lunes, 4 de septiembre de 2017

Presentan libro testimonial sobre el 11 de septiembre



El libro “Mi 11 de septiembre”, publicado por Editorial Occidente, que reúne el testimonio de 24 periodistas que vivieron ese día y que marco la historia de Chile, será presentado el próximo miércoles 6 de septiembre.

La iniciativa partió de un grupo de periodistas que desde el año pasado se reúnen mensualmente en una tertulia autodenominada como la “mesa de don Camilo” (por Camilo Henríquez, el padre del periodismo chileno). 

Desde ese lugar, partió un libro donde cada uno relató lo que vivió el 11 de septiembre de 1973.  A pesar de que ya han transcurrido 43 años, aún hay aspectos que no se conocen, historias que no se han contado.
Leonardo Cáceres, editor de este libro, escribió en la introducción que “este libro se refiere al 11 chileno, el que abrió una herida tan profunda en la historia personal, familiar y nacional de los 10 millones de habitantes de la época, que no es posible borrarla fácilmente.

“La verdad es necesaria para superar los traumas, ya sea en una familia y, con mayor razón, en un país. Esta es la justificación central de este libro. Sin embargo, la verdad la buscamos entre todos y este camino es subjetivo. Por ello, los testimonios que siguen a continuación son absolutamente personales. Cada uno de los periodistas que aceptaron plasmar su vivencia para este libro relata lo ocurrido desde la intimidad de un drama que desembocó en tragedia”, agrega Cáceres. 

Cuando uno de los comensales, el periodista Sergio Campos, publicó en 2016 un libro con sus “memorias”, que incluía las peripecias que vivió el 11 de septiembre de 1973, tuvo una respuesta casi inmediata en otro de los miembros de la mesa, Erasmo López, quien pese a que se encontraba en ese momento en Europa en un viaje familiar, envió a todos un apresurado relato de su propia vivencia de ese día. 
 
“Al siguiente encuentro conversamos sobre el tema y alguien sugirió que todos hiciéramos lo mismo”. Así nació la idea del libro que se titula simplemente “Mi 11 de septiembre”, comentó el editor. 

En el prólogo, la Presidenta Michelle Bachelet señala que este libro “conmueve, porque más allá de cualquier consideración partidista o ideológica, encontramos aquí la vivencia humana de chilenos y chilenas, muchos de ellos muy jóvenes, que nos cuentan qué hicieron ese día, sin dramatizar, sin adjetivar siquiera.
“Y son, sin embargo, testimonios dramáticos, en que aparece la sombra ominosa de nuestra democracia demolida hasta los cimientos, la violencia que se desataba sobre la patria, la afrenta, la traición y la cobardía; pero encontramos también la solidaridad elemental de los anónimos, el sentido del humor que nos rescata aún en los peores momentos, la música, la belleza incluso en medio de las lágrimas”.

Al concluir, la Presidenta expresó que “saber que nada ni nadie está olvidado, como nos demuestra este libro con sus recuerdos llenos de emoción y ternura, es reconfortante y nos ayuda a seguir en el camino de la verdad, la justicia y la reparación”.

En un comienzo, los que darían su testimonio serían 14 periodistas. Sin embargo, se acordó que los testimonios se ampliaran a otras personas que también vivieron el Once. Así, fueron incorporadas mujeres periodistas, a profesionales de diferentes regiones y a otros que viven fuera de Chile. 

Víctor Hugo de la Fuente, director en Chile de Le Monde Diplomatique, era en 1973 un muy joven militante del Partido Comunista Revolucionario; Verónica Ahumada estuvo hasta el fin en La Moneda, junto al Presidente Allende; el jefe de prensa de radio Corporación era Miguel Ángel San Martín, y otros periodistas cumplían la misma función en Radio Magallanes (Leonardo Cáceres); en radio Sargento Candelaria (Jorge Andrés Richards); en radio Nacional (Gladys Díaz). Así, al repasar los testimonios, se recoge una valiosa experiencia de profesionales de los medios de comunicación.

Miguel A. San Martín relata que le sugirió al Presidente que un “numeroso” grupo de periodistas y técnicos que estaban en Radio Corporación (situada entonces en calle Morandé, frente a La Moneda, podrían ir “a defender” el Palacio de Gobierno. 

La respuesta del presidente Allende fue categórica: “Mire joven, ¿sabe usted cuántos caerían si hacemos un pasillo armado para que ustedes crucen la calle? Un sólo caído sería demasiado precio. No. Ustedes son jóvenes. Ahora deben ponerse a salvo, no sacrificarse ni dejarse avasallar. Ustedes deben contar al mundo lo que está sucediendo aquí”.

Otros vivían peripecias distintas. Gladys Díaz caminaba por el barrio Bellavista buscando un refugio cuya dirección había olvidado, hasta que llegó a una casa que le pareció conocida. “Tenía la bandera chilena izada. ¿No me estaría equivocando y era la casa de unos momios? Uno se arriesga cuando no tiene alternativa. Golpeé fuertemente y nada. Silencio total. 

Seguí golpeando, cada vez más fuerte. Busqué una piedra en la vereda e insistí. A los 15 minutos de este intento, que me parecieron horas, sentí pasos hacia la puerta y una voz que tendí a reconocer, preguntaba: “¿Quién es?”. “Yo, Gladys Díaz”. La puerta se abrió y me abracé con Patricio Manns, con quien hasta la víspera trabajábamos en la Radio Nacional, del MIR”.

Angélica Beas, ex esposa del periodista Carlos Jorquera, recuerda que en su casa, donde permaneció junto a su madre y sus dos hijas, “decidimos turnarnos para escuchar las noticias”. Mi madre “se las llevaba (a las niñas) al jardín trasero a jugar un rato, mientras yo escuchaba horrorizada y perpleja cada uno de los bandos militares que se emitían por la radio, verdaderos llamados al odio, llenos de ultimátum, que me recordaban las películas del nazismo. Oía esas voces, esos dictados marciales, con la incredulidad inocente de quien se resiste a aceptar que lo que hasta entonces parecía imposible se estaba convirtiendo en realidad, en nuestra realidad.

En algún momento de la mañana, Carlos (Jorquera) volvió a llamar. Con mucha serenidad me ratificó que acompañaría al Presidente hasta el final y me pidió hablar con las niñas. Quería despedirse. Cada minuto que pasaba se hacía más inminente la amenaza del bombardeo a La Moneda, y no tendría otra oportunidad de explicarles por qué había decidido quedarse junto a Allende. Hablaron y se despidieron. Ellas no hicieron preguntas después, como si en esa conversación de despedida hubieran entendido que su padre estaba donde tenía que estar”.

Así, cada testimonio contiene una parte de la verdad de ese día que marcó la vida de todos y de cada uno de los periodistas que escribieron su testimonio y de todos los chilenos. Por eso, no hay que olvidar lo ocurrido.

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