"Me situé en una especie de mundo
paralelo, donde Bram Stoker, en lugar de conocer la historia de Vlad III y de
Erzsébet Báthory para escribir Drácula, hubiese conocido la historia de la Quintrala,
construyendo a partir de esta figura histórica su obra más conocida".
Así explica Francisco Ortega el
origen de Catrala, su más reciente publicación. En esta novela de
horror histórico, el autor de Logia propone un retelling del clásico
irlandés anclado en la historia, el folclor y la mitología chilena.
Sinopsis
La historia de la Quintrala como nunca
antes fue contada. Noviembre de 1647, en las calles de un Santiago de Chile
reducido a escombros tras el gran terremoto de mayo, Catalina de los Ríos y
Lisperguer vive un aterrador milagro que la transformará para siempre.
Casi tres siglos después, en 1917, Guillermina
Musso, joven abogada de Buenos Aires, llega a Chile para cerrar un negocio
inmobiliario con la misteriosa señora que regenta el valle maldito del Piguchén.
A través de diarios y cartas, los
personajes de esta obra hilan un relato que funde la historia patrimonial con
los mitos que la rodean, como un viaje literario que abarca desde la colonia
hasta la modernidad. Francisco Ortega reinterpreta la clásica novela de Bram
Stoker para transportarnos a un Chile genuinamente gótico, cargado de leyendas,
de seres que habitan nuestra idiosincrasia y la de todo el mundo.
¿Por qué leer este libro?
Esta novela es un retelling original y
ambicioso de Drácula, pero con identidad propia y profundamente chilena, que
combina terror, fantasía, historia y mitología local en una sola experiencia de
lectura.
La
gran virtud de Catrala está en que no se limita a reciclar la figura de la
Quintrala, sino que la devuelve a un terreno de peligro, ambigüedad y
fascinación. Francisco Ortega toma un personaje que en la cultura chilena suele
aparecer atrapado entre la anécdota histórica, el morbo y la caricatura, y lo
convierte en una presencia literaria viva, capaz de producir miedo, deseo y
extrañeza.
Esta no es una novela que necesite apoyarse en
castillos europeos, cementerios victorianos o fórmulas importadas para
construir atmósfera. Su fuerza nace precisamente de lo contrario: de la
hacienda, de la cordillera, de la ruina colonial, de la religiosidad agrietada,
de los pueblos donde todavía circulan advertencias en voz baja. En un momento
en que muchos lectores buscan relatos con identidad y con raíz, Catrala ofrece
un horror local, reconocible y, por eso mismo, más perturbador.
Ortega no convierte a Catrala en un
personaje ejemplar ni reivindicativo, pero sí la sitúa en una zona donde el
poder femenino deja de ser cómodo. Eso le da una resonancia contemporánea muy
clara.
El
libro no usa el erotismo como simple capa decorativa. El deseo aparece ligado a
la dominación, a la vulnerabilidad y a la pérdida de control. En ese sentido,
Catrala se inscribe en una tradición del horror donde el cuerpo no solo sufre,
sino que también responde, titubea, cede, se confunde.
Guillermina Musso no es una heroína pasiva
ni una figura ornamental. Es una mujer joven, profesional, viajera, formada,
acostumbrada a pensar desde la razón y a moverse en el mundo del trabajo. Que
sea justamente ella quien entre en contacto con La Encantada y con Catrala
logra que el choque entre modernidad y fuerzas arcaicas no se plantee en
abstracto, sino encarnado en un personaje que representa un nuevo tiempo y
descubre que ese nuevo tiempo no alcanza para contener lo antiguo.
Novela histórica, gótico
latinoamericano, relato de vampiros, crónica del encierro y tragedia romántica:
en Catrala confluyen diversos géneros.
Francisco Ortega lleva años trabajando en
la intersección entre historia, cultura popular, mito y ficción de género, y
Catrala parece condensar de forma especialmente clara esa búsqueda.
El libro no da la impresión de ser una
ocurrencia aislada, sino una pieza cuidadosamente pensada dentro de un universo
narrativo mayor. Para los lectores que ya siguen su obra, eso le añade interés.
Para quienes llegan por primera vez, funciona como una excelente puerta de
entrada.
