y dos curiosos manuales de salud y lavandería.
Recientemente y con una auto edición, Agustina Gómez, Doña
Tina publicó las recetas de los platos que sirve en su restaurante ubicado en
los faldeos cordilleranos de la capital chilena.
Todos los días, a las seis y media de la mañana, durante 33
años, doña Tina comienza a hacer el pan amasado que servirán durante las
comidas del día.
Sin saber leer ni escribir pero si sabiendo hacer pan
amasado, empanadas de pino, cazuelas y pastel de choclo, comenzó vendiendo
el pan en la calle y que gracias a su buena mano y esfuerzo logró tener una
posición en la cocina tradicional chilena.
Como les fue bien con el pan, se inició en el negocio y de
un restaurante donde no cabían más de 5 mesas hoy más de 500 personas pueden disfrutar de cazuelas de vacuno o
malayas con los tradicionales postres de Chile.
No solo durante las Fiestas Patrias, sino que durante todo
el año, hay que prepararlas y probarlas, siguiendo los consejos que da con cada
receta para probar comida abundante y rica. Como dicen el campo: de ombligo
parado y hay que puro probarla.
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