domingo, 17 de enero de 2016

Vivir de risa :¿Tiene usted sentido del humor?

A todo el mundo le gusta una buena broma. Nos gusta que nos hagan reír y hacer reír a los demás. Hay que considerar que los médicos nos informan que la risa es buena para nosotros y sin embargo, por qué nos reímos y saber que nos hace reír es difícil de decir.


En su informe final de Seminario para optar al grado de Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica con Mención en Literatura, Camila Hormazábal Meza expresa que “el humor como tal, como se entiende, no siempre se aproxima a los alcances que realmente tiene. Sucede que más allá del sentido cómico, el humor refleja contradicciones, situaciones absurdas o bien irónicas. Por ello, la razón por la cual este tema reviste interés  guarda relación con la necesidad de develar ese sentido paradójico dentro, en este caso, de una obra que muestra una realidad plagada de contradicciones, de equívocos, y situaciones cómicas, pero que sin embargo tienen un objetivo que va más allá de la risa”.

Comúnmente, creemos que lo cómico,  la risa y el humor se remiten a aquello que nos hace reír pero, en realidad el tema es más complejo.

Según autores, lo que nos haría reír es la incongruencia en el actuar de las personas que tienen, una propensión al ridículo y al fracaso cuyo resultado sería una especie de revancha contra el orden establecido y el aprendizaje que de él hemos hecho pasando y al advertir la equivocación, se pasaría de la angustia a la risa.

Para el filósofo Hongre, hay categorías que harían que una situación sea cómica como serían lo cómico de los gestos, la comicidad de las palabras, la situación, lo cómico de las costumbres, lo cómico del personaje y la comicidad de lo irreal.

Ahora bien, hay un tipo de humor que se vale de las situaciones disparatadas o incoherentes para hacer reír al público y su comicidad está basada en la irracionalidad. Otras veces, aquello que nos hace reír están llenas de una violencia sin sentido y cuyos argumentos, diálogos y situaciones están muchas veces fuera de toda lógica.

Hace un tiempo, Lom Ediciones publicó el libro de Alphonse Allais “Vivir de risa” traducido por Eduardo Berti

Poeta, cuentista y periodista, Alphonse Allais nació el 20 de octubre de 1854 en Honfleur, al norte de Francia, y, según su hermana Jeanne, no dijo una sola palabra hasta cumplir los tres años de edad: «La gente se preguntaba si no era mudo». Pero lejos de tener dificultades con las palabras, se estima que —sumando cuentos, crónicas y viñetas— Allais dio a conocer unos mil quinientos textos entre 1875 y 1905 año de su muerte.

Pocos escritores exhibieron el sentido del absurdo y del humor que poseía Alphonse Allais. Según Eduardo Berti “el humor que cultiva, aunque de apariencia ligera, esconde a menudo una mirada sarcástica, crítica y aún negra. No son pocos los relatos en los que alude a la muerte o a cierta obsesión por las prácticas funerarias: en "Un testamento" un hombre pide ser "hervido" ("en una inmensa caldera con agua") en vez de enterrado o cremado; en "Una idea luminosa", un inventor explica el principio de su innovadora "inaereación" que "por medio de la evaporación" les quita toda el agua a los cadáveres.

Muchos de ellos hacen reír no tanto por sus situaciones como por sus digresiones, los comentarios que desgrana y algunas máximas dignas de Groucho Marx: «No dejes para mañana lo que puedes hacer pasado mañana», «El hombre está lleno de imperfecciones, cosa que no resulta sorprendente si se piensa en qué época lo hicieron», «El café es la bebida que hace dormir cuando no se la bebe» o «La mujer es la obra maestra de Dios, sobre todo cuando tiene el diablo en el cuerpo»”.

El 28 de octubre de 1905, víctima de una embolia pulmonar, Allais desoyó los consejos médicos y murió súbitamente, tras haberle dicho a un amigo a la salida de un café: «Así como me ves, mañana estaré muerto».

Poeta y al mismo tiempo humorista, Alphonse Allais cultivó principalmente el poema homonimio, que se constituye enteramente de palabras homófonas.

En el universo narrativo de Alphonse Allais, todo el mundo es bueno, porque todos forman parte de la vida. De hecho, asesinos y santos reciben el mismo tratamiento desprovisto de dramatismo y por tanto divertido. El discurso de Allais no es valorativo, ni crítico y menos aún moralista. Es una mirada irónica y distante hacia un mundo en el que son posibles todas las soluciones y lo son, porque ya no quedan problemas serios que plantear.

Lo primero que sorprende en un relato de Allais es como una simple afirmación anti-lógica, anti-sentido común toma visos de credibilidad cuando su maestría narrativa la envuelve. Una palabra o un leit motiv  genial repetido a lo largo del relato son suficientes para esbozar la sonrisa del lector y de paso alterar nuestro rutinario sistema de percepción neuronal.

En un estilo conciso, sintético, minimalista, pero de fácil lectura, todos los relatos de Allais ofrecen algo diferente donde, el  más intrascendente suceso cotidiano, las andanzas de cafetín de sus más significativos héroes adquieren una dimensión imprevisible y sorprendente en la imaginación de este gran escritor, único en su género.

Alphonse Allais fue por delante de sus contemporáneos e inauguró movimientos y tendencias. Su mayor arma, el humor brutal y cruel de sus obras, en las que cargó contra todo y se burló de todo.

Bienvenidos a la risa trágica de Alphonse Allais.

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