Si
bien Catrala puede leerse como un relato clásico de vampiros, la aproximación
al mito se hace desde una identidad profundamente chilena. Lo sobrenatural está
basado en el bestiario tradicional del folclor de la zona de Aconcagua, usando
la mitología picunche en lugar de arquetipos clásicos de Europa. Esto se
grafica además en la importancia del Cristo de Mayo para el desarrollo de la
historia.
Catrala no solo dialoga con Drácula, sino
con otra obra fundamental del gótico, que es el Frankenstein de Mary Shelley, a
través de fragmentos y episodios que igualan a la creatura de Shelley con el
Imbunche de la mitología chilota.
Temas que aborda la novela
El poder femenino y su conversión en
amenaza Uno de los grandes ejes del libro es la forma en que una mujer poderosa
se vuelve objeto de temor, deseo, calumnia y leyenda. Catrala habla de su
estirpe, de su posición, de su relación con el poder y de la manera en que los
hombres, pero también otras mujeres, construyen relatos sobre quienes desbordan
el lugar que se espera de ellas.
Catrala es, en efecto, una figura
aterradora, pero la novela también deja ver que su monstruosidad se inscribe en
una historia de violencia, deseo de control y demonización de lo femenino. La
encarna, por supuesto, la propia Catrala, pero también Guillermina cuando
comienza a percibir que detrás de la leyenda hay una disputa por el sentido
mismo del poder.
El deseo como herramienta de dominación El
deseo atraviesa el libro de forma frontal y compleja. No aparece como una
emoción romántica ni como un simple impulso erótico, sino como una fuerza capaz
de desorganizar la voluntad.
Guillermina se ve sometida a una
experiencia donde la atracción y el espanto conviven. Hay escenas decisivas en
ese sentido, como aquella en que Catrala se aproxima a ella frente al espejo y
la protagonista percibe que algo en su cuerpo responde incluso antes de que su
conciencia logre comprender el peligro.
Más adelante, la noche en que es conducida
por la casa hasta el cuarto donde aparecen los tres jóvenes y el episodio
derivado de ese encuentro llevan ese conflicto al extremo: el deseo se vuelve
vía de acceso al sometimiento.
Este tema lo encarnan sobre todo
Guillermina y Catrala, pero también las figuras masculinas espectrales que
funcionan como prolongación de una sexualidad pervertida, ritual y depredadora.
La fe, lo sagrado y los fenómenos inexplicables La religiosidad está en el
corazón mismo de la novela, pero no en un sentido tranquilizador.
El Cristo de la Agonía, la procesión, la
capilla, los crucifijos, las estampitas, las oraciones y las imágenes sagradas
aparecen, una y otra vez, en un mundo donde lo religioso ya no garantiza
amparo. De hecho, el Cristo ocupa un lugar ambiguo y perturbador: es figura de
milagro, de protección, de pacto, de furia y de condena.
La escena inaugural de 1647, cuando
Catalina relata el terremoto, la peste y el episodio en la iglesia de los
agustinos, establece muy bien este conflicto: lo sagrado no se presenta como
algo luminoso, sino como algo cargado de amenaza y misterio.
Sobre el autor
Francisco Ortega (Victoria, 1974) es
escritor y guionista. Ejerció como periodista en diversos medios hasta 2013 y
desde entonces se ha dedicado a la escritura de manera profesional. Es autor de
las novelas Salisbury (2011), Trilogía de los
Césares (2014-16), El cáliz secreto (2019), Próximos
días (2021) y Bahamut (2023); de las sagas
infantiles Max Urdemales (2015-20) y Aventuras
en… (2023-26), con arte de Gonzalo Martínez.
Es cocreador de las novelas
gráficas 1899 y 1959 (2011-18), junto a
Nelson Dániel), Mocha Dick y Alex Nemo (2012-18, junto
a Gonzalo Martínez), Los fantasmas de Pinochet y Dioses y
monstruos del fin del mundo (2021-24 junto a Félix Vega). Escribió además
los libros de no ficción Geografía mágica de
Chile (2018-25), Chile Bizarro (2021) junto a Juan Andrés
Salfate, Colección Brujas, Alienígenas y Enigmas (2020-23). Trabaja
en desarrollo de proyectos de series para varias plataformas y desde hace seis
años conduce y realiza el pódcast La ruta secreta para la plataforma
Emisor Podcasting.

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